Erotismo anal, sublimación trascendente y regresión en Torquemada de Benito Pérez Galdós[1]

Santiago Sevilla-Vallejo, Universidad de Salamanca

Resumen

Torquemada es un personaje muy interesante por la transformación psicológica que experimenta. A lo largo de la tetralogía (Torquemada en la Hoguera, 1889, Torquemada en la Cruz, 1893, Torquemada en el Purgatorio, 1894, Torquemada y San Pedro,1895[2]) presenta un apego muy fuerte a lo material, pero aspira a trascender este límite de distintas maneras. Estas obras de Benito Pérez Galdós muestran a un hombre que trata de encontrar una vida espiritual desde un planteamiento materialista. De este modo, construye una religión de lo material (Smith 365). En este trabajo, se parte del estudio de la identidad del personaje hecho por Urey para profundizar en su lucha y en el conflicto entre el erotismo anal freudiano y la sublimación religiosa. Se analizará también la oposición entre los progresos que hace en su personalidad y la regresión en los momentos de frustración.

Abstract

Torquemada is a very interesting character due to the transformation he undergoes. Throughout the tetralogy (Torquemada en la Hoguera, 1889, Torquemada en la Cruz, 1893, Torquemada en el Purgatorio, 1894, Torquemada y San Pedro, 1895) shows a very strong attachment to the tangible, but aspires to transcend this limit in different ways. These works by Benito Pérez Galdós show a man who tries to find a spiritual life from a materialistic approach. In this way, he builds a religion of the material (Smith 365). In this work, we stem from the study of the identity of the character made by Urey to deepen his struggle and the conflict between Freudian anal eroticism and religious sublimation. The opposition between the progress of his personality and his regression in moments of frustration will also be analyzed.

Introducción

Torquemada presenta en un sentido amplio la tensión que experimentan otros personajes galdosianos entre aspectos más terrenales y ciertos ideales. En el caso de Torquemada, se opone su apego materialista con sus deseos no solo de mejorar la opinión que tienen los demás de él, sino de defender que es caritativo y digno del cielo. Tal como estudió Fernández Cifuentes, este personaje es menospreciado por ser usurero y por sus costumbres vulgares y eso lleva a que a veces sea nombrado con términos que indicarían su carácter contrario a la religión, como “demonio” o “infernal espíritu” (Smith 74). Sin embargo, el propio personaje piensa en términos religiosos, que se ven entorpecidos por sus carencias en formación espiritual. Si bien Fernández Cifuentes lo ha definido como ambiguo creyente, más bien lo que hace es confundir lo espiritual y lo material, es decir, circunscribe lo espiritual a los efectos que puede tener Dios sobre la economía y a la capacidad para traer prosperidad y evitar las desgracias a quienes creen. La tetralogía de Torquemada nos cuenta la historia de un hombre humilde que reside en los barrios bajos del sur de Madrid, que vive de la usura y que quiere retener la mayor riqueza posible. Tiene rasgos negativos propios del arquetipo del avaro, pero se va a estudiar que tiene algunas características que lo diferencian

Si bien Torquemada no es el personaje más célebre de Benito Pérez Galdos, McDermott señala que se trata de una obra esencial en la trayectoria del escritor. Según este estudioso, su importancia radica “en su evolución hacia un realismo espiritualista, una obra maestra de creación cómica en la comedia humana de sus novelas contemporáneas” (492). Esta serie de novelas ofrece una visión a veces risible de las esperanzas absurdas de un personaje que fracasa en lo esencial, pero no se podría identificar el género de la obra como comedia porque el fondo de la historia remite a la lucha existencial del protagonista. Los estudiosos que han analizado los aspectos dramáticos de la obra han hecho hincapié en los motivos que llevan a la derrota última del personaje. Han señalado motivos sociológicos (Blanco, Matzat) y teorías biológicas (Fuentes, Quintana). Los primeros señalan que la tetralogía muestra el ascenso del valor del comercio y del positivismo sobre la espiritualidad y retratan un momento histórico de cambio social en España que resulta contradictorio. Torquemada es portador de unas ideas materialistas y de unos orígenes “sin principios”, en palabras del propio personaje, que le van a impulsar socialmente, pero que le van a producir la mayor insatisfacción. Sin negar lo anterior, este estudio se va a centrar en la búsqueda de trascendencia del personaje.

En cuanto a las cuestiones biológicas, se puede observar el texto a la luz de teorías de evolución y degeneración tan presentes en la segunda mitad del siglo XIX para explicar cuestiones históricas en base a supuestos motivos científicos. Esta concepción no parece muy precisa en este caso porque los dilemas a los que se enfrenta el protagonista están presentes desde el comienzo hasta el final con una misma naturaleza, es decir, no se produce un deterioro de su situación por sus propias acciones, sino que la caída de Torquemada obedece a la degradación normal por su envejecimiento. El personaje no se deteriora moralmente, sino que simplemente va perdiendo fuerzas con el paso de los años para enfrentarse al mismo conflicto que tiene desde el comienzo del texto. En cualquier caso, la posible degeneración no parece el elemento central de la  tragedia que experimenta el personaje. De modo que nos vamos a centrar en el análisis en sus anhelos contradictorios.

Para leer la tetralogía de Torquemada, necesitamos tener una visión de conjunto que nos permita comprender el universo que construye. En este sentido, Cáceres sistematiza el valor de esta tetralogía en cinco consideraciones (2012, 217-219):

  1. El  realismo galdosiano tiene un carácter trascendente que transgrede los postulados positivistas en beneficio de una visión espiritual y vitalista del mundo
  2. Esta transgresión expresa la incertidumbre entre lo espiritual y lo material. Torquemada convierte al cuidado del dinero en una especie de religión o, en otras palabras, sigue la “ortodoxia de la avaricia y la usura”. Asimismo, cree poder llegar a ser moralmente bueno, pero sin desprenderse de nada material, lo cual hará que pase de ser victimario a víctima.
  3. Se oponen  su ortodoxia de la avaricia  y la usura con la liberalidad que le exige vivir en sociedad.
  4. El realismo galdosiano contiene un simbolismo, en este caso, construido a partir de lo que representan los personajes y de una serie de campos semánticos, como  puede ser lo religioso.
  5. “Francisco Torquemada, víctima de una rígida concepción aritmética del mundo, se enfrenta con la indecisión de la salvación o condenación”. Este personaje se convierte en víctima o mártir secularizado.

