
Teo Mesa, Artista multidisciplinar, Dr. En Bellas Artes
BREVE HISTORIA DE LAS NOTICIAS Y ARTÍCULOS SOBRE EL NOBEL VETADO A GALDÓS
Uno de los aspectos que culminan y enaltecen la labor de los creadores e investigadores en general es que sus trabajos sean reconocidos por todos –o parte de una elite social– como una obra que ha tenido sus fértiles resultados en favor de la humanidad, la cultura y el progreso humanista. Todos ellos, bajo la congénita afectación de recibir los agradables estímulos del reconocimiento, casi todos al final de su vida creadora, de investigación y de ardua faena, enaltecen la intelectualidad y valores afables que subyacen en estos seres humanos de talento excepcional. Puede ser, asimismo, un motivo de afirmación y encumbramiento a su inestimable tarea en la materia ejercida con los atributos señalados. Es también un motivo de satisfacción personal en tantos de los autores, en los que sus trabajos, se supone que, han tenido la repercusión social e intelectual que desde un principio se ha pretendido, o simplemente por un ejercicio de puro amor a la estética de realizar el arte por el arte, o a sus labores de otra docta índole. Si bien, con o sin este preciado galardón, las obras de cualquier excelso creador, que puedan o no haber tenido ese efecto de admiración y respeto por sus obras en general, acierto y difusión social, no dejan de ser grandiosas en sus loables principios y cualidades, por la nobleza de espíritu con las que fueron engendradas.
A don Benito Pérez Galdós, muy a pesar de la enorme bondad y humildad que de siempre se caracterizó en su persona, nada envanecido por sus creaciones literarias de gran mérito, también le era una regocijante complacencia que le propusieran para este galardón de prestigio mundial, como es el Premio Nobel (o haber ocupado un sillón N en la Real Academia Española). Cuando así se lo proponían sus adeptos el literato sonreía, remozado de satisfacción plena. Vivificaba en su interior de jactancia y alegría, en su bonhomía casi de chiquillo. Al margen de esos íntimos estímulos hacia su exquisita sensibilidad, talento manifiesto y complacencia, intentaba lograr el reconocimiento a su labor literaria, con el atributo de un galardón internacional tan prestigioso.

Tuvo el infortunio don Benito de haber sobrellevado en los últimos años de su vida (un lustro aproximadamente), una depauperada economía para sus necesidades primarias en su conocida modesta existencia. Unida a esta intolerable adversidad vivencial padeció unas cataratas en sus dos ojos y otras enfermedades. Bajo esta nulidad visual creciente, que le fuera minando la vista y dejó ciego para escribir sus obras novelísticas (y para la devota práctica de su otra gran pasión artística: el dibujo). Por esta razón estaba muy interesado en que le fuera concedido el Premio Nobel –al margen del aludido reconocimiento internacional a su obra–, por la cuantía económica que suponía: 200.000 pesetas en el valor monetario de la época (equivalencia a las 140.000 coronas suecas).
Mucho más que la distinción honorífica del Nobel, al margen de privación de vanidad existente en su humilde persona, que ya de por sí todo creador o intelectual sea recompensado con esta complacencia a su labor personal durante la propia creación de sus obras, también necesitaba compartirla con los demás, con sus halagos y glorias a sus logros, lo cual era para don Benito el obtener la citada cuantía dineraria, con las que se recompensaba a los premiados. Emolumentos crematísticos que le hubiesen dado a su vida un favorable cambio, paliando así sus deudas contraídas con los avaros prestamistas.
Ello vendría a paliar las muy tristes calamidades económicas que padeció durante los últimos años de su vida. Y vivir mucho más desahogado en esos finales de sus días. Por esa razón de mísera pobreza en él, que ganó una inmensa cuantía dineraria, quedó en aquellos años embargado en sus bienes y en la pobreza absoluta y tuvo que trabajar, enfermo y ciego total, que dictaba sus obras a un escribano. Así transcurrió la última etapa de su vida, de trabajo intenso en su decrepitud.
Este importante galardón tuvo desde el primer certamen mucha trascendencia debido a su nivel internacional. Para ello, se formó un comprometido Comité con el fin de ejercer una propuesta, que tomó cuerpo de forma representativa en el año 1901,a poco tiempo de haberse creado el Premio Nobel. Se asumió el reto de la Academia Sueca. Para este objetivo se creó una comisión que organizara y prepara los dosieres que enumerara los méritos contraídos por el personaje propuesto para el homenaje internacional con estos laureles; si bien, era ya conocido universalmente el maestro Galdós.
El Premio Nobel de Literatura del año 1904 había sido otorgado al español don José Echegaray, amigo de Galdós y conocedor de la obra del escritor canario. Dicho Nobel fue compartido con el poeta francés Frédéric Mistral. Este Nobel al polifacético escritor y profesional madrileño, quien fue, además, un dramaturgo de gran éxito entre el público, si bien, este galardón escandalizó a las vanguardias literarias españolas, y particularmente, a los escritores de la generación del 98. Los escritores: Juan Valera, Menéndez Pelayo y José María Pereda habían manifestado su disconformidad, junto a la protesta de otros intelectuales, contra el premio Nobel concedido a José de Echegaray, y que después del fallecimiento de este escritor, Pilar Palomo escribió: “Consideraban que el premio lo merecía muchísimo más el escritor canario don Benito Pérez Galdós”.[1]
La siguiente opinión la emite la literata María Isabel Hernando después de cincuenta años de la muerte de Galdós, del que razona: “Candidato al Nobel, propuesto por la Academia Sueca, en 1905, sus propios compatriotas conspiraron para que no la obtuviera”.[2]
La solicitud para el Nobel a favor de don Benito fue apoyada por millares de gentes. Todos ellos eran adeptos a la literatura de Galdós. El citado año, en los principios del siglo XX, en que fuera propuesto por primera vez, ante esta plausible candidatura, se movilizó todo un elenco de personas: estamentos oficiales, prensa, profesionales, diletantes, gremios, religiosos, lectores, estudiantes, intelectuales, escritores, novelistas, profesores, Academias, Colegios profesionales, Sociedades, Ateneos culturales, etc., quienes, por un lado, simpatizaron y comulgaron con las ideas, valores éticos y cualidades literarias e ingente obra del maestro; otros, los más feroces, ante el inmovilismo de sus propias y anquilosadas ideas y sin permitir la menor disputa, diatriba o poner en duda sus tradicionalistas convicciones y credos por parte de nadie, y mucho menos con carácter público, manifestados en los argumentos de sus novelas y teatro de Galdós, que no lo aceptaron jamás. Tampoco tuvieron en cuenta los celosos vigilantes de las normas tradicionales y los que abominaron del escritor canario que, el monarca Alfonso XIII reconoció oficialmente a Galdós como “gloria nacional” de la literatura por los méritos históricos-literarios de su gran obra, los Episodios Nacionales, en 1902, al concedérsele la Gran Cruz de la Orden de Alfonso XII.
