
Benito Madariaga de la Campa, Cronista Oficial de Santander, Correspondiente de la Real Academia de Doctores de Madrid
Hasta hace relativamente poco tiempo, no sabíamos nada respecto al contenido de la biblioteca de José María de Pereda, en cuanto a los títulos, número de volúmenes que contenía y donde estaba situada. Al tener el escritor dos casas, una en Polanco y otra en Santander, tenemos que pensar que la mayor parte de ellos estuvieron en Polanco y en menor número en Santander. La biblioteca en este último lugar estaría formada por ejemplares de consulta que siempre hay que tener a mano. Tal es el caso de Diccionarios de español y otros idiomas, sus propias obras, informes geográficos y costumbristas, así como aquellos libros que estuviera leyendo en aquellos momentos. Los que tienen libros en dos casas saben del trasiego que habitualmente se hace de una a otra, dejando en la principal la mayoría. Sabemos que en su estudio en Santander tenía dos armarios de dos cuerpos repletos de libros. Es posible que en ellos estuvieran todas sus obras. En la casa nueva de Polanco había espacio suficiente para albergar una buena biblioteca, como debió de ser la suya.
De niño tuvo contados libros en la casa paterna, entre los que figuraban El año cristiano, las Cartas de Santa Teresa y las obras de Fray Luis de Granada y de San Agustín. Ya de muchacho leyó Las tardes de la granja, de la Condesa de Genlis; La Iliada y El Quijote, que llegó a conocer con profundidad y detalle, lo mismo que gran parte de la obra de Quevedo. Las lecturas habituales en su juventud fueron libros de autores románticos y de folletín. En su novela Pedro Sánchez cuenta las que leía el protagonista que eran indudablemente también las suyas: Clarisa Harlowe, El hombre feliz, El Conde de Montecristo, Nuestra Señora de París, etc. y en Madrid, en la posada, le fueron prestadas las novelas que le propusieron sus compañeros de hospedaje: casi todas las obras traducidas de Paul de Kock, Pigault-Lebrun, Dumas y Soulié, algunas de ellas prohibidas por la censura eclesiástica, entre las que ganaba la palma El judío errante.
A su muerte, la biblioteca se repartió entre sus hijos, pero la viuda de Pereda, Diodora de la Revilla Huidobro, donó unos miles, calculo que unos dos mil o tres mil, a la Biblioteca Municipal de Santander ([1]). Supongo que el resto se repartieron entre los hijos y que muchos de ellos quedaron en manos de su hijo menor Vicente, que heredó la afición literaria de su padre.
Gracias a mi compañero del Centro de Estudios Montañeses, Francisco Gutiérrez Díaz, he podido tener la relación que se publicó en la prensa y con ellos hacer una cata de los temas principales. Pereda poseía obras generales de consulta, como el Diccionario de la Lengua Castellana, de Caballero, y el de Calígrafos españoles y vocabulario de palabras usadas en Álava, no incluidas en el Diccionario, o el Enciclopédico ilustrado de la Lengua, por Miguel de Toro y Gómez. Igualmente tenía Estudio clásico sobre el análisis de lengua española de Manuel Rodríguez y el Catálogo de los escritores que servían de autoridad en el uso de vocablos y frases de lengua castellana, publicado por la Academia Española. El lenguaje le interesaba especialmente y poseía, incluso, un libro de Nociones de ortografía española.

Leyó libros de costumbrismo, novela, poesía, teatro, de temas históricos, de geografía y paisaje, de religión, de viajes, etc., a los que aludiremos, a continuación, por tener un interés especial dentro de su especialidad literaria. También tenía libros curiosos como una Gramática Euskara, Expedición al gran Lago Nahuet-Huapi, Curiosidades físico-astronómicas, por Ramiro Blanco; novelas griegas traducidas por A. R. Ll, el Manual de declamación de Julián Romea, etc.
Los temas americanistas le sedujeron y en este sentido poseía un libro de poemas sobre Cristóbal Colón, de José Joaquín Casas; una antología de poetas americanos, las conferencias leídas en el Ateneo de Barcelona con motivo del centenario del descubrimiento de América y la colección de documentos inéditos relativos al descubrimiento, conquista y organización de las antiguas posesiones españolas de Ultramar. En una carta a Francisco Sosa (19-II-1899) le confesó que sabía casi de memoria los libros de W.H. Prescott y no menos los de Solis, Bernal Díaz y otros historiadores de Indias. Igualmente le interesó la Guerra Hispano- americana y las operaciones por mar en las Antillas, cuyo desenlace le apesadumbró e indignó. La lectura de obras costumbristas, aunque fueran de autores menos conocidos o de relativa importancia, fue habitual en él. Un ejemplo son: Cuadros populares, por Emilio Vilanova, Fiestas populares en Granada de F. Afán de Ribera, las Costumbres populares de la Sierra de Albarracín, de Manuel Polo y Peyrolóm; Cosas de la vida, cuentos y novelas cortas de Eduardo Bustillo; Croquis humanos. Cuentecillos y bocetos de costumbres por E. Bertrán Rubio, Tipos y caracteres por Manuel Fernández Juncos, autor igualmente de Costumbres y tradiciones; La forastera, novela de costumbres de Juan Gallardo Lobato, Pinceladas. Cuadros de costumbres de la zona oriental de Asturias, por Antonio Fernández Martínez; El ciego de Buenavista (romancero satírico de tipos y malas costumbres, por Eduardo Bustillo, etc.