Torquemada es un personaje complejo porque simboliza los conflictos de una época que, con sus variaciones, también podrían ser conflictos de la nuestra. Como se ha dicho, tiene muchos defectos, pero presentarlo como ejemplo de la soberbia (Correa 295) o de la ignorancia y la pérdida de la individualidad  (Earle) reduce su complejidad. En este estudio, se va a profundizar en las motivaciones del personaje y en la tensión entre distintas tendencias psicológicas dentro de él (pulsión anal, sublimación trascendente y regresión).

Algunos usureros en la literatura

Los usureros en la literatura funcionan como representantes de ciertas características humanas, en algunos casos positivas, en cuanto que suelen ser buenos comerciantes; pero la mayor parte negativas, porque son identificados con la avaricia y la crueldad. Normalmente, el usurero tiene como objetivo retener la máxima riqueza posible. Como se verá, esto está intrínsecamente relacionado con el erotismo anal planteado por Sigmund Freud. Tratar de resumir la presencia de los usureros en la literatura es una tarea que supera con mucho lo que se puede desarrollar en este capítulo. Con todo, interesa mencionar un par de ejemplos para resaltar el carácter especial de Torquemada. No se pretende tampoco analizar en detalle las influencias en las obras de Galdós porque no es el objeto de este estudio, sino tomar los ejemplos como representantes de un modelo típico en el que Torquemada no cabe plenamente.

Dos textos muy conocidos y, por ello, muy significativos dentro de la cultura occidental serían El avaro (1668) de Molière y Gobseck (1830) de Honore de Balzac. Ambos personajes se mueven de forma completamente egoísta o autocentrada en ellos mismos. Por un lado, Harpagon es totalmente insensible a los sentimientos de cualquier otra persona, incluidos sus hijos; por otro lado, Gobseck utiliza a los que le rodean para construir su fortuna personal sin importarle las desgracias ajenas. Resulta sencillo establecer al menos la influencia de Balzac en Galdós porque se pueden encontrar distintas referencias en los Episodios Nacionales a la obra del novelista francés. Hay alusiones en los primeros capítulos de Episodios Nacionales y menciones de los propios personajes sobre obras del escritor francés, particularmente en La España trágica.

No obstante, el interés está puesto en establecer un contraste entre personajes como Harpagon y Gobseck y Torquemada. Desde el comienzo se puede ver que Torquemada es también duro con algunos de sus familiares, como ocurre con su primera esposa y su hija Rufina, pero es un amante esposo de Fidela y un entregado padre de su primer hijo Valentín y tiene una relación ambivalente con su segundo hijo, al que también llama Valentín. De modo que es un personaje más complejo que Harpagon en sus relaciones con los demás. Por otro lado, se puede establecer una relación más detallada entre Gobseck y Torquemada porque la proximidad en el tiempo entre los dos textos permite encontrar más similitudes. Ambos personajes prosperan en una gran ciudad donde impera el comercio (París y Madrid, respectivamente) y se convierten en los representantes de este y, por tanto, de las sociedades retratadas. Podrían tratarse otras similitudes como el carácter desmañado y la parquedad del discurso, pero hay una diferencia sustancial. Gobseck busca conscientemente aprovecharse de los personajes a los que presta dinero, mientras que Torquemada, si bien en sus orígenes fue inflexible con los cobros y el ahorro, no busca directamente conseguir una ventaja social sobre otros. Gobseck sabe que actúa mal y decide seguir adelante, mientras que Torquemada se debate entre la frialdad de su negocio y el deseo de beneficiar a otros personajes. Por ello, Torquemada es también un personaje más complejo que Gobseck. Nos permite ver la pugna entre distintas tendencias psicológicas.

El erotismo anal, la sublimación trascendente y la regresión

Torquemada resulta un personaje fascinante por los conflictos que tiene consigo mismo y con quienes le rodean. Earle ha valorado que sería un antecedente del hombre-masa por la ignorancia y vulgaridad con que responde a las presiones sociales. Esto es parcialmente cierto porque tiene esas características, sin embargo, la misma agonía que experimenta frente a los requerimientos sociales y sus deseos torpes pero ascéticos deben llevar a matizar este análisis. En otras palabras, es cierto que el personaje presenta características grotescas, que incluso hacen cómicos sus problemas, pero eso no reduce el carácter trágico de su experiencia (Sánchez Barbudo 48). Los académicos han observado que el conflicto de las novelas de Benito Pérez Galdós reside entre los aspectos materiales e inmateriales de la naturaleza humana. Estos aparecen incluso como opuestos: “From this perspective, the story of Torquemada symbolizes the conflicts of materialism and spirituality or sin and grace” (Urey 42). Torquemada se dedica a la usura con mucha entrega y una dureza que castiga a los deudores. Por su nombre y por su actitud se sugiere que este personaje sería un inquisidor, en este caso no de cuestiones morales, sino materiales: “La serie novelesca eleva al protagonista hasta la altura infinita de aquel que debe crear todo un mundo plausible centrado en el juego del inquisidor perverso y usurero. Por eso, este sujeto avaro hace de la noción de víctima un acto de conquista material” (Cáceres 2012, 215).

Las novelas que se están estudiando presentan una visión de la España de la segunda mitad del siglo XIX, donde el peso de lo material está sustituyendo progresivamente a lo espiritual. “Él es un personaje atado a la pasión doctrinal del negocio o la transacción. Estos dos elementos temáticos funcionan como verdaderos inquisidores en el modo de ser del protagonista” (Cáceres 2012, 215). Torquemada va consiguiendo una posición social cada vez más prominente, pero que no le va a satisfacer en absoluto. Los mismos títulos de las novelas nos indican el sufrimiento que experimenta: Torquemada en la Hoguera, Torquemada en la Cruz, Torquemada en el Purgatorio, Torquemada y San Pedro. Como vamos a analizar, el personaje solo ha conocido lo material y, por ello, se encuentra en una prisión psíquica (Sevilla-Vallejo 2020b, 741) que le impide experimentar una vida plena. “Más que victimario, termina siendo víctima de los designios irrecusables de una ‘religiosidad inquisidora’: el dinero, los negocios y las transacciones” (Cáceres 2012, 215).  