Ni aún tratándose de la paupérrima economía por la que posteriormente pasaría don Benito, no hubo conmiseración ni un ápice de caridad cristiana inherente en su dogma de fe por parte de aquellos que hicieron bandera y espada en alto de la religión católica y su afirmación, en resistencia a su tradicional conservadurismo y de la propia monarquía. Hubo una voraz e incomprensible pugna escritural en la prensa, sobre todo, entre las filias y fobias por las simpatías o animadversiones, hacia la concesión del merecido Nobel a tan valioso escritor. Ante tan incongruentes trifulcas el Premio Nobel lo perdieron irracionalmente Galdós y España.
Germán Gullón describe, con total acierto, la imagen intelectual del creador de Doña Perfecta, pero sin embargo, no menciona su tendencia política republicana y sus críticas a la religión en sus novelas, como ser librepensante y muy progresista en sus ideas, ante la España conservadora y sumisa en gran parte, a las clases dominantes de entonces. “No podemos olvidar que Galdós fue un escritor liberal en un país que no lo era. Su obra se asocia históricamente con la Institución Libre de Enseñanza, con los krausistas, con las fuerzas progresistas. Todo ello le valió el encono de una buena parte de la gente de letras, que le privó del premio Nobel, entre otras cosas. Y, sobre todo, porque Galdós era un hombre que conocía Europa, la Europa de su tiempo, que recorrió con familiares, amigos y amantes como la Emilia Pardo Bazán. Esto le permitía comparar la pobreza patria con la riqueza del extranjero, y esto no era de recibo ni aceptable ayer como hoy en la península ibérica”.[3]
El novelista que fuera el más célebre escritor internacional de la España de finales del XIX y principios del XX, no podía ser cuestionado por nada ni por nadie, máxime en su propio país y por la facción de una clase social inmisericorde y alborotadora ante todo pensamiento ajeno, privado o colectivo, que no estuviera sometido a la imperativa moral y las buenas costumbres establecidas desde antaño y fuertemente arraigadas, aunque estos fueran muy adeptos a su particular y practicante moralina. “No ignoraba don Benito que en torno a su nombre se habían movilizado dos tendencias de signo opuesto”.[4] Y añadía este mismo autor, devoto de la obra de Galdós en su conferencia ‘Novela e Historia en los Episodios Nacionales’: “Don Benito nos legó una obra maestra de novela histórica”.[5] En esta incomprensible y extraña oposición tratándose de un gran novelista y dramaturgo y de un prestigioso ciudadano español. También se manifestaron determinados gremios de intelectuales, influyentes políticos y la misma Iglesia católica, tanto a favor como en contra. En los intramuros de la propia patria, a la que tanto defendió y contribuyó el maestro de la literatura a exaltar los hechos y pasados históricos, muy especialmente con los Episodios Nacionales (con los cuales muchísimos españoles han aprendido parte de la historia decimonónica de la Nación patria, en afirmaciones de don Marcelino Menéndez Pelayo), llevados al naturalismo –cargado de imaginativa quimera– de sus novelas, y que asimismo, estableció las pautas para la moderna novela española, y en parte internacional, no habiéndose contemplado tampoco como méritos atribuidos al genial creador literato.
Así se plasmaba en el texto que fuera presentado en la Real Academia de la Lengua Española, el 6 de diciembre de 1888, con los apoyos de los académicos: Juan Valera, Marcelino Menéndez Pelayo y Gaspar Núñez de Arce para su ingreso en la citada Institución lingüística, con el objeto de ocupar la vacante dejada por fallecimiento de del duque de Villahermosa, “[…] novelista de universal y merecida celebridad, así en nuestro país como en las demás naciones cultas de Europa, a cuyas lenguas han sido traducidas sus principales obras”.[6] Pero no la consiguió en aquel año.
En los inicios del año 1889, consigue el sillón N –vacante después de la muerte de don Antonio Arnao, por unanimidad de los académicos, y sin la polémica habida en la primera designación a ocupar la ilustre cátedra–. No se le podía negar a tan sobresaliente novelista y trabajador nato de la literatura creativa con una colosal obra en su haber que, en definición algo peyorativa de don Miguel de Unamuno: “jornalero de la pluma”. Don Benito en los Episodios Nacionales, con un volumen total de 46 tomos (editados en 5 series), se dedicó a revisar, muy especialmente, la historia de España en las citadas obras, versadas a través de la novela.
En paradojas a la responsabilidad de su cargo, por tener Galdós la condición de académico de la Real Academia de la Lengua, con el sillón N, recibió en 1907 una circular de la Academia sueca –como también la recibían los otros académicos–, para que propusiera a un destacado personaje, digno de recibir en un futuro el Premio Nobel por su labor literaria, por él bien conocida. Sillón académico que también sufrió diversas vicisitudes por parte de hostilidades intelectuales de algunos de los miembros de la Academia de la Lengua que debían votarle. De la Academia de la Lengua, determinados miembros se pronunciaron a favor de Galdós en 1912, como Sellés y Echegaray (quien recibió el Nobel compartido, en 1904).
Las ideas personales, las denuncias sociales, ingénitos en los argumentos y temas de sus novelas el librepensamiento ejercido sin someterse a presiones externas y obviando el sentir general de una gran mayoría de las clases dominantes, no fue óbice para implantar sus visiones y críticas de la sociedad establecidas entonces, sus propios ideales y sus adhesiones políticas, a las cuales fue fiel durante toda su existencia. Nuestro personaje literario, que a pesar de las malévolas críticas ejercidas sobre sus obras, nunca se amilanó en fiscalizar, entre la realidad y la ficción, lo que él creía injusto, inhumanitario y retrógrado para el progreso social. Por estas razones y principios inherentes en su persona y maneras de pensar, se represaliaron contra el novelista Galdós sus propios coterráneos de una determinada facción de la sociedad. En su honestidad y personalidad humana y literaria se mantuvo siempre impertérrito, por más que pesara a las otras clases sociales. Más que al mismo don Benito, si se le hubiera premiado con tan alto honor con el Nobel, muy merecido por su gran labor, constituía un muy valioso orgullo patrio el tener al primer Premio Nobel de raíz netamente española.
Produce desazón y disgusto ese desamor que se manifestó ante tan sobresaliente talento, habiendo vertido todo su intelecto creador y su cultura en las obras por él escritas, amén de haber demostrado siempre su generosidad y sencillez, entrega y compromiso a su propia doctrina ética, muy singular como persona e intelectual. Es inaudito que desde su tierra se presionara e informara negativa y aviesamente, con cartas y manifiestos difamatorios dirigidos a la Academia sueca, para que tal honra le fuera denegada al insigne maestro. Esta bochornosa actitud por una parte de la sociedad tradicionalista y de la misma religiosidad católica, muy apegada a sus estrictos y arraigados credos, estaba fuera de toda lógica razón. Y no permitían cuestionarse de ninguna de las maneras. Era una ingratitud a quien tanto había hecho por la novela y despertado la vieja ficción por la lectura de estas desde Cervantes. Era una extravagante desafección, que recordando las propias palabras de la primera novela de Galdós, del prometedor joven de distinguido talento, cuando contaba con veinticuatro años, en La Fontana de Oro (1867-68), escribía: “Pero la gratitud de la humanidad o de un pueblo es la cosa de más valor que hay en la tierra. El que es digno de ella la tendrá; porque un hombre puede ser ingrato, pero un pueblo en la serie de la historia jamás”.[7] Y con nuestro escritor canario se fue inmensamente ingrato y absolutamente injusto con su profunda labor literaria y consagrado talento.