Pereda no necesitó inspirarse en autores costumbristas foráneos ya que tenía en su tierra natal suficiente material, pero algunas novelas, aunque fueran de autores secundarios, le interesaban, ya que tenía dificultades para encontrar argumentos originales para las suyas, de casi idéntica temática. En su biblioteca tenía, por ejemplo, Novelas menores de Antonio Valbuena; La huelga, novelita vulgar de Sebastián Gomila y Quintín Trastienda de este mismo autor; La prima Juana, por José de Elola; Eugenia, del mismo autor; En la costa, de Teodoro Baró, La cadena, por Manuel Amor Mellán, El doctor Navascués, de Fray Pedro Fabo, las novelas del Marqués de Figueroa, Historias crueles de Luis Ruiz Contreras.
Pereda estuvo limitado en los argumentos de sus novelas por razones políticas, religiosas y porque no se atrevió a tratar temas sociales que estaban fuera del costumbrismo local que era su fuerte y le parecía, además, muy arriesgado salirse de ese campo. No se concibe que tratara argumentos en los que aparecieran el tema amoroso y menos los religiosos, los problemas de las huelgas o el trabajo en las minas.
En el teatro las representaciones pasaban por la censura y había una Junta de teatros a la que precisamente perteneció Pereda al menos en 1892. Pérez Galdós se quejaba en el prólogo de la publicación de su obra teatral Alma y vida al veto que se ponía en las provincias a determinadas obras y cómo se pedían los libretos para examinarlos. La falta de libertad de las compañías repercutía en el desarrollo del teatro y ponía Galdós de ejemplo las campañas efectuadas durante las representaciones de Juan José y de Electra.
El pasado tradicionalista y vinculación con la clase de la alta burguesía le hacía a Pereda defender esa posición y le impedía salir de su conservadurismo. Vemos como en algunos cuadros se disculpa al final o suprime lo que le parecía demasiado avanzado. Pese a ello, no se libró de numerosas polémicas en las novelas por elegir personajes que sus contemporáneos santanderinos identificaron sin dificultades. Cuando ya con fama de novelista intenta hacer una novela cortesana y de tesis, La Montálvez, el resultado le sirvió de escarmiento y para aprender que los temas arriesgados le perjudicaban, aparte de temer las opiniones de la crítica, como así sucedió en este caso. Su producción literaria tenía que ser, pues, católica, conservadora y con la moraleja de que el malo nunca gana y que la salida del ambiente familiar y tradicional para aventurarse en el mundo foráneo y peligroso traía siempre la desgracia.
Cuando habla de los liberales es para culparles de todos los males. En su biblioteca tenía Los liberales sin máscara, de Valentín Gómez y La regeneración… liberal, por un católico español. Su antiliberalismo está dentro de unos esquemas mentales de los que no se sale nunca y tan constantes y repetidos como los hábitos diarios de su vida. Pérez Galdós, liberal en todo, tuvo que quejarse en una de sus cartas de esa manía y le llega a decir que si el liberalismo había destruido el edificio moral y lo construido durante siglos por el absolutismo y la unidad católica del país, como opinaba Pereda, es que «el tal edificio no valía gran cosa». Y le añade: «Estoy cansado de oírle a V. (hablar mal ?) de los liberales. Según V. todos son unos pillos. Raro, rarísimo es aquel a quien V. concede un poco talento. Todos son y fueron tontos, ridículos. ¿Pues cómo tal caterva de idiotas ha podido (destruir ?) una cosa tan secular, una cosa tan santa, tan grande como la nacionalidad española, cuidadosamente formada por el absolutismo y la unidad católica?» ([2]).
No se ha profundizado suficientemente sobre la influencia en la obra de Pereda del teatro que vio y leyó mucho, igual que las zarzuelas, monólogos, juguetes y sainetes cómicos, lo que no impidió que conociera bien a los clásicos. En la relación de libros suyos entregados a la Biblioteca Municipal figuran, entre otros, las Obras de Lope de Vega, ed. de la Real Academia Española; el Teatro escogido de Pedro Calderón de la Barca, varios de su amigo Sinesio Delgado y diferentes dramas de Valentín Gómez; obras de José Zorrilla, Manuel Tamaño y Baus, de Arturo Campión, Joaquín Estévanez, etc. A Leopoldo Alas le escribió protestando del ruidoso triunfo en Madrid del drama en verso La Pasionaria (1883), obra mediocre del militar vallisoletano Leopoldo Cano y Masas.
Siguiendo el repaso de algunas de sus obras, de las que damos un muestreo de las publicadas en la prensa donadas a la Biblioteca Municipal, tenemos las siguientes de poesía: Rimas de Laura Bintos, Cantabras (1900) de Luis Barreda, Coplas alegres de Eustaquio Cabezón, Romamcero de la guerra de África, del que tenía la primera y segunda edición; Poesía popular por Demófilo (Antonio Machado Álvarez).
Le interesó mucho las obras que iban apareciendo de Galdós, Pardo Bazán, Valera, Palacio Valdés y sus contemporáneos. Le importaron, igualmente, Siluetas con retratos y autógrafos de diversos escritores, escrito por Urbano González Serrano. De Luis González Obregón tuvo varios libros sobre Méjico, uno de ellos con noticias de los novelistas mejicanos del siglo XIX.
El tema religioso no le fue ajeno. Y entre algunos de los libros que poseía figuran: La Santa Biblia, La Madre de Dios de Begoña, por Arístides de Artiñano; Crónica del II, III y IV Congreso Católico Español, El misticismo en la poesía, de Juan Domínguez Berrueta; La divinidad de Jesucristo ante las escuelas racionalistas, por Francisco Caminero, La religión de los antiguos tagalos, por Ventura Fernández López, La conversión de Francisco Coppé (Traducción de Álvaro L. Núñez), Las sepulturas de los hombres ilustres en los cementerios de Madrid, de Manuel Mesonero Romanos, Observaciones que el capítulo XIII del opúsculo del señor Cardenal Sancha, Arzobispo de Toledo ha inspirado a un ciudadano español y Discurso sagrado en honor de María por Eliseo González.