Torquemada representa un caso de personalidad anal porque su materialismo responde al placer de retener riquezas. Tal como planteó Freud hace más de cien años,  las cualidades del orden, del ahorro y de la terquedad tienden a darse conjuntamente porque, como descubriría unos años después, remiten a la estructura de personalidad obsesiva o anal (1985). Según la teoría freudiana, en el desarrollo fisiológico una de las etapas evolutivas por las que pasa cualquier persona se refiere al control de esfínteres. Esto en la edad adulta pierde el valor literal y gana un sentido simbólico sobre la capacidad de desprendimiento. Como veremos, la obra de Galdós es especialmente interesante porque juega con ambos planos. En cierto modo, parecería que el texto anticipa la teoría psicológica. El carácter anal del Torquemada se expresa tanto por referencias a estómago como por su deseo de retener la riqueza. Es decir, el alimento y el dinero funcionan simbólicamente como formas de la riqueza y expresan el conflicto materialista que se relata. Torquemada es un personaje muy organizado en sus negocios, extremadamente ahorrativo y profundamente convencido de su religión del ahorro. Se mueve por el erotismo anal que supone retener las ganancias. Sin embargo, a esto se opone una forma de sublimación. Torquemada hace actos de caridad y busca la salvación del país a través del don de su primer hijo Valentín y de sus propios planes económicos. Podríamos denominar a este esfuerzo como sublimación trascendente, porque pretende ir más allá de lo material que suele encorsetar al personaje. Este lucha por llevar una vida más elevada pero, cuando sus deseos se ven frustrados, sufre regresiones a su forma primitiva del comportamiento (Freud 1991b, 26).

Vamos a comentar brevemente los rasgos que se dan en TH para caracterizar al personaje. En esta novela se relata su pasado de usurero de baja clase. Solo le importan sus negocios y su hijo Valentín, el cual tiene un intelecto privilegiado para las matemáticas, pero desgraciadamente este enferma de meningitis siendo un niño. Este factor va a ser detonante para apreciar un notorio cambio en su carácter, que da lugar a la primera sublimación trascendente del texto.

Como se va a comentar en detalle, Torquemada es un personaje atrapado en el materialismo, pero que busca por vías truncadas la trascendencia. Por ejemplo, ve en los dones matemáticos de su hijo la salvación del mundo y así según él: “El niño Valentín, por su destreza matemática, es un mesías muy adecuado para esa sociedad materialista en la que lo más importante es la ciencia de los números” (Smith 364). Torquemada aplica su materialismo a la salvación en cuanto que presupone que las capacidades de su hijo le dan un puesto privilegiado no solo en el mundo, sino también en el cielo. Espera que Valentín salve al mundo a través de acciones concretas como cálculos matemáticos u obras de ingeniería. Así incluso Torquemada se eleva a sí mismo cuando considera que Valentín es creación en igual medida de Dios y de él y eso conllevará el castigo en TH, porque los sueños que tiene puestos en su hijo quedan malogrados: “Torquemada tiene que sufrir por su hibris moderno, por haberle dado al mundo el fuego, o la luz, de la inteligencia de Valentín. Torquemada ha querido ser dios, ha cometido hibris, el pecado de orgullo” (Smith 364).

En TH, se observa que la enfermedad del hijo produce un cambio en el personaje hacia lo espiritual. Abandona el escepticismo que le había inculcado Bailón para ser un caritativo cristiano a cambio de la mejoría de su hijo. Empieza a preocuparse por el bienestar de sus clientes e incluso quiere perdonarles algunas deudas que tienen con él, pero su caridad espera una recompensa y, cuando esta no se da, él pierde la fe y los buenos deseos. Así la muerte de su hijo le llena de resentimiento hacia Dios y le lleva a arrepentirse de sus esfuerzos por cuidar del prójimo: “A eso te respondo que si buenos memoriales eché, buenas y gordas calabazas me dieron. La misericordia que yo tenga, ¡…ñales! Que me la claven en la frente” (VI). Él pensaba que realizando buenas acciones podría conseguir que Dios se apiadara de él. Es decir, confiaba en una justicia retributiva, por la que las buenas acciones reciben premios y las malas reciben castigos.

Así, desde el comienzo de la serie, trata de sustentar la fe en la retribución materialista, lo cual es una tentación con las que los lectores podemos sentirnos identificados. Puede mostrar la tendencia contemporánea a una fe que depende  del placer y del dolor de la propia vida. Con todo, la diferencia de Torquemada frente a otros usureros es que no solo le motiva la riqueza, sino que quiere a otras personas, en este caso a su hijo, y que trata, aunque con torpeza, de llegar a una trascendencia. A lo largo de la serie, el protagonista va buscar la salvación de otros personajes y de sí mismo. El problema es que no ha recibido ningún tipo de formación espiritual que le permita trascender sus fijaciones anales. Solo puede entender la religión desde la retención y la entrega de riquezas. Un aspecto esencial que diferencia a Torquemada de otros usureros de la literatura es que no solo es victimario, sino también y e mayor medida es víctima de la sociedad circundante, que es en su conjunto igualmente materialista.