Define el escritor Roberto Castrovido la ingratitud que una parte de la opinión de este país forzó agriamente para que fuera vetado al Nobel a Pérez Galdós: “¿A quién, más que a él, debe gratitud perenne la literatura nacional? Tal vez a ningún otro escritor. Y no es este el único aspecto sobre el cual podemos hablar. Educó a dos generaciones, modelador de la conciencia nacional, alentador de la visión de una España nueva, más europea y más atenta a los problemas que plantea la civilización y el progreso… Tolerante, conciliador, amigo de los desamparados, alma grande y corazón noble… liberal convencido y patriota abnegado y sincero”.[8]
Del otro lado, los pasivos tradicionalistas habían propuesto como candidato la figura de su amigo don Marcelino Menéndez Pelayo, a quien habían utilizado de chivo expiatorio las facciones católicas, conservadoras y monárquicas, para negar a Pérez Galdós tal privilegio honorífico: “[…] a quien quiero y admiro sinceramente”, aducía Galdós con mucho afecto a este político y filólogo hispanista. Además, había sido, como se ha enunciado, uno de los valedores para que Galdós fuera Académico, y fue su contestador en el discurso de ingreso en la Real Academia Española de la Lengua. A este intelectual le había sido propuesto, en su candidatura al Nobel el escritor Juan Valera en el año 1905, aunque no estaba ciertamente convencido de su aceptación por la Academia. “La Academia de la Lengua, a través de algunos académicos, propuso en 1905 a Menéndez Pelayo. Al año siguiente, se inicia en firme la campaña a favor de Galdós, que toma fuerza en España, sobre todo en 1912”.[9]
Demostrado por sus novelas, Galdós fue uno de los grandes hombres de la literatura contemporánea de la lengua en román paladino y el novelista más sobresaliente del siglo XIX en dicho idioma. “Cuando se le propuso para el premio Nobel, que pudo ser para él, la solución del problema de la existencia tranquila, una cuadrilla de imbéciles, de esos que nunca faltan en ningún sitio, alzó, estúpidamente la candidatura de otro hombre ilustre, gloria de España; ya muerto también: la de Menéndez Pelayo. Sin él murió este sabio polígrafo y sin él murió también nuestro don Benito”.[10]
El propio Galdós ante este barullo se sentía ajeno y perplejo, con la pachorra que le definió siempre en su personalidad. En su eterna humildad y,sin ser sujeto poseído por la frivolidad de la fama de escritor, no hizo mella en el bondadoso don Benito, cuya única preocupación era trabajar en la creación literaria y pasar inadvertido en su vida como ser.
Curiosamente, ante tantas soflamas de adeptos y renegados a la figura de Galdós, ambos talentos de la intelectualidad natural y el trabajo constante, cada uno en su labor, para lustrar esos dones innatos en Galdós y Menéndez Pelayo, ambos saturados de méritos honoríficos para recibir el Nobel, fallecieron sin que las mieles del Premio Nobel fueran degustadas por ellos. Menéndez expiró en 1911 y Galdós lo hizo en 1920. Durante el duelo de su admirado y respetado don Marcelino, el escritor canario le remitió un telegrama de sentido pésame a su familia en Santander.
Aquel año de 1905, analiza María del Mar López que nuestro escritor sufrió el oneroso revés en su propuesta al Nobel, por haber presentado su candidatura a los sufragios urbanos por el partido republicano. “En unas elecciones municipales, a las que se presentan los republicanos y los tradicionalistas, el pueblo de Madrid vota en masa al Galdós republicano. Pero, sin embargo, no hubo perdón para el escritor por sus incursiones por la vida política, contraria a los conservadores. En 1905, la Academia sueca sugirió al Gobierno español que presentara la candidatura de Pérez Galdós al Premio Nobel. Y el Gobierno, conservador entonces, se negó”.[11] Esta afirmación es otra prueba más del resentimiento hacia el literato canario por sus ideas humanistas, políticas y por sus defensas sociales. Ni el mismo Gobierno en ejercicio, que debía de ser neutral y apoyar a todos los ciudadanos por igual, vilipendió en desfavor de Galdós ese elemental derecho.
El concepto y valoración del Premio Nobel en España lo juzgaron muchos organismos y personas en particular, como un galardón dado a conciencias ortodoxas con el tradicional sistema imperante, no como un tributo a la destacadísima intelectualidad de los grandes hombres y mujeres de todo el mundo, en reafirmación a su excelsa labor de creación, humanista y de investigación. La campaña tuvo tintes de gran aspereza, con continuados artículos escritos en la prensa entre los partidarios de Galdós y sus apóstatas. Ninguno de los valores literarios aportados por este creador fue de consideración y respeto hacia la figura de Galdós, su innovación en la novela española y número de obras literarias. Este sería el gran acierto para la gran mayoría de estudiosos literarios de Galdós: la renovación de la anquilosada novela española. Ingenia un arquetipo de novela de tradición del ambiente nacional español, en la que sobresale el estudio de la psicología de los personajes intervinientes: “Con vigoroso espíritu renovó la novela española, en decadencia, iniciando su floreciente renacimiento. Galdós buscó en sus novelas un castizo entronque con el clásico realismo”.[12] Así también lo expone el profesor Francisco Yndurain, quien dictó una conferencia en Las Palmas, titulada “Galdós y la Novela”. En ella aseguró: “Redescubrió la novela en España. Rotundamente, Galdós –cuya obra alcanzó su máximo esplendor en el 98, cuando había escrito lo más importante de su creación– Galdós, digo, redescubrió la novela en España y con sus raíces claramente cervantinas, incorporó a su obra todo lo característico y fundamental de la novela europea del siglo XIX, pero claro que de forma muy peculiar y personalísima”.[13] La mesurada Academia de Estocolmo, aunque imparcial aparentemente, no dudaba en tener en cuenta esas alusiones a las políticas simpatizadas y a las que se adscribió Galdós (moderadas como lo era él en todos sus actos e ideas) y al anticlericalismo que declaró en algunos personajes de sus novelas. Este profesor aseveró que el único escritor que se pateó todo el territorio en la búsqueda de lugares, temas y personajes para sus novelas fue don Benito, quien era un viajero persistente. “Galdós recorrió España de lado a lado, la pisó metro a metro”.[14]
El científico C. P. Snow, admirador de las obras galdosianas, también hace mención a las andanzas por todo el solar patrio del escritor, con el ánimo de indagar las clases sociales de todo tipo, su idiosincrasia y su lamento por no habérsele gratificado con el Nobel. Describe: “[…] en su país era un intelectual controvertido, lo que no dejó de influir en que finalmente, y con la intervención de algunos de sus compatriotas, no le fuese otorgado el premio Nobel”.[15]
El primer Secretario Permanente del Nobel era el sueco Carl David al Wirsen,un inalterable conservador, con evidentes influencias dentro del órgano de la Academia sueca y claras adscripciones y simpatías por las políticas tradicionales, al margen de los méritos de los aspirantes, en sus empatías hacia unos y otros; por esa razón fueron decisivas (e incluso el propio monarca sueco Óscar II intervino para que se vetara a cierto candidato). El rey posiblemente, tuviera en cuenta estas advertencias de los antigaldosianos de su propio país, quienes hicieron causa contra su honor e injusticias a su intelectualidad y obras. Para la concesión del premio –según lo demostrado por el comité del mismo–, no podían existir en el galardonado otras tendencias idealistas que no fueran las de su marcado territorio vocacional o profesional (o sea, no podían ser unos apostatas de la moral y buenas costumbres sociales establecidas), con todas las prerrogativas e interpretaciones subjetivas o reales que se le quieran dar en el propio comité seleccionador sueco, los cuales tenían ciertos tintes políticos o en parte de algunos de los miembros de la Academia.
