La mujer fea en la narrativa de Benito Pérez de Galdós y Taha Husayn. Modelo de mujer en  Marianela y El árbol de la miseria

Hayam Farrag, Facultad de Letras. Universidad de Helwan

Leer Marianela (1878) de Benito Pérez de Galdós y El árbol de la miseria (1954) de Taha Husayn es encontrarse ante dos autores que optan por valerse del mismo modelo de mujer para defender sus tesis.[1] Unen a las dos obras algunas similitudes pese a que pertenecen a diferentes contextos culturales. Primero, los dos textos comparten el mismo marco histórico que es la España de finales del siglo XIX, y el Egipto de finales del siglo XIX e inicios del siglo XX.  Segundo, Marianela y El árbol de la miseria son similares en la estructura, no son novelas extensas, y se dividen en capítulos: la de Galdós en 22 capítulos, y la de Taha Husayn en 26 capítulos. Tercero, la historia en los dos libros está narrada desde el punto de vista de un narrador en tercera persona del singular que intenta involucrar al lector y hacerle partícipe, o manejarle, o influir sobre él mediante frases como “Lo que hablaron ¿merecerá capítulo aparte? Por si acaso, se lo daremos” (Marianela, p. 665), o “…resultando un discurso que si se escribiera habría de ser curioso…” (p. 743). En la obra de Husayn leemos: “Nosotros evaluamos las fechas y los hechos como podemos, o al menos tales y como aparecen en nuestra inteligencia o en nuestra imaginación” (p. 157).

 El narrador, en ambas novelas, decide por el lector, decide lo que debe saber el lector y lo que no, a modo de poner un ejemplo sirve este: “Florentina volvió. Hablaron algo más; pero después de lo que hemos escrito, nada de cuánto dijeron es digno de ser transmitido al lector” (p. 755). De igual modo encontramos las frases siguientes en la obra de Taha Husayn: “la familia sufrió la muerte de los dos jóvenes en circunstancias que sería inútil exponer” (p. 20), y en otro sitio dice “no tenemos necesidad de detallarla ni siquiera de pararnos en algunos episodios” (p. 145). Es un narrador que ordena la narración de los sucesos a su antojo: “Retrocedamos algunos días” (Marianela, p. 785), o “Penetremos en su pensamiento. Pero antes conviene hacer algo de la historia” (Marianela, p. 739). En el libro de Husayn leemos: “Antes de proseguir con este diálogo, es necesario dar a conocer  a quiénes así conversaban” (p. 18), o “Hemos abandonado a Jaled para hablar de su padre” (p. 63). A veces el narrador pone frases que revelan la identificación de narrador/autor: “Que el lector me crea o no, he seguido muy de cerca y con atención sostenido la transformación de esta familia, he sido testigo del encadenamiento de las crisis y de los éxitos, y podría escribir sobre esto una obra de varios tomos. Sería, por otra parte, decir con exactitud que mi documentación no concierne a esta familia solamente; ha sido la historia de numerosas familias egipcias a finales de este siglo y principios del vigésimo” (El árbol de la miseria, p. 158).

En otras ocasiones es un narrador que muestra duda o ignorancia de cierto dato: “No sé si encontró la ocasión…” (El árbol de la miseria, p. 121), “y decimos aquel día porque no sabemos qué día era: sólo sabemos que era un día” (Marianela, p. 793).

Ahora bien, frente al narrador que no conoce muchas cosas en la obra de Husayn, sobre todo, lo que pasa por la mente de sus personajes, (Por eso, el libro de Taha Husayn carece de la densidad y la profundidad que son frutos de la indagación en el psique de los personajes) tenemos a un narrador omnisciente en la novela de Galdós porque no sólo describe desde una focalización exterior a los personajes como quien observa objetivamente, sino también desde la intimidad de éstos. Sirve de ejemplo el monólogo interior de la Nela (capítulo, XIII).

El destino de la Nela se evoluciona de una forma distinta al del de Nafisa, la mujer de El arbol: la Nela muere tan joven, mientras Nafisa se casa y tiene dos hijas, lleva una vida mísera y aislada hasta su muerte. De aquí, se justifica el tiempo corto durante el que se desarrollan las acciones en el libro de Galdós: la obra íntegramente transcurre en unos dos meses. Externamente nos podemos dar cuenta de que el relato fue alrededor del año 1860 porque eso es lo que pone en la lápida de la tumba de la Nela. Todo transcurre entre los meses de septiembre y octubre de ese mismo año. Mientras los sucesos del libro de Husayn transcurren a lo largo de décadas ya que es una novela de generaciones.

Un pueblo minero, en el norte de España, es donde acaecen los sucesos del libro de Galdós, el pueblo y la ciudad son dos escenas que atestiguan los acontecimientos de El árbol sin destacar la diferencia entre un lugar u otro ya que la diferencia era poca en aquel tiempo. Por ejemplo, tanto el padre de Jaled que vive en un pueblo del sur como el de Nafisa que vive en El Cairo son comerciantes que pierden la ventaja de este oficio después de la aparición de las tiendas modernas. Y cuando trabaja Jaled de funcionario se traslada a una ciudad de provincias y luego a un pueblo.