Tal como ha estudiado Villacorta, la evolución del personaje se da en tres etapas (80), que se refieren a su época de aprendizaje como usurero de baja clase entre el año 51 y el 68; su ascenso social, en la que llega a senador; y el marquesado, donde ya ha alcanzado la mayor posición social a la que aspiraba. Conforme avanza la trama, el personaje va a ir ganando unas costumbres y un lenguaje más sofisticado, pero el conflicto esencial no se va a resolver. Es decir, la narración de la serie de Torquemada presenta una problematización de la vida en comunidad en cuanto que produce un desencuentro entre lo material y lo religioso. En el personaje de Torquemada se concentra esta problemática. Son muchos los estudios que han señalado aspectos de degeneración y carencia de identidad en el personaje, pero, como se mencionaba, Torquemada no se limita a dejarse arrastrar, sino que mantiene una tensión entre lo material y lo espiritual que convierte el texto en una verdadera tragedia prometeica. En él existe una evolución social que lleva al ascenso social y caída personal como sacrificio por la humanidad. Torquemada consigue el ascenso económico y político, pero con grandes pérdidas existenciales y sin llegar nunca a sentirse parte de la clase alta con la que se relaciona. No encuentra el sentido de su forma de vida y, en el camino, va perdiendo a los seres que le quieren sin el consuelo del reencuentro en la vida ultraterrena. Él solo comprende bien sus negocios, pero estos no le dan un sentido a su existencia e incluso el beneficio de estos es malgastado en los compromisos sociales que adquiere. Desea con fervor ir más allá del materialismo porque los demás personajes le consideran malvado y él quiere ser bueno y también porque busca la salvación para sí y para los seres a los que quiere. 

Si bien el nudo del conflicto permanece incambiable, y por ello algunos críticos han visto en Torquemada la imagen de la decadencia, existe también una evolución en el personaje ya que comienza en la serie novelesca como un torturador usurero, avaro tanto con su mujer como con sus clientes; para después ir aceptando a regañadientes el gasto y preocuparse de algunas personas, sobre todo de Valentín y de su esposa Fidela, y del bienestar social a través de las medidas y reformas en las que participa; para finalmente tratar de recuperar sus orígenes y buscar la salvación. Esta evolución se expresa a través de la oposición entre dos mundos, el financiero y el religioso, que aparecen confundidos (García Sarria 106).

 Torquemada está en contacto principalmente con el primero y querría comprender mejor el segundo y hacerlo compatible. Es esta situación de encrucijada la que lleva a Torquemada a la hoguera, a la cruz, al purgatorio y ante San  Pedro. Torquemada puede ser comprendido en tres niveles distintos: “la narración de la experiencia única del usurero —Torquemada como individuo; el representatismo de su experiencia— Torquemada como personaje típico de su época; y, la mitificación de su experiencia —Torquemada como arquetipo” (Smith 363). Es decir, podemos fijarnos en el personaje o en cómo se proyecta como representante de un momento histórico o de lo humano en general. Este trabajo se acerca al personaje en el último caso, como representante de la tragedia humana que supone la imposibilidad de integrar los deseos propios de lo material y los anhelos de espiritualidad (Sevilla-Vallejo 2020a, 299). Torquemada puede parecer un afortunado a ojos de la sociedad, porque pasa de ser un usurero de clase baja a un personaje social perteneciente a la aristocracia e incluso la nobleza, pero su ascenso le va a enfrentar a un problema que no se puede resolver desde el materialismo:

La avaricia, la usura y la vanidad aparecen como un Credo basado en el materialismo, es decir, un atesoramiento material a costa de sus víctimas y deudas. El personaje de Torquemada evoluciona así de usurero a financiero. Y, precisamente, por el detonante del dinero, se convertirá en una víctima de sus deseos y pasiones. Así, estará sometido a la pasión doctrinal de la transacción. (Cáceres 2002).

La tetralogía de Torquemada presenta una aproximación entre el dinero, la propiedad y la clase que no va a ser posible lograr por completo y que, en último término, va a impedir al sujeto de tener una vida completa. Torquemada pertenece en un primer momento a la clase baja, pero con el dinero adquiere propiedades y ambos le ayudan a entrar en contacto con las clases altas y nobles. Sin embargo, Torquemada siempre se sentirá extraño en su nuevo círculo social y será manipulado por otros personajes. Los personajes que caracterizan la España que retrata Galdós no pueden llegar a ser auténticos. No responden a sus propios sentimientos, pensamientos y actitudes, sino que se mueven en un intercambio de intereses. Un caso claro se da en el matrimonio de Torquemada. Este no piensa en casarse, pero Donoso le convence de que un hombre de su posición debe casarse y de que él puede acordarlo con una de las hermanas de familia del Águila. Esta es una familia noble, pero empobrecida compuesta por tres hermanos: Cruz, Fidela y Rafael. Se da entonces una situación ridícula porque Torquemada no sabe al comienzo con cuál de las hermanas se va a hacer el compromiso y a Fidela se le comunica la necesidad de que sea ella la que se case para salvar a la familia de la pobreza. Tal como ha estudiado Irigoyen, el enlace se produce por un acuerdo ajeno a las voluntades de los contrayentes (264-265).

            Las novelas de Torquemada están marcadas por la tensión entre el ascenso social y la tragedia personal. Vamos a hacer una breve síntesis, para después analizar algunos ejemplos de cada una de las novelas. En TH, se presenta como un usurero rico pero de baja extracción que ya no solo se preocupa por el ahorro, sino también por ofrecer al mundo la salvación a través de su hijo Valentín. Es decir, él tiene pretensiones de generatividad, de ir más allá de sí mismo, pero esto se va a ver frustrado por la muerte de su hijo. Espera también que su propia caridad salve a su hijo. La segunda novela, TC, narra cómo se estrecha el vínculo entre Torquemada y la familia del Águila. Torquemada se compromete con Fidela y los consejos de estas y de un amigo de la familia, Donoso, hacen que consiga mejores negocios. Esta novela termina  con la boda, en la que Fidela enferma. La tercera novela, TP, lleva al reconocimiento social de Torquemada. Por consejo de las Águilas, especialmente de Cruz, Torquemada organiza reuniones y llega a ser un apreciado comerciante y senador. También tiene un hijo que, pese a que él espera que sea la reencarnación de Valentín, nace y crece con taras físicas y psicológicas. La novela termina con un discurso en el que Torquemada consigue la admiración generalizada, lo que lleva a Rafael del Águila al suicidio. Por último, en TS, muere Fidela y la salud de Torquemada se resquebraja. Este busca en conversación con el padre Gamborenea su salvación, pensando en que este tiene las llaves de la misma, como si fuera el propio San Pedro.