Un ejemplo de inicuo partidismo se perpetró con Ibsen, que fue renegado y nunca obtuvo el premio Nobel, por los ‘aspectos negativos’ subyacentes en sus obras: crítica social, antirreligiosidad y pensar distintamente a toda la moral social, etc. Por esta misma tropelía quedaron excluidas grandes intelectualidades de la literatura mundial, como Zola o Tolstoi. O el mismo Galdós. Simplemente, quedaron en sus respectivos e incuestionables méritos contraídos por sus labores cuasi de toda una vida, al albur de las simpatías de los miembros seleccionadores del jurado del Nobel. Es en definitiva, una actitud reprochable en quienes ocupan un cargo de tanta responsabilidad y honestidad con el compromiso en la letra y espíritu de los estatutos del premio Nobel y la Academia sueca, debiendo asumir el principio de respeto e imparcialidad total, por encima de simpatías personales y credos, sin pecar en flagrantes e ilícitas actuaciones. Paradójicamente, las particulares interpretaciones unipersonales de cada uno de los miembros del comité eran un dogma de fe prefijado. La última decisión para conceder el Nobel, solo dependerá de los atributos contraídos por el personaje en concreto por las indebidas simpatías establecidas en los miembros evaluadores.
En opinión cualificada del dramaturgo Jacinto Benavente concebía que “Galdós era el alma nacional”. Tampoco este fue motivo justificado para sus detractores, ni que algunos de sus dramas representados fuera de España fueran traducidos a distintas y principales lenguas internacionales. Otros, en cambio, al ser invitado a participar en apoyo de Galdós, como el sociólogo Monje y Bernal, no solo se negó rotundamente a tal solicitud, sino que escribió todo un violento panfleto en contra de la obra de Galdós, en el que reseña el mínimo apego de esta persona a la obra y el pensamiento galdosiano (quien parece no haber entendido los temas expuestos en las novelas del literato y la personalidad intelectual del escritor). Y así se manifestaba Monje: “No considero digno de tal premio al escritor que ha hecho en sus libros apología del ateísmo, del asesinato y el incendio”.[16]
Durante muchos años, y mientras estuvieron latentes las candidaturas para proponer a don Benito al Premio Nobel, surgían otros nombres para contrarrestar su crédito, equilibrarlo o reducirlo en sus cualidades, por disposición de los contrarios a los méritos de las vastas y valiosas obras galdosianas. Los numerosos artículos en desfavor de Galdós para su nominación, con la malsana intención de que declinara la ingente labor del literato canario, y así neutralizar su positiva fuerza, y con ello, que para el Premio fuera elegido otro personaje, o conjuntamente con Galdós. Y mucho menos, que le fuera otorgado a tan adverso intelectual del sentimiento patriótico, por ser portador en su obra de ultrajes a la nación española, según los burdos criterios de los adversarios. Se mantuvo esta refutación contra Galdós y también, en favor de Pérez Galdós, en artículos periodísticos durante años. Sobre las documentadas y formativas obras de Galdós se expresa Eduardo Camacho: “En esos libros pedía a los españoles todos, que fueran cultos, buenos, que limpiaran el corazón de fanatismos y ruindades y su espíritu de sombras; que tuviéramos luz en el cuerpo y en el alma”.[17] Esta ética y moralidad difundida por don Benito no era del gusto de una parte de las élites conservadoras de la nación.
En el año 1911, durante su veraneo en la ciudad de Santander, de nuevo se alza la veda de las propuestas para el Nobel a favor del autor de Marianela. Comenzada la campaña por sus camaradas será el mismo Galdós quien tome las riendas de la comitiva con el objetivo de restar la acritud que por su ideología política republicana y los contenidos de sus obras, que habían enardecido, incomprensiblemente, a sus enemigos gratuitos. Este ánimo vino impulsado por la concesión del Premio al poeta y dramaturgo Maurice Maeterlinck, escritor que en el parecer de Galdós no era merecedor de ese laudable plácet. Esa era la opinión que expresaba a sus íntimos amigos, en el mayor de los secretos y en base a su obra literaria. Aducía que en España había otros literatos de mayor valía y virtudes –él precisamente, pero sin mencionarse–.
En esta ocasión se cita al novelista y dramaturgo Jacinto Benavente, en las páginas de España Nueva, para que se presentara la candidatura al Nobel, pretensión que se retiró en tiempo inmediato para no zaherir a las facciones de políticas de izquierdas. Pero sí recibiría el Nobel en 1922, concesión que ha estado siempre envuelta de polémicas, ya que consideran algunos críticos que las obras literarias de Benavente son de menor enjundia, comparándola con las del movimiento modernista o la propia Generación del 98 español. En esta propuesta, entra en liza el periódico republicano El País, muy a favor de la candidatura de don Benito; y otra vez fluyen los ríos de tinta en la prensa escrita para arrogarse o renegar de nuevo al literato. En esta ocasión es afirmada por el novelista, autor de teatro y generacionista del 98, José Martínez Azorín, pero con la explícitarecomendación de que se omita en el dosier del novelista y dramaturgo para que no sea vinculado con sus ideas políticas ni religiosas. Tal idea la recomendaba en un artículo suyo en La Vanguardia.[18]Entre los exagerados halagos hacia Galdós, por parte de todos, también se hizo hincapié en su delicada situación económica. Motivo que se podría tener en consideración por parte de la Academia sueca.
Toma partido hacia la propuesta al susodicho Nobel, con absoluto interés por la figura literaria del convecino Galdós, el rotativo de Santander El Cantábrico. Aduce además, que si el Premio no le fuera concedido por inexplicablesrazones, “[…] se podrían recaudar las 200.000 pesetas que importaba el premio, para entregárselas al señor Galdós”.[19] Frente a la candidatura de Galdós se propone por eldiario conservador y católico editado en Santander El Diario Montañés la figura del intelectual y paisano Marcelino Menéndez y Pelayo. El 8 de febrero el Centro Católico Montañés hace alusiones a los grandes nombres de la historia española, como los tradicionales personajes de leyenda, bajo una apología trasnochada de Santa Teresa, Cervantes, Reyes Católicos, etc.
La aludida prensa El Diario Montañés, le daba su loado respaldo católico a don Marcelino, ante la propuesta surgida en la capital del reino, por ser el intelectual, obras y persona idóneos, que en vida y acción representaba el verdadero sentir del catolicismo y moral española de antaño. Nada argumenta sobre los méritos de las obras de don Marcelino, solo de su pensamiento en sus ideas subjetivas y sociales, sin dudar de su valiosa intelectualidad investigativa. Objetivos que no eran precisamente los que la Academia sueca (supuestamente) valoraría, según el espíritu y la letra de las bases establecidas para conceder dichos premios.