Cuarto, ambas novelas son el espejo de sus respectivas sociedades dentro de la coyuntura histórica que las enmarca. Las dos novelas son de fondo realista, muestran costumbres reales y revelan problemas de orden moral, social y político (en la de Taha Husayn en el capítulo XVI critica la situación de la mujer, y en el XVII habla de la situación precaria de los empleados, y en el último capítulo, el XXVI,  habla de “los celos y la envidia” de los seres humanos y, de las tendencias perversas del hombre. En el capítulo IX de la novela de Galdós, en el diálogo que mantienen Teodoro y Sofía se anuncian los males de la sociedad, y en el capítulo IV habla de la naturaleza de la familia de Centeno que acoge a la Nela. Por último, a lo largo del discurso vienen frases intercaladas pronunciadas por Teodoro Golfín que demuestran muchas injusticias).

En Marianela el nombre de la protagonista de la obra es el que da título a la novela. Se llama María y su madre se llama María Canela, ella se llama María Nela, la hija de la Canela. La madre se suicidó cuando ella era apenas un bebé. La obra trata de la vida de la Nela, una adolescente de rasgos fisonómicos feos y un cuerpo infantil que no acorde a su edad, la acoge una familia apática en su casa. La chica sirve de lazarillo a un joven ciego que se llama Pablo. Los ratos alegres de la chica eran aquellos en los cuales salía a pasear con Pablo. Ambos mantenían conversaciones largas y entretenidas, contándose los miedos, las creencias y los sueños. Pablo se enamora de la Nela, se le declara e incluso le pide matrimonio. Un día, se le presenta al joven ciego la posibilidad de ver mediante una intervención quirúrgica.

Por aquel entonces apareció Florentina – una muchacha de belleza extraordinaria y prima de Pablo- de la que se enamoró Pablo nada más verla al recuperar la vista. Estas circunstancias hizo que la Nela sintiese ganas de desaparecer y no presentarse nunca ante él, ya que presentía que iba a ser rechazada. De hecho así fue. El día que fue llevada a la fuerza a la casa de Pablo que no la reconoció y hasta sintió lastima por aquella vagabunda que recostada en el sofá. La novela termina con la muerte de la muchacha.

 El árbol de la miseria narra la historia de Jaled, un joven devoto, que contrae matrimonio por conveniencia con Nafisa, una chica de aspecto poco agraciado. Tanto Jaled como Nafisa son hijos únicos, se casan para unir la fortuna de sus padres. Al principio, Jaled no ve la fealdad de su mujer con la que tuvo su primera hija Samiha. La niña resultó tan bella, cosa que abrió los ojos a Jaled al comparar la niña con la madre. En ese momento Jaled empezó a reírse de la fealdad de su mujer, Nafisa se deprimió y se volvió histérica. Por aquel entonces, Nafisa estaba embarazada y dio a luz a Gulnar, una niña fea, idéntica a ella. Nafisa no se mejoró y Jaled la divorció. Jaled volvió a casarse con Mona que le dio muchos hijos varones y luego hijas. Nafisa y sus hijas vivieron en la casa de Jaled. Se casó Samiha muy joven y quedó Gulnar, la hija fea, haciendo todas las labores de la casa hasta que murió su padre. La novela termina con la escena de mujeres viudas o repudiadas que son las hijas de Jaled, al final, mujeres destinadas a la soledad.

Clasificar a Marianela– una de las novelas de la primera etapa de la producción de Galdós, del periodo abstracto de su obra- como novela de tesis aclara el porqué de elegir el modelo de la mujer fea. Antes de adentrar de hondo en este asunto me atrevería a incluir El árbol de la miseria de Taha Husayn bajo la misma clasificación.[2] Ya que son esas novelas cuya historia es subordinada a una teoría, o una idea que quiere defender el autor. Ambos escritores se sirven del modelo de la mujer fea para acercar al concepto de la belleza absoluta que según ambos autores, como veremos, es vivir en una sociedad progresiva donde desaparecerán la ignorancia, las supersticiones, la injusticia y serán sustituidas por la educación, el progreso, la justicia, es decir, vivir en una sociedad que carece de fealdad es encontrarse con la belleza.

Quién sigue la biografía de ambos novelistas- Benito Pérez de Galdós (1843-1920) y, Taha Husayn (1889- 1973) – en la que por razones de espacio no adentramos-puede ver que se preocupan por sus respectivos países. Basta acordarse de que Husayn fue nombrado ministero de educación, y uno de sus libros más importantes se titula El futuro de la cultura en Egipto (1938) en el que se centra en la importancia de la educación como herramienta imprescindible para el progreso del país. «Educación y enseñanza para todos» es uno de sus lemas inmortales. Para Galdós el hombre positivista, progresista y librepensador es el modelo por excelencia que procura instalarlo en la sociedad. Los dos sueñan con un país mejor. Tanto el uno como el otro fue un liberal progresista, de mentalidad abierta y tolerante. Ambos contribuyeron en la Academia de la lengua en sus respectivos países: Galdós fue elegido miembro, y Husayn fue jefe de la Academia.

Aquí asoman algunas preguntas sobre si se crea la belleza, si se imagina, si se varía, o si se adquiere? ¿Qué es una mujer? ¿Por qué sirve la mujer para encarnar el modelo de la belleza?

Las novelas analizadas ofrecen respuestas para estas preguntas.

A la luz de las teorías feministas francesas y la filosofía examinamos la tesis de ambos escritores sobre el concepto de la mujer y el de la belleza y qué vínculo tiene con las etapas de la evolución del conocimiento de la humanidad.

Partiendo de una concepción platónica de la mujer, Martinelli critica dentro de los parámetros de las razones filosóficas la presunta inferioridad ontológica de la  mujer.[3] No olvidemos que Platón y Aristóteles hablaron de la inferioridad física y metafísica de la mujer. Pero Platón ve que si a la mujer le presenta la ocasión de recibir educación llegará a altos grados como el hombre.