Fuente: https://escritores-del-mundo.fandom.com/es/wiki/Torquemada_en_la_hoguera

Como se ha comentado, TH presenta a un personaje que quiere cambiar su situación de ser un hombre rico, pero con muy mala imagen, a ser un hombre con una imagen moralmente más positiva e incluso a llegar a ser un caritativo cristiano. En este sentido, el lector puede atisbar la dureza del comportamiento del personaje en los años anteriores por cómo reaccionan sus clientes. Así, él está dispuesto a ayudar a Martín, un artista enfermo, pero su mujer no cree en sus buenas intenciones.

−¿Pero de veras va? No me engañe, por la Virgen Santísima.

−¿Pero la he engañado yo alguna vez? Otra queja podrá tener de mí; pero lo que es ésa…

−¿Le espero de verdad?… ¡Qué bueno será usted si va y nos socorre!… ¡Martín se pondrá más contento cuando se lo diga!

−Váyase tranquila… Aguárdeme, y mientras llego pídale a Dios por mí con todo el fervor que pueda (VI).

Esta mujer a través de la adversativa (“Pero de veras….”), de la negación (“No me engañe”) y la condicional (“…si va y nos socorre!”) está tratando de asegurar que Torquemada no olvida su palabra, porque no confía en ella. Por su parte, Torquemada espera a cambio oraciones que ayuden a su hijo. Pese a todas las reticencias de otros personajes, él es claramente capaz de amar. Y así los logros en matemáticas de su hijo Valentín “Casi le hicieron llorar” (III). No solo quiere lo mejor para su hijo, sino que también admira la superioridad de este sobre él. Torquemada querría haber recibido una buena educación, pero es Valentín quien realmente destaca en los estudios y Torquemada no siente vergüenza de ser superado por su hijo. Y tanto le ama que su enfermedad le llena de inquietud: “El desasosiego, la inquietud nerviosa, el desvarío del tacaño sin ventura, no se pueden describir” (IV); y su muerte le sume en el bloqueo más absoluto: “el patatús de Torquemada, y caído en profundo sopor. . .” (IX).

En esta novela se aprecia que el personaje ya había empezado a cambiar antes de la enfermedad de su hijo. En un primer momento, lleva una vida  sórdida, pero, por consejo de su hija Rufina, acepta ciertos gastos que mejoran su estilo de vida. Se viste con buenas ropas, cambia algunos elementos de la casa y come algo mejor. “Aceptó sin viva protesta, la renovación de manteles entre semana, el vino á pasto, el cordero con guisantes, los pescados finos en Cuaresma y el pavo en Navidad…” (II). Estos cambios son los primeros pasos para que el personaje empiece a ganar una cierta seguridad para relacionarse con otras personas: “Echábase mi hombre á la calle y se sentía, con la buena ropa, más persona que antes; hasta le salían mejores negocios, más amigos útiles y explotables” (II). “Pisaba más fuerte, tosía más recio, hablaba más alto y atrevíase á levantar el gallo en la tertulia del café, notándose con bríos para sustentar una opinión cualquiera. . . antes era de la opinión de los demás” (II).

Sin embargo, Torquemada apenas habla, salvo para admirar a su hijo y luego para temer por él. Como se va a detallar más adelante, Torquemada todavía no tiene los recursos para expresarse, por lo que acepta y asume al principio los monólogos del excura Bailón que, para él es una “sibila” por su capacidad para contar historias. Torquemada cree en los razonamientos poco fundamentados de Bailón para negar a Dios porque no dispone de recursos para valorarlos. “Todo esto le parecía de perlas a Don Francisco, hombre de escasa lectura”. Y solo lo considera “embustero y farsante” cuando lo que dice va a en contra de sus intereses. Torquemada está encantado con su habilidad para contar historias y usar un lenguaje que tiene más ornato que lógica. Tal como ha señalado Shirley, desea aprender “un lenguaje acicalado” propio de la post-Restauración” y que le sirve para empezar a progresar socialmente (836).

Fuente: https://librotea.elpais.com/libros/torquemada-en-la-cruz/

En TC, el personaje es instruido en la necesidad de mejorar su presencia para poder prosperar. Es interesante la oración: “No basta ser rico, sino parecerlo” (IX) que toma la estructura de la célebre frase “La mujer del César no solo debe ser honrada, sino parecerlo” para sustituir la honradez por la riqueza. Esto nos indica que la sociedad en la que vive concede valor en función de la posesión y la demostración de elementos materiales. Otro aspecto muy interesante es que en esta novela se produce la iniciación social de Torquemada. Tal como él mismo dice, no tuvo una adecuada educación y, sobre todo, no aprendió a expresarse. Su anhelo de progreso le lleva a apropiarse de las formas de hablar que le parecen cultas. Y es en la tertulia de las hermanas del Águila y Donoso empieza a construir una capacidad discursiva: “Pero su mayor asombro era que en una sola noche de palique con aquellas dignísimas personas había aprendido más términos elegantes que en diez años de su vida anterior” (XI). Como se estudiará más adelante, Torquemada es un personaje que es influido por otros personajes que tienen más capacidad comunicativa y, aunque recibe mucho de ellos, lo hace de una forma limitada. Aquí se observa que su aprendizaje al comienzo se reduce al léxico. Es también interesante cómo al entrar en relación con la alta sociedad se ve limitada su libertad. Así, le dice Donoso:

La riqueza impone deberes, señor mío; ser pudiente, y no figurar como tal en el cuadro social, es yerro grave. El rico está obligado a vivir armónicamente con sus posibles, gastándolos con la prudencia debida, y presentándose ante el mundo con esplendor decoroso (XI).