Por supuesto recibió los Discursos leídos en la Academia Española y en la de la Historia de algunos académicos. De trabajos de Literatura tenía el estudio crítico que le hizo de su obra Augusto Tharvo-Hidalgo y Díaz; La novela contemporánea en España, por Augusto Gómez García, La literatura española en el siglo XIX, por el P. Francisco Blanco García, Rassegna de la litteratura straniera (spagnuola) de G.A. Tesarco, del que tenía dos ejemplares; Commmunicationes faites au Congrés International sur les langues romanes tenu pour le premiere fois a Bordeaux le 5 aout 1895, etc.
Hay libros que no figuran en esta relación de donaciones y que leyó Pereda. Conocía los principales autores franceses y las traducciones de escritores ingleses y norteamericanos. De la América latina le dice en carta a J.F. Mera, hijo del autor de Cumandá: «Yo he leído mucho y en muchos estilos y con muy diversos fines sobre las Cordilleras y los ríos y los salvajes de todas las Américas descubiertas y por descubrir, pero en unos casos por causa de más y en otras por causa de menos, rara vez me han llegado al alma aquellas cosas» ([3]).
Los temas del campo y la ganadería quizá los utilizó más como consulta que por que le interesaran, a no ser para aconsejar a sus paisanos de Polanco. Tal es el caso del libro de Higiene rural por P. García del Moral y una Cartilla agrícola y pecuaria de Aurelio López Vidaur, ingeniero agrónomo, catedrático de Agricultura en el Instituto de Santander.
Igualmente tendremos que aludir a las obras que no leyó por parecerle impías y prohibidas por la Iglesia católica. De todas formas no eran temas de su devoción por ser de filosofía. Son las que aparecen en De tal palo, tal astilla y que figuraban en la biblioteca de los Peñarrubia: Comte, Spencer y a Kant. En una de sus discusiones epistolares le había escrito Pérez Galdós: «Imagine V. por un momento que todas las obras que están en el Índice no las hubieran escrito, ¡qué vacío y soledad tan grande en la literatura contemporánea!» ([4]). Pereda estuvo siempre convencido de que el evolucionismo darwinista, aparte de ser un tema para él prohibido, era falso en su valor científico. Todavía en 1900 escribe «La lima de los deseos (Apuntes de mi cartera)» donde cuenta el declinar de la vida y repasa las edades del hombre y alude negativamente a «los sabios que han dado en engreírse con su ilustre progenie de gorilas y chimpancés». Ya en Tipos trashumantes había ridiculizado en «Un sabio» al que presenta como masón, evolucionista y krausista, tipo costumbrista en cierto modo inspirado en el naturalista y contemporáneo suyo Augusto González de Linares.
A modo de resumen podemos decir que la biblioteca de Pereda fue muy numerosa y que gran parte de los libros que compró o le donaron fueron en gran parte leídos o, al menos, ojeados. Otros los conservó por contener alusiones a su obra o a su persona, como el citado de Augusto Tharvo-Hidalgo.
Esta relación que acompañamos no es completa ni demostrativa de sus preferencias, ya que debió de tener también libros de Arte y de viajes con ilustraciones y buena encuadernación, de los que no quiso la familia desprenderse. Igualmente recibió muchos dedicados de sus compañeros escritores, y otros con un abanico muy amplio de temas de ciencias, historia y literatura, sobre todo del Siglo de Oro. Autores como Cervantes y Quevedo los conocía a fondo. En los citados Apuntes, sus amigos dejaron este testimonio: «En Letras antiguas y modernas tenía Pereda unas aficiones, y hasta una erudición, de lo más especiales y desordenadas, que contrastaban mucho con los gustos de su época. Por una parte, dominaba suficientemente ciertas cosas, como la Literatura española del Siglo de Oro, cuyo espíritu había penetrado en lo más hondo de su alma a la vez que el clasicismo ingénito de su madre, y de otro lado, quizás por lo mismo, ignoraba y hasta repelía las retóricas modernas más famosas y manoseadas, singularmente si alardeaban mucho de novedad o abusaban del análisis o la disertación» ([5]). Es de suponer que tenía también colecciones de revistas, algunas dedicadas a la mujer. Sus contemporáneos han referido la cultura que poseía con conocimientos de latín, inglés que traducía, y de francés que hablaba bastante bien. De los autores extranjeros que leyó hay que citar, entre otros, a Dickens, Manzoni, Maeterlinck, Edgard Alan Poe, Ibsen y Zola.
La Comisión de la Biblioteca Municipal de Santander formada por Antonio del Campo Burgaleta, Buenaventura Rodríguez Parets, Federico Vial, Isidro Mateo González, Alberto Gutiérrez Vélez, Enrique Menéndez Pelayo, Roberto Basáñez y Julián Fresnedo de la Calzada enviaron una carta de agradecimiento a la viuda de Pereda, publicada el 29 de noviembre de 1907 en los diarios La Atalaya y El Cantábrico, por la generosa donación de los libros de la biblioteca de su marido. En ella se decía: «De los libros de Pereda nació, a no dudar, más que de otra fuente alguna, esa como renovación literaria a que hemos aludido; usted señora, viene hoy a fecundar en cierto modo aquel feliz impulso y a ayudar de manera eficacísima nuestro intento, enviando a estos estantes una muy valiosa parte, así en calidad como en número, de la librería del inmortal escritor, alto y noble pensamiento, digno de quien supo, mejor que la misma gloria, encantar y hacer venturosa la vida del maestro Pereda».