Empecemos por la pregunta ¿Qué es la mujer? La mujer es el otro, así señala Simone de Beauvoir- no en vano entonces que da a una de sus obras más importantes el título: El segundo sexo[4] mientras Luce Irigaray interpreta la identidad de la mujer que según la cultura machista es como “el otro” del hombre, la imagen negativa reflejada del hombre, y por percibirla así, entonces la fealdad es una mujer, y no un hombre, y como la sociedad es patriarcal, cosa por la cual la lógica especular machista depende de los ojos y de lo que se ve obviamente.[5] Por lo tanto Irigaray procura defender la idea de que la mujer es un ser “múltiple, descentrado e indefinible”.[6]

La teoría feminista asegura que la mujer se ve en el espejo en el segundo plano después del hombre.[7]

Como señalaremos en su sitio el pensamiento de Galdós extrae sus metáforas del ambiente helénico en el que encubo platón su idealismo.

Para ambos escritores la fealdad de la mujer es la encarnación de la fealdad de la sociedad. Tanto la sociedad egipcia como la española es una sociedad deforme, cruel, no se apiada de los débiles. Entonces, para ellos, la crueldad y la ignorancia son fealdad. Nuestros autores reivindican el derecho de cualquier ser humano al acceso a la educación, así que se indignan por el comportamiento de la humanidad que no el conocimiento ni el progreso logran a suavizar su actitud cruel hacia otros seres frágiles. De ahí vemos el interés que dedica cada autor a la mujer en su obra.  

Cabe mencionar que Galdós dedica espacio e interés a la mujer, las mujeres en otros autores como en Cervantes no salen del “puesto genérico, sin individualidad”.[8]  No en vano entonces que muchas novelas llevan un nombre femenino: así encontramos títulos de novelas como Gloria, Tristana, Marianela, Fortunata y Jacineta, Doña Perfecta, también son mujeres los protagonistas de Misericordia, La de Bringas

María Zambrano señala que la mujer antes de Galdós o ha sido algo en sueños, algo irreal, y cuando salió en el Romanticismo carecía de individualidad, sirve como el ángel que actúa en una esfera pura, lejana y guardián de la individualidad de los hombres. Pero en la obra de Galdós las mujeres son “múltiples y diversas, las mujeres reales y distintas”.[9]

Taha Husein defiende a la mujer en el capítulo XVI de su libro, nuestro objeto de estudio. Ya vienen en boca de Zubaida, la mujer de Selim, un primo de Jaled, muchas acusaciones contra los hombres. Zubaida está furiosa por la misoginia de Jaled y de Selim y se burla de los dos hombres. Ella considera que tanto el divorcio como la poligamia es un gran castigo para cualquier mujer, y está indignada por el trato que recibe Nafisa a manos de su esposo, y ve que ésta no es la responsable de su locura ni de su fealdad. Zubaida es una mujer con ideas muy progresistas, así que prefiere ser repudiada antes que vivir con un rival, y si cae enferma prefiere que su esposo no la retenga aislada en casa sino devolverla a los suyos.

En la obra de Taha Husayn se plantea el tema de las injusticias cometidas contra las mujeres, entre otras, educar a los varones, pagar mucho para que los hijos vayan al colegio y negarlo a las hijas. Va en esta misma línea el sentimiento del rencor que invade a Gulnar al escuchar a su padre decir que ha preparado bien a sus hijos, y con hijos se refiere a los varones sin tener en cuenta que no dejó nada para las hijas.

Por otra parte, la novela revela la prepotencia de los hombres de aquella época, en la que era fácil encontrar cualquier pretexto para que uno repudie a una de sus esposas, o no se ocupe de sus hijos por falsas excusas como el gran número de los hijos y la rivalidad entre sus madres.

Masoud, el padre de la segunda esposa de Jaled, es el único personaje masculino positivo de la obra. Este hombre tiene ideas progresistas sobre la independencia económica de las mujeres, así que construye una residencia para cada una de sus hijas a fin de que no se sienta extranjera en casa de su marido, y no dependerá de su esposo ni será mantenida por la familia del esposo en caso de repudio o de caer enferma.

Ahora bien, las protagonistas como madres, esposas e hijas, sujetas a  unas claves ideológicas conservadoras del carácter patriarcal. En El árbol de la miseria leemos una frase que resume la ideología patriarcal de aquel tiempo: “las mujeres están en este mundo para obedecer a los esposos y doblegarse al destino” (p. 128). Y frases como cuando una joven no es guapa lo mejor para ella es saber trabajar y dirigir una casa. De igual modo, en boca de la Nela vienen estas frases: “Madre de Dios, y mía, ¿Por qué no me hiciste hermosa? …¿Para qué estoy yo en el mundo?¿ Para qué sirvo?” (p. 741). El padre de Florentina guarda las apariencias y así se dirige a su hija: “No te he dicho que eso es propio de los chicuelos holgazanes del campo que de una señorita criada en la buena sociedad?” (p.747), y en otro sitio dice: “mucha formalidad, hija mía. Las señoritas criadas entre la buena sociedad no hacen eso” (p. 748).

También es de mayor importancia guardar las diferencias entre los géneros, un hombre debe estar fuerte, decidido, impasible y la ternura es una cosa de mujeres, por eso, cuando se refiere a la reacción del matrimonio Jaled y Mona frente al estado de Nafisa – ya que Jaled empezó a llorar y Mona tan decidida, acepta a recibir a Nafisa- Selim se expresa de este modo: “un hombre blanducho como una mujer, una mujer con un temperamento de hombre” (p. 132).