Entre los varios rotativos conservadores y fundamentalmente católicos se adhirieron a la cruzada contra Galdós: El Correo Español, El Debate y El Siglo Futuro. Este último tuvo la animadversión de proponer a sus seguidores el envío a la Academia sueca, cartas y tarjetas postales programadas por el periódico, a favor de Menéndez Pelayo. Esta información investigada por Ortiz-Armengol, enjuicia que hubo una movilización de artículos de periódicos entre los partidarios de uno y otro, en los rotativos El Cantábrico y El Diario Montañés, tan distantes ambos en sus ideologías políticas, sociales y religiosas.
En un estudio literario sobre las cualidades de la obra galdosiana, con motivo del aniversario de la muerte de Galdós, señala su dilecto amigo Pérez de Ayala: “Las similitudes y correspondencias entre Cervantes y Galdós son tantas y tan manifiestas, que casi huelga señalarlas. Cervantes creó en el modo novelístico este modo literario de la Edad Moderna; Galdós lo ha llevado al término más cumplido de perfección y madurez”.[20] En posterior análisis del mismo autor, con toda la autoridad literaria que le confiere sus conocimientos literarios, describe: “Galdós creó arte y narró historia. Inspirado en la realidad de la vida forjó su portentosa imaginación de novelista un vivo y animado mundo humano. Galdós es el historiador insuperable de la vida española a lo largo de la pasada centuria con todas las vicisitudes y peripecias […]”[21] Ni para sus detractores tampoco fuera un argumento válido el número de actores creados por Galdós, gracias a su exquisito talento para la aparición de sus novelados personajes. Este número fue de 4.000, siendo el segundo escritor español, después de López de Vega, en fabular una extensa ristra de comediantes. Este es también, un hecho más del talento y técnica literaria del maestro, con la que demuestra, una vez más, al insólito literato que es destacado por los críticos. Sainz de Robles expone: “Galdós sabe que ha ido dejando hijos de él por todas las calles y las plazas, casas y casones, templos, establecimiento docentes y hospitalarios, nuevas y escondrijos de su Madrid. Y que sus hijos viven todos y que vivirán siempre como él los echó al mundo, alegres o tristes, pobres o ricos, buenos o viciosos”.[22]
El citado autor es referenciado por Julio Rodríguez, quien hace mención a las contrariedades existentes por este lamentable asunto del Nobel negado a Galdós en su misma nación: “Toda esta manifiesta hostilidad ultramontana o sencillamente reaccionaria estallará más airadamente aún en 1905 y en 1912, con motivo de los anuncios de la posible concesión del Premio Nobel de Literatura a Galdós”.[23]
El rotativo eclesial católico L’Osservatore Romano no se excluyó de tan sustancioso ‘asunto clerical’ ytambién participó activamente en la polémica contienda articulista en contra del gran literato. Exhortó a los católicos a seguir los dictados del Vaticano. Incitó a votar a todos los católicos y conservadores —e igualmente la clerecía papal—, a la candidatura de Menéndez y Pelayo, recogiendo firmas en Santander, propiciado por órgano de tipología catolicista La Atalaya. La única intención, al margen de la demostrada valía del citado intelectual, era la obsesión de los católicos para impedir que prosperase la propuesta al Nobel de la figura de don Benito, demostración de bondad e indulgencias que se hacen patentes en los que abrazan la religión católica. Ante los improperios y malévolas maniobras, por los incorrectamente interpretados argumentos galdosianos, manifiestan sus gratuitos detractores que posiblemente no han leído ni comprendido la totalidad de sus novelas, cargadas de realismo social, sinceridad, honestidad, ética y generosidad con todos los demás. Han cogido los asuntos temáticos de la forma más burda y superficiales de sus contenidos.
Benito Madariaga en su estudio sobre este espinoso tema afirma: “La división de propuestas era normal pero no parecía ético, ni patriótico, que se levantara una campaña contra Galdós, que adquirió unas proporciones inusuales al recomendarse el envío de telegramas en contra suya a la Academia Sueca de Estocolmo e intervenir también, oponiéndose, L’Osservatore Romano. Como consecuencia, la candidatura de Galdós no tuvo fortuna y España, aparte de quedarse sin el Premio Nobel ofreció una imagen de intolerancia y conflicto ideológico”.[24] Ante tanta polémica y campaña adversa hacia el novelista y dramaturgo Pérez Galdós sus obras aumentaron en ventas, según las declaraciones del mismo escritor en unas declaraciones periodísticas. Solo con Gloria se vendieron treinta y tantos volúmenes y de otras también lo mismo. Manifiesta ante tanta polvareda en su reconocida bonhomía y de respeto a don Marcelino: “Si hubiesen propuesto para el premio a Menéndez y Pelayo, la primera firma hubiera sido la mía; pero ya no me parece eficaz cuanto hagan sus amigos para conseguir su propósito”.[25]
Quizás no hayan sabido leer, insisto, en profundidad ni han percibido los mensajes inherentes en las obras de Galdós para tacharle de anticatólico o recalcitrante impío. Con diáfana escritura Domingo Guerra del Río interpreta este concepto sobre la peculiar religiosidad de Pérez Galdós: “Espíritu, el suyo, hondamente religioso, no supo rezar nunca en la lectura de los patrones confeccionados; esencialmente político, no pudo comulgar en el altar caduco del Derecho Divino, el Privilegio y las Castas; férvido amante de la Libertad, hizo su guardia calado el morrión y empuñado el fusil de chispa!”[26]
Los artículos se suceden en los distintos medios, ajenas a la consecución del Nobel: unas de sanas y lógicas propuestas; y otras, de febril solución. La Real Academia de la Lengua propuso a Menéndez y Pelayo, el más antiguo de sus miembros, ya enfermo y de gran prestigio en la España culta. A Galdós le apoyó la Real Academia de Medicina. Hubo soluciones de todo tipo y maneras a este conflicto: unos animaban a la compra de los Episodios Nacionales por parte del Estado, con el objeto de realizar una gran tirada que se entregase de forma gratuita en todo el país. Otra, que años más tarde, se llevaría a efecto: que los billetes del Banco de España, imprimieran una moneda con la imagen del dramaturgo en una de sus caras.[27] Muchas décadas después así se haría en la primera edición de billetes en el comienzo del reinado de Juan Carlos I, el 23 de octubre de 1979,con el billete de mil pesetas impreso en papel.
La prensa derechista La Época, en noviembre de 1911, refuta la candidatura de Galdós, le tacha de “presidente de la Coalición republicano-socialista”. A este pataleo se suman tres estudiantes, quienes firmaron una circular oponiéndose a la concesión del premio al ilustre literato, con conjuradas opiniones simplistas, de forma gratuita y sin sólidos argumentos, y en menoscabo a su ingente obra de creación literaria y del mensaje que contienen en sus páginas.