Cuando había concluido este artículo, he leído muy gratamente el interesante artículo del profesor Enrique Miralles García, de la Universidad de Barcelona, publicado en el Boletín de la Biblioteca Menéndez Pelayo de 2006 ([6]). Así como yo describo una parte de los libros que tenía Pereda, Miralles ha entresacado de la obra del escritor de Polanco algunos de los libros que cita de costumbrismo, narrativa, teatro y de temas religiosos y filosóficos. Este artículo se complementa con el mío y nos proporciona también una relación de las lecturas de este escritor. Cita en el mencionado artículo a los costumbristas Trueba, Mesonero Romanos y Antonio Flores. En teatro nos recuerda Miralles que Pereda vio en París Le capitaine Henriot y las obras de autores, como Ventura de la Vega, Bretón de los Herreros, López de Ayala, Hartzenbusch, etc. ([7]), así como numerosas zarzuelas que recensionó en La Abeja Montañesa cuando hacía la reseña de los espectáculos representados en Santander. En la Biblioteca Municipal de esta ciudad se conservan los volúmenes escritos a mano por Federico de Vial con la relación de los que vio Pereda y escribió en La Abeja. En noviembre de 1877 le escribía a Menéndez Pelayo con este encargo de compra de libros:
«Los libros que quería encargarte son Las Escenas de la vida en París y de provincias (creo que también las escribió) de Balzac, y alguna otra obra notable, en mi género, de otros autores, como E. Conscience; pero no en novelas, sino en cuadros» ([8]).
Entre las lecturas que menciona Miralles, ocupan un apartado importante los referentes a la narrativa con títulos de autores como Fernández y González, Navarro Villoslada, Fernán Caballero, Auguals de Izco, Diego Luque y Juan de Ariza. Por supuesto, fue Pereda, como confirma Miralles, buen lector de Víctor Hugo y de Alejandro Dumas y de otros autores, algunos de escasa importancia, traducidos en su mayoría del francés. De los autores extranjeros famosos enumera en «Manías» a Walter Scott, Corneille, Poe, Byron, etc.
Merece una atención especial La vida de Jesús, de Renán, que Miralles da por cierto que leyó Pereda. Fue esta una obra que, aunque prohibida por la censura eclesiástica, se leyó mucho por la mayoría de los escritores y del público culto por la repercusión que tuvo en su tiempo. «Clarín» fue uno de los que sintió mayor interés por esta obra que le produjo un gran impacto en sus creencias religiosas. El apartado 6 del artículo que comentamos, lo dedica Miralles a considerar la antipatía que sentía Pereda por los periodistas, sobre todo por aquellos dedicados a escribir las crónicas de sociedad.
Relación de libros donados a la Biblioteca Municipal de Santander en 1.907 por Dña. Diodora de la Revilla Huidobro, viuda de José Mª de Pereda y Sánchez de Porrúa, en nombre propio y en el de sus hijos:
Los hombres de pro, por don José Mª de Pereda.
El buey suelto, por ídem.
Don Gonzalo González de la Gonzalera, por ídem.
De tal palo, tal astilla, por ídem.
Escenas montañesas, por ídem.
Tipos y paisajes, por ídem.
Esbozos y rasguños, por ídem.
Bocetos al temple y Tipos trashumantes, por ídem.
Sotileza, por ídem.
El sabor de la tierruca, por ídem.
La Puchera, por ídem.
La Montálvez, por ídem.
Pedro Sánchez, por ídem.
Nubes de estío, por ídem.
Peñas Arriba, por ídem.
Al primer vuelo, por ídem.
Pachín González, por ídem.
Ensayos dramáticos, por ídem.
“Discursos académicos por los señores Menéndez Pelayo, Pereda y Pérez Galdós”.
“Obras de Lope de Vega” (ed. de la Real Academia Española), en 6 volúmenes.
“Legis Romanae Wisigothorum, fragmentae ex Codice Palimpsesto Sanctae Legionensis Ecclesiae”.
“Discursos leídos en la Real Academia Española desde 1.847”.
“Actas de las Cortes de Castilla”, en 3 volúmenes.
“Cortes de los antiguos reinos de Aragón y Valencia y principado de Cataluña”, en 6 volúmenes.
“Diccionario general de la Lengua Castellana”, por Caballero.
“Memorias de la Real Academia Española: Un tomo que comprende Diccionario de Calígrafos españoles y vocabulario de palabras usadas en Álava no incluidas en el Diccionario”.
“Cortes de los antiguos reinos de León y Castilla”, por la Academia de la Historia.
“El Padre Cobos, 1ª y 2ª época”, en 2 volúmenes.
“La hormiga de oro” (revista).
“La Santa Biblia”.
“Rimas de Laura Bintos”.
“Gramática Euskara”.
“Los gremios de Valencia”, por el marqués de Cruilles.
“Reseña geográfica y estadística de España”.
“Nuevo Diccionario enciclopédico ilustrado de la lengua castellana”, por Miguel de Toro y Gómez.
“Cartas trascendentales”, por J. Castro y Serrano, en 2 volúmenes.
“Novelas menores”, por Antonio Valbuena.
“Aristas y facetas”, poesías, por J. Milá.
“Desde la platea”, por Luis Ruiz Contreras.
“Historias crueles”, por ídem.
“De guante blanco”, por ídem.
“Romancero de la guerra de África”, 1ª y 2ª ed., en 2 volúmenes.
“Diccionario francés-español”, por M. Núñez de Taboada.
“Thesaurus of English words and phrases”, by Peter Mark Roget.