Por otra parte, se debe guardar el papel asignado a cada género, el libro de Husayn subraya  esa diferencia. Ante los ojos de la madre: la niña no trabaja fuera de casa, ni va a la escuela, de pequeña es de su madre, de adolescente es amiga de la madre, y más tarde es hermana. Y ante los ojos del padre no es la preferida: Jaled prefiere a los hijos varones, menosprecia a las niñas o las muestra frialdad. Pero, esto no quiere decir que las maltrata.

En la obra de Galdós se leen estas frases: dice Celipín “las mujeres no necesitan tantas sabidurías como nosotros los señores médicos” (p. 769). Y en otro sitio se lee: “no es propio de una joven discreta apreciar tanto la hermosura exterior. Tienes un amor propio excesivo, mujer” (p. 779).

La actitud general rechaza, castiga y hasta niega el derecho de vivir a las mujeres feas, o simplemente, no hermosas. En Marianela Sofía repite la idea de que unos personajes como la Nela no debían haber nacido, lo mismo dicen sobre Nafisa. La actitud de Sofía revela una fealdad más bien de la sociedad: la hipocrecía: “las clases acomodadas utilizan la caridad para su distracción y regocijo sin preocuparse realmente por las personas a las que creen ayudar”.[10] Sofía organiza fiestas a las que acude la gente aristocrática con fines benéficos, paga dinero para comparar un perro y no piensa comprarle a la Nela unas zapatillas ni darle cariño o un trato delicado.

 En un intento de trazar los criterios de la belleza visual, nuestros escritores recurren a la antonomia de la belleza y de la fealdad, así que detallan el aspecto físico de sus protagonistas. En la obra de Galdós se insiste en el aspecto disminuido de la Nela que está atrasada en el desarrollo físico: “era como una niña, de estatura muy pequeña y talle delgadísimo”. A pesar de todo “su cabeza remataba con cierta gallardía el miserable cuerpecillo” (p. 666). La fealdad física de la mujer de la obra de Husayn viene sólo en términos generales como: Nafisa ante los ojos de su padre es una mujer “de tan mala condición, tan mal aspecto, con una cara tan desagradable” (p. 18), y el narrador dice “Dios la había dotado de un aspecto desagradable, de un físico feo y de una falta de gracia que parecía reflejar la suma de imperfecciones…” (p. 19).

Partiendo de la idea de la inutilidad de las mujeres feas, sale el binomio: belleza /inteligencia, como sinónimos por un lado, y fealdad/ estupidez e inutilidad, como sinónimos por otro. La Nela igual que Nafisa ve que sólo siendo hermosa sirve para algo, y si una es fea no sirve para nada. Nafisa, según las palabras de su padre “no estaba hecha para el matrimonio” (pp. 41 y 42). Para toda la familia Gulnar es “tonta y necia, que no podía hacer nada a derechas y que no merecía ningún estímulo” (p. 163), y lo repite una y otra vez: “Gulnar no está en un estado normal”, es “una niña tonta” (p. 151).

El concepto que tiene la Nela, el personaje de Galdós, de si misma y de su historia personal lo percibe de los demás, esto lo indica el uso del impersonal «dicen»: “dicen que yo no sirvo ni puedo servir para nada (…) yo no sirvo más que de estorbo”,  y lo repite con tono muy convincente cuando dice  “Si yo no sirvo para nada” (pp. 669-70).

Otra manifestación de la deformación de la sociedad en la obra de Galdós es el rechazo hacia cierto tipo de personas, en este caso hacia el ciego. Pablo teme que la Nela le rechace por su ceguera, así se diriige a la chica: “también serás mi mujer, a no ser que te repugne enlazarte con un ciego. No, no chiquilla mía, no quiero imponerte un yugo tan penoso. Encontrarás hombres de mérito que te amarán y que podrán hacerte feliz”  (p. 709).

Pero las mentes sanas de algunos personajes en ambos libros entienden que la relación entre belleza e intelegencia por un lado, y fealdad y estupidez por otro, es un problema de la sociedad. En El árbol de la miseria, viene en boca de Zubaida estas palabras cuando se refiere a Nafisa con «la desdichada» y afirma que “jamás fue educada para hacer algo convenientemente. Tiene una débil dosis de entendimiento, justo para aprender lo que uno le dice…” (p. 103). En Marianela, lo mismo dice Teodoro “La Nela no es tonta ni mucho menos. Si alguien se hubiera tomado el trabajo de enseñarle alguna cosa, habría aprendido mejor quizá que la mayoría de los chicos” (p. 719).  

Ahora bien, el médico Golfín echa la culpa a la sociedad, a la gente que no se han molestado en instruir a la Nela, ya que las ideas morales de la chica no tienen más guía que el sentido natural y que la Nela nada debe a los demás ni siquiera una lección ni un amoroso consejo.

La Nela como Nafisa o Gulnar, la hija de Nafisa y la heredera de la condición de la madre, son conscientes de su fealdad: la Nela se mira en el espejo del agua y dice “¡qué feísima soy!” (p. 702), y en otro momento desea que la tierra se trague su fealdad (p. 742). Nafisa “daba a todos los rastros que se ofrecían a su mirada su propia fealdad, luego le mostraba lindas mujeres…” (p. 45). Y Gulnar lanza miradas desesperadas a su espejo y lo rechaza con espanto. Y si tiene un momento se encierra para llorar. Normal que estas mujeres tienen complejo de la inferioridad, un complejo que llega hasta el punto de que ña una no se considera persona, y que se avergüenza de su cara y la oculta, así habla la Nela: “como yo no soy persona” (p. 677), “como soy tan bruta, no supe pedir perdón…” (p. 777). Lo mismo hace Nafisa que cuando ve a su esposo pone el velo para ocultar su rostro.