Poco después se le aparece su hijo Valentín y le pide que engendre un nuevo hijo para que él pueda resucitar. De este modo, Torquemada se siente llamado a la  tarea de devolver al mundo al que considera el Salvador. Por ello, decide casarse con Fidela y tener un nuevo hijo. Sin embargo, es debatible si se trata de una verdadera aparición o de algún tipo de alucinación por el lenguaje con que se expresa Valentín:

El Señor Grandísimo es bueno y me quiere. Como que me deja hacer en todo mi santísima voluntad, y ahora me ha dicho que me salga de este elemento, que me vaya contigo para convertirte y quitarte de la cabeza tus herejías endemoniadas.

−¿Y vienes a este elemento? −murmuró Torquemada, hecho un ovillo, la cabeza entre las piernas.

−Al elemento de la Humanidad bonita. Pero me da risa lo que tú piensas, padre. ¡Creer que salgo de la fosa con mi cuerpo de antes! ¿Estamos en los tiempos de la Biblia? No y no. Entérate bien: para ir allá, tengo que volver a nacer.

−¿Volver a nacer?

−Verbigracia, nacer chiquitín, como se nace siempre (XIV).

La forma con la que habla Valentín recuerda mucho al estilo informal y brusco con que habla Torquemada, por ello cabe que sea una experiencia de sus propia psique más que un milagro. No obstante, en esta segunda novela mantiene el proyecto que, desde el materialismo de la ciencia que encarna el primer Valentín, quiere producir una salvación trascendente en la sociedad. Él no es el único personaje materialista, sino el centro de una sociedad que lo es de forma más discreta. Por ejemplo, cuando se concierta el matrimonio que salva a la familia del Águila de la pobreza en la que vive, Fidela a se refiere a ello como algo venido del cielo.

Torquemada adquiere un aire de respetabilidad, el cual es criticado por Rafael del Águila porque este rechaza que su aristócrata familia se relacione con un personaje grosero y que se dedica a la usura. El protagonista en cierto modo no cambia su modus vivendi. “Torquemada seems to change from parasite to host as he changes from prestamista to procer; yet he continues to sustain his parasitical role, as his business deals are merely more socially acceptable” (Urey 46).

Fuente:https://escritores-del-mundo.fandom.com/es/wiki/Torquemada_en_el_purgatorio

TP presenta al personaje en pleno ascenso social, pero el narrador señala sus defectos. Uno de ellos es la forzada manera con que emplea las expresiones que ha aprendido en la alta sociedad: “Estas formas retóricas, absolutamente corrientes, las afeaba un mes después con nuevas adquisiciones de frases y términos no depurados, como reasumiendo, ínsulas, en el actual momento histórico y el maquiavelismo, aplicado a cosas que nada tenían de maquiavélicas” (I). Torquemada construye una imagen de erudición que resiste un análisis crítico de su discurso. El narrador también se sorprende del éxito imparable del personaje que pareciera impulsado por Dios:

¡Qué cosas hace Dios! En todo tenía una suerte loca aquel indino de Torquemada, y no ponía mano en ningún negocio que no le saliese como una seda, con limpias y seguras ganancias, como si se hubiese pasado la vida sembrando beneficios, y quisiera la Divina Providencia recompensarle con largueza (VIII).

El narrador sugiere el carácter moral bajo del personaje, que no impide su éxito social. Sin embargo, Torquemada se siente muy inseguro en la alta sociedad por sus orígenes humildes: “Perdonen ustedes mi ignorancia. Ya saben que no he tenido principios, y aquí para inter nos confieso mi desconocimiento de muchos vocablos, que jamás se usaron en los barrios y entre las gentes que yo trataba antes” (TP X). Aquí se produce una interesante anfibología porque la carencia de principios puede referirse a la falta tanto de una base de conocimiento como a la falta de normas morales que rijan la conducta. Es decir, Torquemada puede estarse refiriendo tanto a su falta de formación como a la bajeza de su comportamiento. Sin embargo, él se encuentra mucho más firme cuando regresa a su posición de inquisidor económico. Trata de imponer la religión que él puede entender: “La economía es la religión del pobre. Guardaremos el óbolo; que nadie sabe lo que vendrá el día de mañana, y cosas podrán venir que exijan este y el otro y todos los óbolos del mundo” (TP VI). Traslada el hecho religioso al cuidado de los medios económicos y el óbolo adquiere un valor simbólico también múltiple, porque es tanto la riqueza material como el medio para acceder a la vida ultraterrena.

Como se comentaba anteriormente, TP culmina con un gran discurso que da Torquemada en el que usa sus retóricas para defender el valor caritativo de su actividad económica. “Ese ha sido mi desideratum, y la idea que he abrigado siempre: hacer todo el bien que podía a mis semejantes. Porque el negocio, vulgo actividad, fijaos bien, señores, no está reñido con la caridad, ni con la humanidad más o menos doliente” (VIII). Torquemada está convencido de que puede aunar la ayuda material e inmaterial. Por su parte, Rafael al principio rechaza a Torquemada porque cree que representa los aspectos más bajos del ser humano, pero aquí se da cuenta de que en realidad les ha salvado de morir de hambre y, lo que es más importante, trae descendencia y felicidad a su casa. Rafael reniega de la riqueza al relacionar el dinero con el excremento, lo cual vuelve a conectar con la naturaleza anal de la riqueza, pero es consciente de que ha juzgado mal a Torquemada, porque realmente les está ofreciendo una redención, que le da un valor salvador en el campo en el que él puede entender, mientras que Rafael se ha escudado en su nobleza y no aportado nada, lo cual le induce al suicidio.

Fuente: https://escritores-del-mundo.fandom.com/es/wiki/Torquemada_y_San_Pedro

Por último, en TS, el personaje se dirige a Gamborenea, un religioso que pretende su salvación. Torquemada espera poder conseguirla a través de la acción o del intercambio:

Yo, como buen cristiano que soy, quiero y necesito la salvación. Hasta por mi decoro debo solicitarla. ¡No está bien que digan…! Pues a salvarnos, Sr. Gamborenea: ahora dígame qué tengo que hacer, o qué tengo que dar para obtener ese resultado (II).