“Memorial Histórico Español”, por la Real Academia de la Historia, tomo 42.
“La Escuela didáctica y la poesía popular en Castilla durante el siglo XV”, discurso del excelentísimo señor don Raimundo F. Villaverde.
“Guerra Hispano-Americana. Documentos referentes a la escuadra de operaciones de las Antillas”, ordenados por el contralmirante don Pascual Cervera y Topete.
“Jochs Florals de Barcelona. Any XXI de llur restauració”.
“Pastorales, circulares y discursos del excelentísimo señor don Narciso Martínez Izquierdo”, en 2 volúmenes.
“Tablas para comprobación de fechas en documentos históricos”, por don Eduardo Jusué.
“Castilla agrícola y pecuaria”, por don Aurelio López Vidaur.
“Estudio clásico sobre el análisis de la lengua española”, por don Manuel Rodríguez.
“Anuario-Guía de la Prensa española e industrias anexas”.
“Ensayo de Gramática Goahiva”, por los RR. PP. M. Fernández y M. Bartolomé. Bogotá (Colombia), 1893.
“Código civil de la República de Guatemala” 1877.
“Colecció de Monografías de Catalunya”. Barcelona, 1890.
“Caridad Heroica. Colonia-Sanatorio Nacional de San Francisco de Borja para los pobres leprosos”. Valencia, 1904.
“La Huelga, novelita vulgar”, por Sebastián Gomila.
“Cuadros populares”, por Emilio Vilanova.
“Coplas Alegres”, por Eustaquio Cabezón.
“Gentes de Historia”, novela por Vicente Morales.
“Diálogos Fantásticos”, por Gregorio Martínez Sierra.
“Las sepulturas de los hombres ilustres en los cementerios de Madrid”, por Manuel Mesonero Romanos.
“El Licenciado Escobar”, novela por Julián Blas y Ubide.
“De la Tierra Canaria, escenas y paisajes”, por Luis y Agustín Millares Cubas.
“Bosquejos”, por José de Elola.
“Notas y opiniones”, por Gonzalo Picón Febres.
“Catálogo de los escritores que pueden servir de autoridad, en el uso de los vocablos y de las frases de la lengua castellana”, publicado por la Academia Española.
“Lecciones de Literatura española”, por Santiago Argüello.
“Filipinas”, por Enrique Abella y Casariego.
“Patria y ‘Sea Power’”, por M. Andujar.
“En qué consiste la superioridad de los latinos sobre los anglo-sajones”.
“Cosas de Granada”, por Antonio F. Afán de Ribera.
“Fiestas populares de Granada”, por ídem.
“Del Veleta a Sierra Elvira”, por ídem.
“Novelas griegas”, traducidas por A. R. Ll.
“Sol y Sombra, cuentos y paisajes”, por M. Amor.
“El último hijodalgo, cuentos y novelas”, por ídem.
“Cantos de la Giralda”, por P. Alcaide de Zafra.
“Laureles”, obras poéticas de Ángel del Arco.
“La libertad de asociación”, discurso de don Manuel Azaña.
“Impresiones y juicios”, por M. Aramburo y Machado.
“Luz Fernández”, novela por F. Antich e Izaguirre.
“Triunvirato (casos de conciencia acerca del liberalismo)”, novela por ídem.
“Cantos finiseculares”, por ídem.
“La luz entre las tinieblas”, cantos religiosos por Antonio Arnao.
“Artis Poeticae Compendium”, por Ayllón.
“La Arqueología y la Biblia”, por Teodoro Creus.
“Horacio en España”, por Marcelino Menéndez Pelayo.
“Manual de Declamación”, por don Julián Romea.
“¡Vencido!”, monólogo dramático por don José Velilla y don Luis Escudero.
“Traidor, inconfeso y mártir”, drama histórico por don José Zorrilla.
“Don Juan Tenorio”, drama religioso fantástico, por ídem.
“El Zapatero y el Rey”, drama por ídem.
“La ópera nacional y el teatro Real de Madrid”, por Tomás Bretón.
“De Cantabria” (álbum).
“La Mujer en los Palacios Reales”, por Valentín Gómez.
“Trascaut per les Serres (Cuadros de la Segarra)”, por Joan Pons y Massaveu.
“Virginia”, tragedia por Manuel Tamayo y Baus.
“Hija y madre”, drama por ídem.
“La locura de amor”, drama por ídem.
“La bola de nieve”, drama por ídem.
“Colección de madrigales clásicos”.
“Blancos y negros”, por Arturo Campión.
“Víctor Hugo, semblanza”, por ídem.
“Contrastes (cuadro de costumbres)”, por ídem.
“Un drama nuevo”, por don Joaquín Estévanez (dos ejemplares iguales).
“No hay mal que por bien no venga”, comedia por ídem.
“Lo positivo”, comedia por ídem.
“Lances de honor”, drama por ídem.
“En honor de Trueba”, por varios.
“Inauguración de la Biblioteca Nacional de México”.
“Solita o Amores archipis onicea”, novela por don Manuel Polo y Peyrolón.
“Costumbres populares de la sierra de Albarracín”, por ídem.
“Las sepulturas de los hombres ilustres en los cementerios de Madrid”, por don Manuel Mesonero Romanos.
“Cartilla agrícola y pecuaria”, por Aurelio López Vidaur.
“Estudio clásico sobre el análisis de la lengua española”, por Manuel Rodríguez y Rodríguez.
“Anuario-Guía de la Prensa española e industrias anexas”, edición de 1.897.
“Código Civil de la República de Guatemala” (1.877).
“Colecció de Monografías de Catalunya”, anotadas por Joseph Reig i Vilardell. Edición ilustrada (Barcelona, 1.890).