La idea de la imperfección y su vínculo con el pensamiento helénico también está presente en Marianela. Pablo es muy guapo, tiene ojos muy bonitos pero que no pueden ver. Es buen mozo pero no tiene conciencia de su propia belleza por lo cual no puede percibir la belleza exterior. Afirma Montesinos que “cabe maravillarse de que todos estos ciegos, que lo son de nacimiento, una vez redimidos de su ceguera manifiesten innata idea de la belleza y puedan discernir no sólo lo bello y lo feo, sino toda clase de expresiones faciales desde que abren los ojos. Lo que no deja de ser extraordinario, habida cuenta de que en la vida real no todos juzgamos del mismo modo la belleza de las cosas y personas que nos rodean”.[11] 

Cabe señalar que la obra de Galdós abarca el idealismo y el concepto de la belleza según la filosofía de Platón. El filósofo heleno se basa en que “eros o el amor siente la necesidad de la belleza. La primera y primitiva fase del amor es el deseo que se siente hacia los cuerpos bellos, pero después se transforma en el amor a las almas bellas y justas, y así hasta alcanzar el amor a la idea del bien y la belleza, la más elevada jerárquicamente”.[12] Entonces, el amor es muy importante porque es el que conduce al alma al mundo de las ideas. En Marianela leemos: “la perfección de la belleza humana se acerca más que ningún otro recurso a la expresión de la divinidad” (p. 746).

Marianela reúne los pilares de la filosofía platónica en la que hay dos tipos de belleza. La belleza por los cuerpos bellos y la belleza moral. En cuanto a la primera tenemos un tipo masculino y otro femenino. Pablo representa la belleza masculina, él es “el prototipo de la escultura clásica conocido por la armonía corpórea, reflejo de la perfección espiritual admirado por la «solidez marmórea» que es reflejo del conocimiento puro”.[13]

 En Marianela la descripción física de Pablo viene ajustada a esa filosofía, dice así: “estatua del más excelso humana, grave, derecho (…) su cara parecía de marfil, contorneada con exquisita finura; más teniendo su tez la suavidad de la de una doncella, era varonil en gran manera, y no había en sus facciones parte alguna ni rasgo que no tuviese aquella perfección soberana con que fue expresado hace miles de años el pensamiento helénico, sus ojos hermosos, grandes y rasgados” (pp. 686 y 687).

Florentina, la prima de Pablo, es el símbolo de la belleza femenina, y a la vez, divina. No en vano que la Nela la identifca con La Vírgen. Recurrir a la imagen de la Virgen María, símbolo de la belleza  moral, enfatiza la tesis de Galdós. La Virgen es la personificación de todas las bellezas: “…más linda que todas las cosas guapas y hermosas que hay en el mundo” (p. 743).  En otro sitio dice que la figura de la Virgen reúne las dos caras de la belleza y por eso, es perfecta: “la auténtica imagen de aquella escogida doncella de Nazareth, cuya perfección moral han tratado de expresar los artistas de…la humanidad ha visto esta sacra persona con distintos ojos,… ” (p. 746). (El subrayado es mío).

La pintura de la Virgen ha salido de la imaginación de los artistas, entonces la belleza es producto de imaginación. Por otra parte, se entiende que la belleza femenina es el reflejo de la divinidad, así habla Pablo: “¿Qué tienes en esa cara que parece la misma idea de Dios…” (p.786). Y lo resume cuando dice que su prima “es la imagen más hermosa de Dios” (p. 802).

Según la Nela, Florentina se identifica con “la Virgen María en esencia y presencia” (p. 758). La belleza exterior «perfecta» de Florentina refleja la interior. Florentina se da cuenta de que un pobre no necesita solo comer y vestir sino necesita “consideración, dignidad” e infundirle “respeto y estimación en sí mismo” (p. 758). Por eso, promete acoger a la Nela y convertirla en hermana. La prima de Pablo es partidaria de los socialistas y los comunistas y del reparto de la riqueza entre todos.

La Nela es la otra cara de la belleza, es la belleza moral, la belleza del alma así Pablo, siendo ciego, percibe las cosas mediante los sentidos y concibe a la Nela como “un tipo de belleza encantadora, un tipo que contiene todas las bellezas posibles” (p. 700). Pablo resume la belleza de la Nela en estos términos: «bondad», «inocencia», «candor», «gracia», «imaginación», «alma celestial» y «cariñosa» (p. 702). Como son elementos abstractos, entonces es una belleza que no se ve ni se toca, ni se percibe con ningún sentido, aquí no hacen falta los ojos, y así es posible que la vista pueda apartar a los hombres de ver la verdad absoluta, por eso, Pablo está convencido de que: “los ojos se ven muchos disparates…cambiando los objetos de su natural forma en otra postiza y fingida” (p. 752). Lo mismo afirma Florentina “digo yo que nuestra imaginación es la que ve y no los ojos” (p. 753). Según Platón, el concepto de la belleza está estrechamente vinculado a la idea de la existencia de dos mundos: el sensible y el inteligible. Al primero hacen falta los ojos, el segundo no necesita ojos.