Si bien Torquemada sufre a lo largo de todo el texto, en la última novela se enfatiza el martirio que experimenta. Él empieza castigando a sus deudores, pero luego sufre el mismo castigo porque debe gastar su riqueza. “Es «judío» por su profesión de usurero y tiene que ser purificado de su herejía, su tacañería” (Smith 365). Torquemada ha pasado por la hoguera, por el purgatorio y por la cruz como si fuera un salvador propio del cristianismo o como si fuera un prometeo que trae el fuego al mundo, aunque sea en los términos limitados que puede entender el personaje (Smith 365). En cualquier caso, en la última novela de la serie Torquemada experimenta un problema para comer que es muy significativo para entender su forma de afrontar la vida terrena y ultraterrena. A lo largo de todo el texto, él se refiere a sus acciones en términos relativos a sus propias vísceras. Tal  como ha estudiado Weber, Galdós defiende una visión que relaciona los aspectos fisiológicos con los psicológicos de los personajes. Por ejemplo, él se alimenta y evacúa sus negocios. Por ello, gestiona su vida de forma anal, reteniendo y soltando alternativamente la materia con la que entra en contacto.

Así, el hecho de que no pueda comer expresa su incapacidad para seguir ejerciendo el control que solía tener sobre el mundo y esto le lleva incluso a perder su propia identidad. “Torquemada is afflicted with a mysterious stomach ailment. He suffers memory loss after eating; thus he cannot imagine his own identity. Finally he is unable to retain any food at all; he cannot support his physical identity” (Urey 40). Es decir, el erotismo o personalidad anal del personaje se ve frustrado cuando su propia fisiología no soporta más el materialismo con el que afronta la existencia. Se puede incluso interpretar que el rechazo de su cuerpo de los alimentos representa en esta última novela el intento por liberarse  del materialismo. “Torquemada’s regurgitation of his food marks the difference between himself and his past in the same way that his confession of his sins” (Urey 52). Está a las puertas de liberarse de todo lo que tienen que ver con los alimentos y la riqueza, pero él no sabe vivir sin ellos y así terminará su existencia con una gran comilona.

Torquemada se enfrenta a su ocaso de forma dramática porque ha perdido a las personas que más quería y ya no puede mantener la vida de actividad comercial que solía. Es decir, las motivaciones que tiene para vivir han desaparecido y no sabe cómo enfrentarse a la vida ultraterrena. Con sus últimas fuerzas, trata por un lado de promover un proyecto de conversión de la renta del país para salvarlo de la crisis económica y por otro trata de convertirse a la fe para poder entrar en el cielo. El carácter de agonía irresoluble llega a su máximo en las últimas líneas, cuando Torquemada ya muy enfermo, delira en los siguientes términos: “Unas veces confiado y optimista, traducía: «Jesús…, salvación… perdón…». Otras, pesimista y desesperanzado, tradujo: «La llave… venga la llave… Exterior… mi capa… tres por ciento»” (TS X). Se debate entre la espiritualidad de la oración y la materialidad del negocio. Y así queda sin resolución porque muere diciendo  “¡Conversión!”, pero en el narrador duda lo siguiente: “¿Es la de su alma, o la de la Deuda?” (TS X). Y así la obra termina con una enorme ambigüedad, donde: “Bien pudo Torquemada salvarse. Bien pudo condenarse”. Pero no se puede afirmar ni una cosa ni otra.

La tragedia de Torquemada es que no puede escapar al deseo de ascenso social, pero el camino va en contra de su religión del ahorro y, además, no le ofrece propiamente la vida trascendente a la que aspira. Por ese motivo, tal como señala Sigmund Freud, se produce la tensión entre su neurosis anal, por la que querría retener la riqueza, y la regresión a los estados más primitivos de su personalidad (1991a, 311). Este conflicto expresa la oposición entre el poder que tiene como agente económico y los aspectos en los que es víctima de sus mismas fuentes de poder. Un ejemplo claro lo tenemos en TH, donde Torquemada lleva a cabo una sublimación trascendente en la que quiere intercambiar su conducta caritativa por la salvación de su hijo. Se comporta de forma comprensiva e incluso cariñosa con sus clientes y con sus amistades, sin embargo, cuando empieza a percibir que el intercambio que pretende hacer con Dios puede no funcionar, se produce una regresión a su carácter áspero y vulgar. Así Bailón le explica lo desamparados que están los seres humanos frente a la calamidad: “Ante la Naturaleza, ante el sublime conjunto, somos unos pedazos de átomos que no sabemos de la misa a la media” (TH VI) y él no es capaz de aceptarlo porque esto contradice su personalidad anal, por la que espera controlar los sucesos a través del dinero, y así reacciona del siguiente modo: “Váyase usted al rábano con sus conjuntos y sus papas” (TH VI). Al verse impotente frente a los designios de Dios o de la Naturaleza, maldice a todo lo que le rodea. De este modo, el personaje regresa a su naturaleza más destructiva o, en otras palabras: “Torquemada destruye lo imponderable de la vida natural y desquicia la naturaleza del mundo religioso” (Cáceres 2002).

De modo que, a lo largo de la tetralogía, el personaje evoluciona para ocupar las distintas posiciones sociales (usurero popular, rico comerciante, aristócrata y senador) y así representar al conjunto de la sociedad. Es el victimario y la víctima del peso de una visión que limita la experiencia humana. “Torquemada preys on and simultaneously is pueblo, middle class, wealthy, the State” (Urey 44).

El lenguaje de Torquemada

El ascenso social de Torquemada no solo le lleva a cambiar aspectos materiales como pueden ser su vestimenta y alimentación y la casa en la que vive; sino que también y de forma más notoria cambia su forma de expresarse. Este es el único aspecto que modifica por propia voluntad y no forzado por las recomendaciones y exigencias de la sociedad. El ascenso social y la sublimación trascendente a los que aspira se caracterizan por un lenguaje que se va a elaborando, frente a la caída y la regresión que suponen la vuelta a un lenguaje mucho más simple y tosco. Como ha estudiado Díez de Revenga, al comienzo, en TH, todavía es un personaje que casi carece de discurso y que queda fascinado por cualquier persona que sepa expresarse con corrección  y convicción (5). En este caso, recibe la influencia de Bailón, que le distancia de la fe y que, como se ha visto, acaba provocando una regresión a los aspectos más agresivos del personaje.