“Almanaque de El Correo Español 1.898”.
“Actualidades: segundo semestre de 1.893”.
“Actas del Congreso Sud-Americano de Derecho Internacional privado”.
“El Arte Industrial en España”, por Pablo de Alzola y Minando.
“Episodios novelescos de la Historia Patria: La insurrección de los Comuneros”.
“La Madre de Dios de Begoña”, por Arístides de Artiñano.
“Vocabulario de palabras usadas en Álava y no incluidas en el Diccionario de la Real Academia Española”, por Federico Baráibar.
“El código de los locos” (comedia en 3 actos), por Pedro Balgañón.
“Marcela o ¿cuál de los tres?” (comedia en 3 actos), por Manuel Bretón de los Herreros.
“El pelo de la dehesa” (comedia en 5 actos), por ídem.
“Campañas teatrales” (crítica dramática), por Eduardo Bustillo.
“Cosas de la vida”, cuentos y novelitas por ídem.
“Razón de Estado” (juguete cómico en 2 actos y en verso), por ídem.
“Cartas trascendentales” (comedia en 1 acto y en verso), por ídem.
“El laurel de los laureados” (paso dramático), por ídem.
“Los valientes” (sainete en 1 acto y en verso), por Javier de Burgos.
“La viudez de Alina” (novela), por Th. Benzón.
“El estupor melancólico”, por Juan Barcia Caballero.
“Muérete ¡y verás!” (comedia en 4 actos), por Manuel Bretón de los Herreros.
“A Madrid me vuelvo” (comedia en 3 actos), por ídem.
“Mesa revuelta” (ensayos literarios), por Juan Barcia Caballero.
“Rimas”, por ídem.
“La cuestión palpitante, cartas a la señora doña Emilia Pardo Bazán”.
“Lazos de amor y amistad” (comedia en 1 acto y en verso), por Eduardo Bustillo.
“El ciego de Buenavista” (romancero satírico de tipos y malas costumbres), por ídem.
“Florilegio”, por R. Benavides y Ponce.
“Ensayos literarios”, por J. Baltasar Chapsaur.
“Croquis humanos” (cuentecillos y bocetos de costumbres), por E. Bertrán Rubio.
“Más croquis”, por ídem.
“Curiosidades físico-astronómicas”, por Ramiro Blanco.
“Cántabras”, por Luis Barreda.
“La crisis económica en la época presente y la descentralización regional”, discurso por Alfredo Brañas.
“Vizcaya minera”, por Mario de Basfelia.
“Alegato por las Virtudes Reales contra la falsa razón de Estado que en este Romance de ciego ofrece a los que tuviesen buena vista un Bachiller de Filosofía”.
“Tiranías del corazón” (cuento), por Tatherina Brabber.
“Borradores curiosos”, por Manuel Bellido y González.
“La literatura española en el siglo XIX”, por el P. Francisco Blanco García, en 3 volúmenes.
“Historia de la dominación de los árabes en España”, por José Antonio Conde, en 3 volúmenes.
“Investigaciones históricas referentes a Guipúzcoa”, por Carmelo de Echegaray.
“Gramática latina”, por Santiago de Córdova de la Hoz.
“Mis dos viajes a América”, por el Conde de Casa-Valencia.
“La libertad política en Inglaterra en la época presente”, por ídem.
“Varios discursos”, por ídem.
“Esfuerzos del ingenio literario”, por León Mª Carbonero.
“Primicias”, por Salvador Cabeza León.
“Cien páginas en líneas métricas”, por Félix Colongues Klimt.
“El pecado del siglo” (novela histórica), por José T. de Cuellar.
“La Celestina”, por R. de Cota y F. de Rojas, en 2 volúmenes.
“Oligarquía y caciquismo”, por Joaquín Costa.
“La gorriona”, por el P. Luis Coloma.
“Pilatillo”, por ídem.
“La regeneración… liberal”, por un católico español.
“Sobre el le y el desatino”, por Juan Cudra.
“Canto a la Cruz”, por Luis F. Contardo.
“La Cruz del Valle” (poema), por Isabel Cheis.
“A 0,50 poeta” (epístola), por Clarín.
“Cristóbal Colón” (poema); por José Joaquín Casas.
“Cinco poesías de Rosalía de Castro” publicadas por la R.A.E.
“La conversión de Francisco Coppé” (traducción de Álvaro L. Núñez).
“La mujer ante el Derecho” (discursos), por Juan Cancio Mena.
“Observaciones que el capítulo XIII del opúsculo del señor Cardenal Sancha, Arzobispo de Toledo, ha inspirado a un ciudadano español”.
“Las Constituciones españolas de 1.812 y la vigente de 1.876”.
“La Fuente de Santa Polonia y el Duende crítico” (curiosidades madrileñas), por Hilario Peñasco de la Fuente y Carlos Cambronero.
“Congrés des langues romanes ouvert a Bordeaux le 5 aout 1.895”.
“Communicationes faites au Congrés International des langues romanes tenu pour le premiere fois a Bordeaux du 5 aout 10 aout 1.895”.
“Rassegna de la litteratura straniera (spagnuola)”, di G. A. Tesarco (dos ejemplares iguales).
“Crónica del IV Congreso Católico Español”.
“La Cientificomanía”, por J. Domínguez Berrueta.
“El Misticismo en la poesía”, por ídem.
“Música nueva”, por ídem.
“La buena prensa”, por ídem.
“Poesía popular”, por Demófilo.
“La Obra” (juguete cómico), por Sinesio Delgado.
“La puerta del infierno” (zarzuela”, por ídem.
“La baraja francesa” (sainete lírico), por ídem.