Entonces los ojos pueden engañar “¿De que modo se retrata en alma en las caras? Si la luz no sirve para enseñarnos lo real de nuestro pensamiento, ¿Para qué sirve?…La forma y la idea ¿no son como el calor y el fuego? ¿Pueden separarse?” (p. 755). A veces “el que tiene más ojos ve menos”, y a la vez, “hay también muchos que no saben ver” (pp. 700-701). Y a lo mejor “la vista puede causar grandes extravíos” (p. 702). 

Por todo esto Pablo se enamora de Florentina y de la Nela, de la belleza física y la belleza moral, del mundo sensible y el inteligible que son equivalentes al cuerpo y alma.

Cuando habla Galdós de la perfección se refiere a la perfección moral, “dones más estimables que el de la hermosura, dones del alma que no son ajados por el tiempo, no están sujetos al capricho de los ojos…” (pp. 779 y 780). En otro sitio dice “distinguir las cosas feas de las bonitas (…) todo lo que es bello le produce un entusiasmo que parece delirio: todo lo que es feo le causa horror y se pone a temblar como cuando tenemos mucho miedo” (p. 764).

Nuestro mundo tiene las dos bellezas y los dos mundos: el sensible y el inteligible que están dentro de nosotros, y como nuestra constancia es cuerpo y alma siempre existirán una Florentina y una Marianela, una Mona y una Nafisa, una Samiha y una Gulnar y, que la educación es la única vía que hace a las personas acepten y no rechacen la existencia de ambas, además ayuda a desaparecerá la fealdad.

La condición del autor de El árbol que perdió la vista cuando era niño justifica la desaprición de las ideas citadas anteriormente. La primera manifestación de ello es la referencia vaga al concepto de la belleza física de los personajes. Ya hemos mencionado que la descripción física de Nafisa viene en términos generales. También cuando se refiere a la belleza de Samiha, la hija mayor de Nafisa, dice frases de este tipo: “con una belleza radiante y de una exquisita gracia” ( p. 44), “símbolo de belleza” (p. 52), “prodigio de belleza” (p. 68).

Jaled, el personaje masculino del libro de Husayn no era ciego pero, como tenía venda en los ojos, como el que tiene la vista enferma, el que ve los objetos dobles, o  ve distintos de lo que son en sí, o envueltos en densas nieblas. Jaled, que tenía enferma la imaginación, todo lo veía por un prisma torcido y engañoso. Nafisa ante sus ojos “era un ostentoso encanto, una mujer graciosa, de miradas zalameras, de atractiva conversación. Cuántas veces no había suplicado a Dios que no hiciese de su futura compañera un objeto de tentación, que podrá debilitar su inclinación hacia la vida devota…” (p. 32). Samiha es la que rompe el velo, el motivo que hace que Jaled vea la fealdad de su mujer.

Jaled, igual que Pablo, cuando se le quitó la venda pasó de la etapa metafísica a la positivista. Un día dice a su mujer que su cara es fea. A partir de ese día ha cambiado por completo, repitió la misma escena de comparación entre madre e hija, y así infunde en el alma de Nafisa los sentimientos de rencor, celos y envidia hacia su hija.

Frente a los llantos de su mujer Jaled da carcajadas, y se siente tranquilidad. Ya no era el mismo que se sintió atraído por la visita de las mezquitas y los suntuarios, ahora no le llena la paz interior.

Sin embargo, Jaled se arrepentió y se siente culpable por su actitud hacia su mujer porque ella no se ha hecho, que es una criatura del cielo, y según él “criticar su rostro era obrar contra la obra de Dios” (p. 39).

Así que Pablo era ciego y Jaled estaba vendado. Jaled Igual que Pablo “estaba enamorado de su esposa y experimentaba en su compañía una apacible alegría” pero “la venda que cubría sus ojos había sido arrancada; se había dado cuenta de súbito de que su esposa era fea, cruel prueba en la cual había sucumbido” (p. 65).

Después de haber expuesto el concepto de la belleza en ambos libros, vayámonos ahora a la segunda parte de este trabajo que es la inclinación hacia el valor de la educación y la importancia del pensamiento científico y positivista para llegar a la belleza y acabar con la fealdad. Según Joaquín Casalduero, la materia novelesca de Marianela – y yo me atrevería a añadir la de El árbol de la misería– “funcionaría como una ilustración de la tesis postivista de Augusto Comte (1798-1856)”  a cerca de las tres etapas de la evolución del conocimiento de la humanidad.[14] Para Comte “las sociedades humanas progresaban a través de tres estadios: el teológico o ficticio, el metafísico o abstracto, y el científico o positivo”.[15]

El primer estadio es el más primitivo y vive por el conocimiento imaginario (en cierto modo religioso) de las causas de los fenómenos. El segundo es etapa intermedia entre el primero y el tercero, y en él se recurre a ideas abstractas. El tercero significa el triunfo de la racionalidad positiva, en él la imaginación queda subordinada a la observación.[16]    

El personaje de Marianela representa la primera etapa, la teológica, en la que la persona explica los fenómenos por medio de lo sobrenatural y potencias divinas o demoníacos. En esta etapa se predomina la imaginación por encima de todas las facultades humanas.