Ante esta perversa deriva quiso poner paz el obispo Antolín López Peláez, prelado de Jaca, si bien y era lógico por sus hábitos y credo católico, no comulgaba con las ideas plasmadas por el novelista Galdós. Intervino en la contienda dialéctica para apaciguar las exaltadas pasiones, tantas veces corroídas por extrañas emociones partidistas o llevados por líderes de la charlatanería más aberrada, y visita a don Benito en su casa de Argüelles, en Madrid (Hilarión Eslava, 5), en deferencia a la delicada salud del escritor, quien a pesar de “los ataques a la Iglesia, de Galdós”, –según su arbitraria opinión–. Este fue recibido con la amable y bondadosa cordialidad que siempre subsistió y caracterizó a la persona de don Benito. El obispo de Jaca consideraba que el premio debía recaer en el escritor canario por los grandes méritos de su vasta y creativa obra literaria. También se agregan a este ofrecimiento Ramón y Cajal y José Echegaray, el anterior Nobel (1904), como asimismo lo hace el monárquico conde de Romanones.[28]
El escritor Mariano de Cavia (él y Galdós en mutua estima) inserta un artículo en el rotativo El Imparcial que proponía que, para impresionar al comité seleccionador del Nobel se instara a la federación de Estudiantes Universitarios para que se manifestaran en la calle ante la vivienda de Galdós, en apoyo a su obra y candidatura. Pero erró en la idea: fue al contrario, en opinión de los estudiantes de este congreso. Tres mil de ellos firmaron para que no se le concediera el Nobel al prestigioso literato. El novelista Jacinto Benavente increpó a los estudiantes ante actitud tan vil, de tal modo que se sintieran agraviados, recordándoles que en su juventud apoyaron a Galdós, porque en las materias de sus novelas era considerado como un mesías a seguir en sus imaginados-realistas literarios.[29] En un comentario de un ciudadano español que reside en París, aduce con toda sensatez: “Por qué no hacer el ‘Libro de Oro’ de Galdós firmado por todos los españoles sinceramente orgullosos de su distinción literaria”.[30]
Ignominioso sería el texto de una columna impresa en el rotativo conservador-católico La Época, el cual descalifica el homenaje al maestro, editado el día 25 de noviembre de 1911, con autor anónimo, que para más señas escondido para no ser reconocido, menospreciando aviesamente la figura literaria de Galdós, como muy poco significada y haber sido el autor de ‘novelas revolucionarias’ que han manchado el suelo de rojo de la sangre derramada.[31] Poco o nada, ha entendido este articulista sobre la eminencia de la obra de Pérez Galdós.
Mismamente en el periódico conservador El Debate, en un artículo que inserta, escrito por un ‘lector’, en total anonimato, bajo sus particulares premisas y formas de entender las cualidades literarias y pensamiento de Galdós, ylógicamente, en contra de los contenidos de las obras galdosianas en su arbitrario fanatismo secular, opina: “Ciertamente, la opinión de que Galdós llegue a la altura de un premio Nobel o de cualquier otro premio es equivocada”.[32]
La Comisión del Nobel pro Galdós ideó la que se movilizara ante los amigos intelectuales del novelista y dramaturgo de Suecia, Noruega y Dinamarca, que debían exponer los meritorios avales literarios del escritor español. Para este fin, se pensó en Emilio Boadilla (Fray Candil), quien conocía a los destacados eruditos de los respectivos países aludidos por haber vivido en Escandinavia. Este aceptó cariñoso y muy vehemente a favor de don Benito.
También en España se hizo lo propio en apoyo del escritor canario. La comisión se activó en todos los estamentos propios de la intelectualidad nacional: universidades, academias y otras sociedades culturales de todo tipo y razón. Tal así, que la sección literaria del Ateneo de Madrid, que en ese momento estaba presidida por Jacinto Benavente, recibió ciento cincuenta firmas a las pocas horas de solicitarlas. El científico Ramón y Cajal se adhirió en nombre de la Academia de Medicina de Madrid; José Echegaray lo hizo por la Academia de la Lengua, remitiendo un telegrama a la Academia Sueca en apoyo solícito de Galdós y su excelsa obra literaria. También lo hicieron: el monárquico conde de Romanones y algunos diputados en las Cortes Españolas. Todos a favor del Nobel a Galdós.[33]
En febrero del año 1912, se presenta la candidatura en la Embajada de Suecia en Madrid, para cumplimentar los requisitos burocráticos establecidos por la Academia Sueca, adjuntándose los dosieres del literato propuesto: don Benito Pérez Galdós. El diplomático en la capital del reino estaba al tanto de todo lo concerniente a este esperpéntico asunto, sufrido por los tantos que honraron el talento del maestro y por el propio don Benito en su misma patria. Ante estas disputas el embajador se mantuvo al margen cautelosamente para no zaherir a ninguno de los ‘bandos’ en litigio.
En este mismo período de 1912, cesó como Secretario Permanente el tradicionalista e influyente Wirsen. Asumió el cargo Erik Axel Karlfeldt, produciéndose un cambio —aunque no radical—, en los criterios de respetos establecidos en la letra de los estatutos del Nobel. Pero aun así no hubo justicia para quien se lo merecía por su valiosa obra literaria: Galdós, quien dedicó toda su vida a la innata vocación que tanto amó y le sedujo intensamente.
Todas las propuestas con sus dosieres adjuntos de los méritos de los aspirantes son indispensables para el trámite, pero nada vinculantes. Solo es el primer apartado para cada uno de los pretendientes al Nobel. Seguidamente el propio Comité designa a un experto en la materia de cada uno de los concursantes para analizar su currículum. En el caso de don Benito recayó el informe a examinar en Göran Björkman, que entregó los resultados de su expediente analizado el 1 de mayo de 1912.[34] En la resolución de Göran Björkman, el investigador Ortíz-Armengol cree carecer de los conocimientos necesarios sobre literatura, y muy particularmente sobre el espíritu, temática y la novedosa creación novelística de la vasta obra de Galdós.
Una vez más Galdós era el más distinguido por su brillante currículum en parangón con el resto de los candidatos en base a sus méritos y aspiraciones en este año y en sucesivos. Los valores literarios fueron estudiados y presentados por el miembro del comité el académico Björkman, sobre todo por sus novelas históricas, denominadas por ellos. En Novelas Contemporáneas y las otras obras de tipología quijotesca como Nazarín y Ángel Guerra, y se hicieron especiales elogios a su exitosa obra Electra, de 1901.[35]
Tampoco en aquella convocatoria de 1912 recibió Galdós el Nobel. Era de esperar después de la guerrilla habida en la disputa de los intransigentes de otras ideas que no fueran las suyas, en las ideas políticas y religiosas contrarias, entre los dialécticos grupos en sus empáticas o antipáticas manifestaciones a favor y en contra del literato. Galdós y su Nobel solo fue el pretexto para avivar el fuego de rencorosas rencillas entre las clases progresistas y las conservadoras. Ese año de 1912 las simpatías socio-culturales recayeron en el dramaturgo alemán Gerhart Hauptmann obteniendo el Premio Nobel.
Como asevera Benito Madariaga, en ese fatídico año de 1912 sufre los esfuerzos de la edad y la enfermedad que le aflige lo va desmoronando físicamente: “Las reclamaciones al gobierno de Canalejas promueven una serie de escritos reivindicativos”. Prosigue: “[…] Este año fue cuando se promovió con fuerza, aunque en competencia con Menéndez Pelayo, su candidatura al Premio Nobel, que no obtuvieron ninguno de los dos escritores”.[36]
Aquel año de 1912, don Benito estaba delicado y preocupado por su salud, debido a la catarata que padecía en su ojo derecho que le impedía la correcta visión. Tan importante para su trabajo de la escritura y la observación, que para el novelista era primordial–. En abril de ese mismo año, se sometió a una nueva intervención, que a pesar de los augurios de los facultativos, de producirse una pronta mejoría, esta no se produjo. El desánimo del maestro se acrecentó, ante esta negra perspectiva de futuro como inventor de fábulas para sus novelas.