“El gran mundo” (zarzuela), por ídem.
“Paca la pantalonera” (sainete lírico), por ídem.
“La gente menuda” (sainete), por ídem.
“Las modistillas” (sainete), por ídem.
“Somatén” (zarzuela), por ídem.
“El baile de máscaras” (sainete), por ídem.
“El Grillo, periódico semanal” (sainete), por ídem.
“La señá Condesa” (juguete cómico), por ídem.
“Historia vulgar” (novela), por Rafael Delgado.
“Antes de la boda” (monólogo), por ídem.
“Le vieux chasseur”, par Deycoux.
“Figures pour l´ Almanach du bon jardinier”, par Deccrisne et Herineq.
“Voces usadas en Chile”, por Aníbal Echeverría Reyes.
“Sobre lenguaje, disquisición bibliográfica”, por ídem.
“Nociones de Ortografía Castellana”.
“¡Los españoles no tenemos patria!”, por Santiago Ezquerra.
“Tipos veracruzanos”, por José Mª Esteva.
“Corazones bravíos” (cuentos), por José de Elda.
“Estado de la cultura española y particularmente catalana en el siglo XV” (conferencias leídas en el Ateneo Barcelonés con ocasión del centenario del descubrimiento de América).
“Reseña histórica de la conquista del Reino de Granada por los Reyes Católicos, según los cronistas árabes”, por Leopoldo de Eguilaz Yanguas.
“El Hadits de la Princesa Zoraida, del emir Abulhasan y del caballero Aceja” (relación romancesca del siglo XV o principios del XVI en que se declara el origen de las pinturas de la Alhambra), por ídem.
“Etude des Peintures de l´ Alhambra”, por ídem.
“Viajes de Santiago Estrada”, en 2 volúmenes.
“Miscelánea”, por ídem.
“Discursos”, por ídem.
“Estudios biográficos”, por ídem.
“Teatro” (colección de artículos), por ídem.
“Las fiestas de Sevilla”, por ídem.
“En un álbum” (poesías), por varios.
“Teatro completo de Juan del Encina”.
“La prima Juana” (novela), por José de Elola.
“Eugenia” (novela), por ídem.
“Antología de poetas hispano-americanos” publicada por la R.A.E., en 4 volúmenes.
“La Cadena”, por M. Amor Mellán.
“Antología ecuatoriana” (poetas).
“Antología ecuatoriana” (poesía popular).
“Clemencia”, por Ignacio Mª Altamirano.
“El virreynato de México”, por Enrique de Aguilera y Gamboa, marqués de Cerralbo.
“Segundo centenario de don Pedro Calderón de la Barca” (poesías premiadas en los certámenes abiertos por la R.A.E.).
“En la costa”, por Teodoro Baró.
“Ensayo de un catálogo general de las obras referentes a Vizcaya, Guipúzcoa, Álava y Navarra”, por Ángel Allende Salazar.
“Homología de los miembros”, por Juan Barcia Caballero.
“Discurso leído por Víctor Balaguer en los Juegos Florales el 25 de junio de 1.897”.
“Discursos leídos ante la Academia de la Historia, en la recepción del señor don Mariano Carlos Solano”.
“Discursos leídos ante la Academia Española, en la recepción de don Emilio Cotarelo y Mori”.
“Memorial de la villa de Utrera”, por el licenciado Rodrigo Caro.
“La divinidad de Jesucristo ante las escuelas racionalistas”, por Francisco Caminero.
“Discursos leídos ante la Academia Española, en la recepción de don Daniel de Cortázar”.
“Crónica del segundo Congreso Católico Nacional Español”.
“Crónica del tercer Congreso Católico Nacional Español”.
“El P. José de Acosta y su importancia en la literatura científica española”, por José R. Carracido.
“Cantos de la Montaña” (armonizados por el maestro Rafael Calleja).
“Discursos leídos ante la Academia de la Historia, en 20 de junio de 1.897, por Pedro de Madrazo y Juan Catalina García”.
“Cervantes. Causa de Valladolid, año de 1.605”.
“Don José María de Pereda” (estudio crítico), por Augusto Tharvo-Hidalgo y Díaz.
“Teatro escogido de Pedro Calderón de la Barca”.
“Pequeñeces…” (novela), por el P. Luis Coloma, en 2 volúmenes.
“Del natural (coplas varias)”, por ídem.
“Colección de lecturas recreativas”, por ídem.
“Código Civil Español, 1.902”.
“Colección de documentos inéditos relativos al descubrimiento, conquista y organización de las antiguas posesiones españolas de Ultramar”, en 4 volúmenes.
“Expedición al gran lago Nahuet-Huapi”.
“Biografía del excelentísimo señor don Pedro Salaverría”, por Antonio Mª Fabié, en 2 volúmenes.
“Farsas y Églogas de Lucas Fernández”.
“Poesías selectas de Adolfo de la Fuente” (2 ejemplares iguales).
“La última carta” (monólogo), por Francisco Flores García.
“Galeotito” (juguete cómico en 1 acto), por ídem.
“Como barbero y como Alcalde” (sainete en 1 acto), por ídem.
“El diablo harto de carne…” (juguete cómico), por ídem.
“Costumbres y tradiciones”, por Manuel Fernández Junco.
“Habana y Nueva York. Estudios de viaje”, por ídem (dos ejemplares iguales).
“Tipos y caracteres”, por ídem.
“Sátira contra viejos y malas costumbres actuales”, por ídem.
“De Puerto Rico a Madrid”, por ídem, 1 ídem.
“Varias cosas” (colección de artículos, etc.), por ídem.
“Semblanzas puertorriqueñas”, por ídem.