Quien sigue la presentación del personaje de la Nela que ofrece la novela ve que la chica vivió siempre en contacto con la naturaleza. No calza zapatos y se duerme en las cestas. Es una mujer abandonada “a sus sentimientos naturales sin instrucción” (p. 775) y “creía en los poderes sobrenaturales” (p. 739). Pero “posee una fantasía preciosa, sensibilidad viva; sabe amar con ternura y pasión; tiene su alma aptitud maravilloso para todo aquello que del alma depende”(p. 797). Y para complementar este cuadro primitivo ya el hecho de creer en las supersticiones desempeña un papel. La Nela está llena de las supersticiones y tiene idea vaga sobre la religión, y “sus ideas morales no tienen más guía que el sentido natural” (p. 797).

El médico Teodoro echa la culpa a la sociedad que no ofreció educación a la Nela.

Ahora bien, él confía en la capacidad de la chica que “está hecha para realizar en poco tiempo grandes progresos y ponerse al nivel de nosotros. Alúmbresele un poco y recorrerá con paso gigantesco los siglos…está muy atrasada, ve poco; pero teniendo luz andará. Esta luz no se la ha dado nadie hasta ahora” (p. 797).               

Pablo es la encarnación de la segunda etapa, la metafísica, en ésa las cosas se explican por medio de ideas abstractas en principios racionales. Así que Pablo se enamora de la Nela cuando era «ángel» cuando vivía en el mundo de las ilusiones pero al convertirse en «hombre» se pasó a las esferas de la realidad, es decir, se pasó de la etapa metafísica a la etapa positivista.

Según Teodoro Golfín Pablo Penáguilas era ignorante de «la realidad visible», y así “contribuía sin quererlo a aumentar” los errores de la Nela. Es un “idealista exagerado y loco”, por eso, no es “el mejor maestro» para un espíritu de la clase de la Nela” (p. 798).

Teodoro Golfín, el oftalmólogo, representa la tercera etapa, la positiva, en ella lo metafísico será sustituido por lo científico, y la superioridad de la ciencia sobre cualquier otra forma de conocimiento. El positivismo negó todo lo ideal, rechaza la metafísica, por eso Golfín quedó impotente ante la muerte de la Nela, dice así “no sabemos nada…sólo sabemos cosas triviales….conocemos algo de la superficie” (p. 805), 

Es Teodoro quien denuncia los males sociales responsables de la ignorancia y del estado de abandono de Marianela. Él condena la conducta de algunos señores que pagan 200 duros en un perro y pasando el día mimarlo, y no se les ocurre amparar a un ser humano pobre y mísero como la Nela. Ya que “El espíritu positivista entendía los problemas sociales como desórdenes orgánicos del sistema y proponía como solución reformas que integraran funcionalmente a todos los miembros de la sociedad y a la humanidad entera”.[17] El sentido positivista del médico Teodoro se traduce en un sentimeinto de solidaridad que llega a la clase social más baja, a los más necesitados, “En consecuencia la ciencia tenía que abarcar aquellas actividades que promovieran el desarrollo”.[18] Él tiene ideas sobre cómo resolver el problema de la orfandad (pp. 720 y 721).

Celipín es la generación futura que sustituirá a Teodoro. Es el joven con el que se cría la Nela, y con quien planea marcharse del pueblo para hacer fortuna. Quiere estudiar y sus padres se lo negaron, por eso, muestra indicios de rebeldía.Es un chico muy seguro de si mismo, con mucha ambición y mucho talento. Es el símbolo del futuro, del anhelo al progreso y de romper con la ignorancia y la gente de piedra de Aldeacobra.

La teoría de Platón sobre el camino del conocimiento que puede superar la condición humana, engañada e ignorante, y ascender hacia el mundo de las ideas. Como señalamos, para el filósofo griego, los niveles de conocimiento se forman por dos mundos: el mundo de las cosas, el sensible, y el mundo de las ideas, el inteligible. Y el conocimiento corresponde al mundo de la ciencia.[19]  

De la misma manera se puede seguir esta teoría en la obra de Taha Husayn. La misma historia de El árbol muestra la evolución de la sociedad egipcia a lo largo de tres o cuatro generaciones: primero la generación de los padres, los comerciantes, ya el comercio no es un oficio para ganar dinero después de la aparición de tiendas modernas. Por eso, la generación de los hijos (Jaled y Selim) se dirigen a los puestos del gobierno. Y luego llegamos a la tercera generación, los hijos de Jaled, que van al colegio y junto a ésa, los hijos de Selim cuyo padre no puede mandarles al colegio y al final ejercen trabajos como sastres o zapateros. Los personajes de la novela de Husayn no vienen bien dibujados como los de la obra de Galdós por las razones mencionadas al principio, por ejemplo, no aparece un personaje tan bien ilustrado e instruido como el médico de Galdós. Por otra parte, el libro del escritor egipcio no es tan profundo- en el arte de novelar- compárandolo con el libro español. Por eso, vemos que la mayoría de los personajes de la obra viven en la primera etapa, la primitiva. Empecemos por Nafisa que es la representación de la etapa primitiva. Es supersticiosa, cree en demonios, en hadas y no recibió ningún tipo de educación.

Zubaida, el equivalente- en parte- de la voz del médico del libro de Galdós, dice así: “No olvides que Nafisa no sabe rezar…La desdichada jamás fue educada para hacer algo convenientemente. Tiene una débil dosis de entendimeinto, justo para aprender lo que uno le dice y de hacer comprender a los otros unas nociones elementales” (p. 103). Al ser rechazada por su marido Nafisa se volvió loca “con los cabellos despeinados, los vestidos desgarrados” (p.46), y “se exaltó hasta el delirio…” (p. 47) ya imagina que le apareció una mujer genio. Por otra parte, Jaled teme que su mujer esté poseída por el demonio.