La negación del Nobel fue otro duro golpe a su moral que se sumaría a la desdichada ceguera. Supuso otro desgarro a su autoestima. Aunque este nuevo fiasco no se sabe cómo le sentó en la moral del dramaturgo canario; ni siquiera sus íntimos amigos lo manifestaron, como tampoco lo expresa su último amigo y secretario, el escritor grancanario Rafael de Mesa. Quienes conocieron a Galdós saben de su personalidad, carente de petulancia y altanería, que estaba más preocupado por su salud en la visión que mismamente afectó a su sensibilidad (habiendo sido operado en esas fechas, se efectuó con gran éxito para su vista). Aparentemente, estos dos motivos: salud y profesión, supondrían un severo revés para el noble don Benito en su moral. No pensaría en quienes valoraron su colosal obra y cualidades literarias e imaginativas bajo evidentes análisis fríos, burocratizados e interesadas desapreciaciones sobre sus obras, leídas estas en gustos, estéticas y argumentos extrañados a las intenciones y propuestas de su creador. Porque el arte no es para ser evaluado por nadie y menos comparándolo con otros maduros creadores y de muy meritorias intelectualidades. Y mucho menos, por gentes de otros estamentos sociales antagónicos y culturas bien distintas a las vividas por Galdós entre sus conterráneos de su país.
La estudiosa galdosiana Mary L. Coffey, no se cuestiona en determinar, que la militancia política de Galdós se le tuvo en cuenta y en detrimento por los conservadores y otras esferas sociales, ente los deméritos literarios del autor de los Episodios Nacionales. “No hay duda que sus actividades políticas afectaron negativamente la campaña nacional en 1912 de nominar a Galdós para el premio Nobel. Resultó difícil separar las ideas y actividades políticas del autor de la recepción crítica de sus obras literarias”.[37] De la misma opinión es César Lloréns Bargés que, en su artículo literario expone su parecer sobre las ideas políticas del insigne autor canario, citando al escritor Sainz de Robles, sobre el mismo asunto: “[…] produjo no pocos disgustos al escritor ya camino de la ancianidad, por el olvido de muchos, el apagamiento de su popularidad, la saña de los reaccionarios otrora combatidos por él sobre todo las maniobras políticas, que puede ocasionaran la pérdida del premio Nobel para el que estuvo propuesto”.[38]
Este fue un hecho insólito en nuestro país de aquel entonces, que siendo un intelectual español cabía el honor de haber tenido otro prestigioso galardón del Nobel para encumbrar la distinción de la nación. Amén de las disputas, simpatías y resentimientos por su libertad de acción y pensamiento –siempre discutible, como es obvio, pero respetable–, y para nada dogma de fe en las apreciaciones socio-políticas expresadas en sus obras. Este deshonesto rechazo no hubiese ocurrido en otros países: el bien de la nación está sobrepuesto a las personas y sus ideas. La moralina es una práctica habitual: y la envidia, de siempre, ha sido una práctica constante por nuestros lares.
Al siguiente año, 1913, la candidatura de Galdós al Nobel se presentaría por el Ateneo de Madrid, del cual era socio el escritor. En la fecha del 25 de enero, se organizó por los socios y colegas: José Echegaray, Octavio Picón, Tomás Borrás y los miembros de la Sección de Literatura del Ateneo, a los que se adhieren con su firma profesores universitarios, quienes en la redacción del texto, exponen la “fertilidad creadora del escritor”.[39]
En ese año 1913, además de Galdós, repitieron igual que en 1912, los siguientes españoles: el profesor Rafael Altamira, propuesto por la Universidad de Oviedo; el poeta Salvador Rueda, fue presentado por los profesores del Instituto Cardenal Cisneros de Madrid; Ángel Guimerá, por la Asociación de Buenas Letras de Barcelona e Institut d’Estadis Catalans. Junto a ellos se presentaron un total de 25 extranjeros más, para la obtención del Nobel. Y como ya era habitual, se recibieron desde España una gran cantidad de telegramas en desfavor del consagrado escritor canario y padre de tantísimas obras y en variedad de lenguajes literarios, como señala Ortíz-Armengol: “en contra de su elección”. Y continúa citando el último biógrafo de don Benito: “[…] parecía considerar su elección al Premio Nobel no solo como una bien merecida distinción a él mismo, sino también en honor para su país”.[40]
Encargaron en el Ateneo de Madrid al íntimo amigo de Galdós, el escritor Ramón Pérez de Ayala, a que se ocupara de los pormenores burocráticos y que emprendiera la campaña de apoyos y firmas en favor del ilustre socio. Muy bien rememoraba los méritos de don Benito, Pérez de Ayala, tantos años de complicidad intelectual y mutuo afecto. Existían muchas posibilidades para el maestro literato español, para ese año de 1913. Se tenía cierta información que para ese año había alguna predisposición de su concesión. Y sus ‘infundados enemigos’ parecen que habían remitido contra su perjudicial vetado.
Quizás hubo un receso en la ferocidad por el estado de salud en que se encontraba el literato: enfermo y melancólico. Pero los adalides de la intolerancia, del deshonor a los fehacientes méritos de un compatriota, ni olvidan ni perdonan. La obra y el pensamiento crítico de Galdós no eran para ellos dignos de tal honor. A pesar de que fuera el gran novelista de habla hispana, después de Cervantes. Era para estos sectarios, un ultraje y una forma de dañar la intelectualidad, el libre pensar y adscripciones políticas de don Benito.
Pero no, solo fueron suposiciones. Volvieron a la carga en contra su muy ganada nominación. La sencillez, generosidad y jamás envanecido por los éxitos alcanzados de don Benito, estaban más que demostrados a lo largo de su vida. “Su verdadero interés por el premio Nobel era solo material”.[41] Las necesidades económicas, y también su delicada salud, le habían empecinado por ese interés monetario, para resolver su maltrecha economía por el resto de su existencia. Ante esta situación, se retomó la idea de una suscripción nacional, que ahora sí fue aceptada por don Benito, que anteriormente había rechazado. La urgente necesidad le obligó a tal deshonor. Algunos de sus personajes novelescos, hundidos en la miseria, se estaban encarnando en la figura humana de su creador.
De nuevo y en su contra, los argumentos favorables de la Academia sueca del Nobel, se inclinaron por el otro competidor literario, el poeta Rabindramath Tagore, de origen hindú. Una vez más, y a pesar de haber cambiado el Secretario Permanente de la Academia Sueca, en la persona de Karlfeldt, quien hizo voltear los nuevos conceptos básicos y sustanciales (posiblemente), no hizo cambiar las influencias partidistas, y perenne animadversión hacia Galdós, de los miembros del Comité. También estaba proscrito el genio literario español, ante las continuadas e incomprendidas disputas ocurridas en el suelo patrio, en la propia nación española, entre los partidarios y detractores galdosianos, habiendo ambas llegado por informes remitidos de forma particular y oficial, a conocimiento del Comité del estamento seleccionador Sueco. Toda una muy negativa derivación a tener en cuenta, para la designación de Galdós, que hizo que este humanista y generoso hombre y grande intelectual, no tuviera las mínimas simpatías exhortadas para gran parte de los tradicionalistas europeos y del mismo Comité.