“Impresiones”, por Antonio Frates y Sureda.
“Fernando Poo y sus dependencias”, por el Dr. Ferrer Piera.
“Vejeces”, por Fernán Roca.
“Antonia Fuertes” (novela), por el marqués de Figueroa.
“El último estudiante” (novela), por ídem.
“De la poesía gallega” (discurso), por ídem.
“La mujer española en Indias”, por Cesáreo Fernández Duro.
“El doctor Navascués” (novela), por fray Pedro Fabo.
“La religión de los antiguos tagalos”, por Ventura Fernández López.
“El espíritu nacional”, por Jerónimo Forteza.
“Pinceladas. Cuadros de costumbres de la zona Oriental de Asturias”, por Antonio Fernández Martínez.
“Aforística social”, por José Leopoldo Fou.
“Don Fabián de Miranda, Deán de Sevilla”, por Cayetano Fernández.
“Charamuecas (escenas y tipos del Uruguay)”, por B. Fernández y Medina.
“La perla de la juventud”, por P. F. P.
“María”, por Ignacio ¿Gamboa?.
“¿Feudalismo? moderno”, por Juan Gallardo.
“¿Marino viejo?”, por Luis González Obregón.
“Breve noticia de los novelistas mexicanos en el siglo XIX”, por ídem.
“Siluetas”, por U. González Serrano (2 ejemplares iguales).
“Los liberales sin máscara”, por Valentín Gómez.
“La dama del Rey” (drama histórico), por ídem.
“El alma de hielo” (drama), por ídem.
“El celoso de sí mismo” (drama), por ídem.
“La flor del espino” (drama), por ídem.
“Arturo” (drama), por ídem.
“El desheredado” (comedia), por ídem.
“El mayordomo” (cuadro dramático), por ídem.
“Ellos y nosotros. Episodios de la Guerra Civil”, por Sabino Goicoechea.
“Meridionales” (cuentos), por Luis Grande Baudesson.
“Granos de arena”, por ídem.
“La novela contemporánea en España”, por Agustín Gómez García.
“Arte poética de Horacio”, traducción por Dolores Gortázar Serantes.
“La forastera” (novela), por P. Gallardo.
“Quintín Trastienda” (novelita), por S. Gomila.
“Higiene rural”, por P. García del Moral.
“La Felicidad” (discurso sagrado), por Eliseo González.
“Discurso sagrado en honor de María”, por ídem.
“Por la raza”, por Telesforo García.
“El arte de vivir”, por Leopoldo García Ramón.
“Romancero español”, por F. González Prieto.
“Oración fúnebre en las honras de Cervantes y demás ingenios españoles”, por el P. Antonio Hernández.
“Medallas de los gobernadores de los Países Bajos en el reinado de Felipe II”, discurso por Adolfo Herrera y Chiesanova.
“Notre Dame de París”, por Víctor Hugo.
“Estudios sobre España”, por F. Huneens Gana, en 2 volúmenes.
“La imprenta en Sevilla”, por F. Hazañas.
“Discursos”, por ídem, en 3 volúmenes.
“Vida de Lazarillo de Tormes”, por D. Hurtado de Mendoza.
“Leyendas y Narraciones”, por Alejandro Herculano.
“Gran guía de Buenos Aires” (1.886).
“María del Puy” (novela), por Gregorio Iribas.
“Guía de los españoles en la República Argentina”, por Justo S. López Gómara.
“Enlaces de Reyes de Portugal con infantas de Aragón” (discurso), por Juan Jordán Urríes.
“Tablas de reducción del cómputo hebraico al cristiano y viceversa” (2 ejemplares iguales).
“Reforma de la Ortografía Castellana”, por José Jimeno Allús.
[1] Sólo tenemos una relación parcial de las donaciones, tal como se publicaron en el diario El Cantábrico de Santander el 17 y 22 de julio, el 9 y 27 de agosto y el 1 de noviembre de 1907; el 18, 25 y 26 de mayo, el 11 y 16 de junio y 29 de diciembre de 1908 y 7 de enero de 1909, si bien no figuran en ningún caso los años de edición. La Comisión de la Biblioteca Municipal de Santander dirigió a Diodora de la Revilla el citado escrito de agradecimiento que fue publicado en La Atalaya y El Cantábrico el 29 de noviembre de 1907. Recuerdo haber consultado uno que le dedicó M. Polo y Peyrolón titulado Supuesto parentesco entre el hombre y el mono, del que tenía la primera y segunda edición de 1878 y 1881, editadas en Madrid y Valencia.
[2] Bravo Villasante, Carmen: «Veintiocho cartas de Galdós a Pereda», Cuadernos Hispanoamericanos, nº 250-51-52, octubre 1970 a enero 1971, pp. 10-11. Se observan muchas deficiencias en la reproducción de las cartas. Merece la pena volverlas a publicar.
[3] Madariaga de la Campa, Benito: José María de Pereda y su tiempo, Santander, Ayuntamiento de Polanco, 2003, p. 80.
[4] Bravo Villasante, Carmen: ob. cit., p.10.
[5] Apuntes para la biografía de Pereda, Santander, El Diario Montañés, 1 de mayo de 1906, p. 22.
[6] «Simpatías y antipatías literarias de Pereda”, BBMP, 2006, pp. 183-208.
[7] En la época de Pereda la Librería de Escamilla, en la calle Carretas, y la de Torner publicaban los títulos de los libros en oferta de teatro, novela histórica y de costumbres, que se leían entonces.
[8] Epistolario de Pereda y Menéndez Pelayo, Santander, Sociedad Menéndez Pelayo,1953, p. 38.