La situación de Nafisa se agravó tras escuchar la historia de hadas y genios de Omm Raduan, la panadera, sobre el hada que se casó con un hombre y le dio un hijo y al enterarse de que su hermano iba a morirse se lanzó al fuego del horno para encontrarse con él. Nafisa quiso hacer lo mismo, lanzarse al fuego para encontrarse con los suyos. Lo mismo hace la Nela que tras el éxito de la operación de Pablo quiso arrojarse a un pozo para encontrarse con su madre.

El cheij es el personaje que influye en casi todos los personajes de la obra. Así que fue él quien ordena el matrimonio de Jaled y Nafisa, y sería él que impone el divorcio de los mismos. También es él que pide a Jaled a casarse de nuevo y quien le elige la novia. Su hijo será su sucesor. No en vano leer una frase en boca del padre de Jaled que interpreta las creencias de esa gente. Según el padre de Jaled el cheij tiene una “gracia sobrenatural”, y puede “transformar la fealdad en belleza, la deformidad en elegancia, el odio en amor” (p. 33)

En principio, Jaled, que “era hostil a las efusiones femeninas en las mezquitas y los mausoleos” (p.31) representa la segunda etapa, la metafísica, pues aspiraba llegar a “las esferas elevadas de la sabiduría”, o recibir “la ciencia mística del cheyj” (p.32). Por eso, no ve al principio la fealdad de su mujer. Igual que Pablo empezó por esta etapa, y luego pasó a la tercera, la positivista cuando se le curó la vista.

Jaled convertido en una persona positivista a medias, ya que tiene mucha ambición y quiere que sus hijos lleguen a un gran grado de educación. Se quedó pobre porque insistió en mandar a sus hijos al colegio. Se siente satisfecho del progreso de sus hijos en el colegio. Está convencido de que ha preparado a sus hijos a enfrentarse a la vida con la educación que es mejor que cualquier otra herencia.

Los hijos varones de Jaled representan la tercera etapa, la positivista, ya que todos están educados. Ahora son los hijos quien se ríen de la naturaleza supersticiosa y de la forma de pensar de sus padres.

Facilitar educación para todos era el sueño de Taha Husayn que la revolución de 1952 lo llevó a la práctica. A lo largo de la novela el autor se queja de que sólo los ricos dan educación a sus hijos, cosa de la que fueron privados los hijos de los pobres.   

Para concluir, la tesis tanto de la obra de Taha Husayn como la de Benito Pérez Galdós se centra, por un lado, en la poca evolución del hombre que sigue siendo tan cruel y no le cambió el progreso, por otro, habla de la naturaleza humana que oscila entre ver lo que quiere ver  (desde lo imaginario) y la hipocresía de las personas con respecto al concepto de la belleza.

Ciencia, educación, tolerancia y librepensamiento es la ilusión que estimula a nuestros escritores a servirse del modelo de la mujer fea como base rebelde para partir hacia amplios horizontes.

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[1]Benito Pérez Galdós, Marianela en Novelas II, Navarra, Instituto Cervantes y RBA, 2006. Taha Husayn, El árbol de la miseria, traducción, notas y prólogo de Asaad Chérif, Madrid, Publicaciones del Instituto Egipcio de Estudios Islámicos, 1983.

[2] Joaquín Casladuero, Vida y obra de Galdós, 3ªedición, Madrid, Gredos, 1974.

[3]Zóe Jiménez Corretejer, “Más allá del canon: La mujer en la filosofía”, en La mano que escribe: Literatura, arte y pensamiento, Actas del Congreso de la Asociación de la Literatura Femenina Hispánica del 24 al 27 octubre 2007. En letras-uruguay.espaciolatino.com/…/jimenez…zoe/mas_alla_del_canon.htm

[4] Simone de Beauvoir, The Second Sex, New York, Vintage Books Edition, 1974.

[5] Toril Moi, Teoría literaria feminista, traducción de Amaia Bárcena, Madrid, Cátedra, 1988, p. 144. Cabe añadir que Freud ve la mujer como hombre castrado y antes Aristóteles define a la mujer como hombre deforme.

[6] Ibíd,  p. 155.

[7] Biruté Ciplijauskaité, La novela femenina contemporánea (1970-1985). Hacia una tipología de la narración en primera persona, Barcelona, Anthropos, 1988, p. 78.

[8] María Zambrano, La España de Galdós, Barcelona, Biblioteca de Autores Andaluces, 2004, p. 174.

[9]Ibíd, p. 176.

[10] Roberto Augusto Míguez, “Aspectos narrativos y literarios de las novelas de Galdós”, en  Espéculo. Revista de Estudios Literarios de la Universidad Complutense de Madrid, núm. 23, 2003.

[11]José, F. Montesinos, Galdós, Madrid, Castalia, 1980, capítulo VIII, Marianela,  p. 241. 

[12]Laura Silvani,  Historia de la filosofía, Barcelona, editorial Optima, 2003, p. 45.

[13]Mario Ruiz, «El idealismo platónico en Marianela de Galdós», en Hispania, vol. 53, núm. 4, diciembre de 1970, p. 870.

[14]EnBenito Pérez Galdós, Marianela, introducción, notas y propuestas de trabajo de Mirta Stern, ediciones Colihue SRL, Buenos Aires, 2007, pp. 33-44.

[15] Ob. cit., Historia de la filosofía, p. 290.

[16]Ibíd,  pp. 290 y 291.

[17] Ob. cit., Historia de la filosofía, p. 288.

[18]Ibíd, p. 287.

[19]Ibíd, pp. 42- 44.

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