Sin embargo, las grandes influencias de Torquemada aparecen en TC. Tanto las Águilas como Donoso representan una vida aparentemente superior y claramente más diestra en el uso del discurso, lo cual hace que Torquemada quiera aproximarse a ellos. En esta novela y la siguiente, las Águilas y Donoso le dan modelos de ascenso social, que se puede dividir en el ascenso económico en TC y en el ascenso político en TP. Torquemada consigue un reconocimiento público muy amplio, aunque no sea cómo a él le hubiera gustado. En TC, cabría dudar si Valentín es también una fuente de influencia porque resulta complicado determinar si realmente se le aparece o se trata de una pseudoconversación que responda a una ideación propia. En cualquier caso, manifiesta una sublimación trascendente. En la siguiente novela, TP, Zárate sirve para ilustrar al personaje con los conocimientos que necesita también para desenvolverse socialmente. Por último, en TS sigue teniendo cierta importancia Cruz del Águila, pero la gran influencia proviene de Gamborenea como posible vía de acceso en este caso a la salvación. De modo que podríamos resumir que tenemos una novela en la que el personaje todavía no tiene discurso, dos que se ocupan de la construcción de su presencia social y una última dedicada fundamentalmente al debate sobre la salvación religiosa.

NovelaPersonajes y su influencia sobre Torquemada
THBailón (descreencia/regresión)
TCCruz, Donoso (ascenso económico) ¿Valentín? (sublimación trascendente)
TPCruz, Donoso (ascenso político) Zárate (conocimiento)
TSGamborenea (sublimación trascendente)

Como se ha comentado anteriormente, el desarrollo del lenguaje de Torquemada aparece parodiado porque la sofisticación de su lenguaje se da principalmente por la incorporación de términos que tiende a usar fuera de contexto debido a que no dispone de la reflexión suficiente ni de la composición textual para construir un verdadero discurso propio. Sin embargo, esto debe ser matizado porque, con todo el uso de retóricas forzadas, se ha podido observar en este trabajo que el personaje en un primer momento es mero receptor del discurso de los otros personajes para después ir ganando una voz y, finalmente, es capaz de exponer en público con éxito su proyecto de aunar el negocio y la caridad. Es decir, se puede discutir hasta qué punto su progreso está sujeto a la ironía narradora (Sevilla-Vallejo 2017), pero no se puede negar que existe.

Otro aspecto interesante del lenguaje en las obras de Galdós puede ser analizado a través de los campos semánticos que caracterizan al personaje. El primero que se puede resaltar es la animalización, porque en numerosas ocasiones se nombra la anatomía de Torquemada con términos propios de distintos animales, lo cual presenta al personaje de forma poco noble. Por ejemplo, se hace referencia a sus extremidades inferiores como “patas” y a sus manos como “garras”. En alguna ocasión, el narrador y algunos personajes se dirigen a él como animal y perro. Su misma esposa, Fidela, juega con él como si fuera un perro al que amaestrase. Otro campo semántico que tiene aún más interés para tratar su carácter anal es el estómago, que es una representación anatómica de lo que según Sigmund Freud simboliza este tipo de personalidad.

En este sentido, los negocios de Torquemada responden a procesos digestivos. Así, cuando termina una gestión dice que la “evacúa” y, cuando las hermanas del Águila consiguen que él se desprenda de la riqueza, es como si le dieran “dentelladas” en las “entrañas” o en el “hígado”. Esto expresa el centro del materialismo de este personaje, cuyo erotismo está puesto en la retención de la riqueza y, por ello, resulta tan significativo que su enfermedad esté relacionada con la imposibilidad de digerir. El tercer campo semántico es el negocio, en el que dos términos “dar” y “transacción” son dos ejemplos del movimiento de capitales que supone también el materialismo en el que vive el personaje. Para terminar, en oposición a los dos anteriores está la trascendencia, compuesta de la “caridad” y de la “salvación” que Torquemada busca para sí y para otros personajes y de la “resurrección” que en concreto quiere para Valentín, al que considera un “salvador”. Y, como se ha comentado con anterioridad, no sabemos si el personaje se decanta por el materialismo o la espiritualidad. Por ello, el término “conversión” podría referirse tanto al campo del negocio como al de la trascendencia.

Conclusiones

La tetralogía de Torquemada es un conjunto artístico de mucho interés porque expresa una tensión recurrente en la obra de Benito Pérez Galdós: el deseo de elevación moral frente al sometimiento a las necesidades materiales. En este caso particular, Torquemada presenta la lucha entre la sublimación trascendente, por la que no solo desea mejorar socialmente, sino ganar para sí y para los demás la salvación; y las exigencias de su materialismo o personalidad anal, que no puede desprenderse de la riqueza. Torquemada experimenta un refinamiento en su estilo de vida, en su discurso y en su espiritualidad que, en los momentos que sus deseos son frustrados, le lleva a la regresión a su etapa primera, más simple y grosera. Se ha analizado que es un personaje de una notable complejidad que, aunque tiene aspectos negativos propios del usurero, no se ve limitado a ellos. Si tanto el narrador como otros personajes tratan a Torquemada de forma despectiva, este tiene la grandeza de enfrentarse a la hoguera, a la cruz, al purgatorio y a San Pedro. De este modo, representa los conflictos de una época y, en sentido amplio, las dificultades inherentes a cualquier sociedad en la que lo material y lo espiritual no armonizan.

Bibliografía

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[1] Se agradece a Noelia Garijo Bellot sus aportaciones a este trabajo.

[2] Se va a hacer referencias en las citas a las novelas con las siguientes siglas: Torquemada en la Hoguera (TH), Torquemada en la Cruz (TC) Torquemada en el Purgatorio (TP) y Torquemada y San Pedro (TS). Todas las referencias han sido extraídas de las ediciones de la Biblioteca Virtual Cervantes Virtual.

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