En 1914, con motivo del conflicto bélico europeo de la I Guerra Mundial, se paraliza la convocatoria de los premios. Pero aun así, se mantiene el nombre de Galdós en liza con otros pretendientes al Nobel, como el español Ángel Guimerá y otros autores internacionales, quienes hicieron un monto de veinticuatro aspirantes. La Academia, en su neutralidad bélica, fue respetuosa con el espeluznante acto belicoso y ese año lo declaró desierto. La cuantía dineraria quedó acumulada para años posteriores. En este año de elecciones, los republicanos presentan a don Benito por la circunscripción de su ciudad natal de Las Palmas, obteniendo la representación política al parlamento. Esto supondría también un alivio económico para el incesante trabajador de la creación literaria, que debía trabajar muchas horas diarias para subsistir, a pesar de su enfermedad, ceguera y con 70 años de vida.
El año anterior, en diciembre de1913, en el estreno de la obra teatral Celia en los infiernos, se aprovechó para dar un fuerte impulso a su candidatura. Una gran ovación cosechó el autor en la inauguración. A este se sumaron los críticos literarios, que con cierta vehemencia en sus críticas, a favor de la creación y obra de Galdós. El estado de salud y la perturbada economía del novelista hicieron que existiera una derivación bondadosa y humanitaria en los análisis de la obra. En la representación del día 7 de enero de 1914, le hicieron los monarcas presentarse en el palco real, para mostrarles su cariño y gratitud. Este apoyo monárquico se entendió, como que habían pasado los malos tiempos contra la candidatura y deshonores contra el maestro. Hecho que parecía ser una reconciliación entre las posturas enconadas en las facciones sociales hacia la obra de Galdós.
El periodista y dramaturgo Joaquín Dicenta propuso la idea para que se creara el Premio España, con la misma cantidad monetaria que la del Nobel. La intención era la de resarcir las penurias económicas y sobrellevar la enfermedad don Benito. De esta manera se garantizaría una renta para la vejez y padecimiento del novelista. Esta opinión fue apoyada por algunos periódicos, entre ellos El Liberal; y especialmente el ABC, que formuló ejecutar la tirada de una edición especial, consistente en un monográfico dedicado íntegramente al literato. Y la recaudación fuera destinada totalmente al empobrecido maestro. Y también, solicitó la cantidad de cinco mil pesetas de todos aquellos periódicos de solvencia económica, para contribuir en la ayuda retributiva a don Benito.
Gutiérrez Castro escribe en El Tribuno de Las Palmas, contestando a un maledicente articulista, quien insinúa: “A falta de Nobel, un premio español coronará la obra del novelista”. Y contesta, en su texto: “Recordemos que fue la clerecía, con todo su ejército de beatario y ‘requeté’ la que hizo aquella noble campaña en contra, cuando otros pedíamos el premio Nobel para Galdós, y sigamos adelante.”[42]
Un autor anónimo –también en El Tribuno– defiende la obra de Galdós: “¿Pues y los obispos? No rezan en su labor de zapa contra Galdós, también lo sé por los curas mismos. En suma, no he visto en mucho tiempo manifestación tan ruda de un odio profundo que se disfraza, aunque mal, de desprecio, mal, porque si tan insignificante es Galdós y nadie lee sus libros, como ha dicho El Siglo Futuro, y otros, ¿a qué ni para qué ocuparse de él con ese empeño?
Ya se vio algo de esto, más no con tanta intensidad, cuando se pedía para don Benito, el premio Nobel. ¿Se debería al jesuitismo la negativa que obtuvimos? Pudiera ser. Que el fracaso del homenaje, sí, como estoy teniendo, no lo puede dudar más que el que ande mal de la vista”.[43]
El investigador Manuel Alvar alude a los muy fieles y entrañables amigos de don Benito quienes adaptaron para las tablas teatrales la popular obra Marianela, para ayudar económicamente al escritor y apoyarle en la su candidatura al Nobel. “Solo al tercer intento fue la vencida: los Álvarez Quintero –ya por 1914– pensaron en hacer una versión de la novela para desagraviar al novelista de las mezquindades que padeció en su candidatura al Premio Nobel. La Marianela de los dramaturgos sevillanos se estrenó en 1916”.[44]
Ramón Pérez de Ayala, insiste ante don Benito en el año 1915, que había que volver en el empeño de proponer la pretensión al Nobel. Pérez de Ayala creía a ciencia cierta, como otros de los escritores y profesores universitarios españoles, que Galdós, con sus obras estaba a la altura, o bien superaba, a los más grandes mitos de la literatura universal: Dickens, Tolstoi, su admirado Balzac, o Shakespeare, por su comparable teatro. Galdós escribe a Pérez de Ayala, con el propósito de que escribiera un artículo crítico para las páginas del rotativo España, con el eminente estreno de su obra teatral Los condenados –escrita en 1894–, que había sido desempolvada de los anaqueles del tiempo, para su puesta en escena y prontamente se estrenará en el Teatro Español, y que esta pieza teatral fuera incluida en el dosier que había de enviar a la Academia Sueca de Estocolmo. Al respecto le señala en la misiva: “Dichas notas deben referirse a las siguientes obras: Cánovas, Celia en los infiernos, y Alceste”.[45]
Aun con el conflicto bélico europeo se presentaron once candidatos. Era presidente el historiador sueco Harald Hjäme (que fuera presidente del Comité de la Academia Sueca desde 1914 a 1924), hizo de valedor de la propuesta de Galdós, aludiendo el honesto historiador, a que se obviaran las viles infamias que se manifestaron contra el escritor, quien optó en destacar por los buenos oficios y méritos de la extensa obra galdosiana. En uno de los apartados de los ocho folios del sostenedor de la plática, comenta Ortiz-Armengol, que recibió una copia de la misma y recuerda que en los años 1913 y siguiente fue propuesto oficialmente por la Real Academia de la Lengua Española. “[…] se produjo un fuerte movimiento de protesta en contra de su elección, mostrado por muchos telegramas enviados a la Academia Sueca. Pero cuando la propuesta se volvió a renovar al año siguiente, parece que el movimiento había cesado”.[46]
Ya se consideraba por ese año quince, en términos generales, que la candidatura de Pérez Galdós era un hecho positivo para el escritor y un acontecimiento para la nación española. Pero como ocurriera en convocatorias precedentes, de tener la máxima seguridad para el premio, también aquel año de 1915 fue baldío. Como ya se hizo costumbre, el Nobel recayó en el dramaturgo francés Romain Rollandon. Para el académico Per Hallström el escritor español hacía años que debió haber obtenido el Premio por sus “altos valores estéticos”, pero las peyorativas artimañas de algunos miembros del Comité dieron al traste con el galardón a Galdós y le fuera concedido a Rollandon. El Nobel estaba conjurado en contra de Pérez Galdós por muchos miembros del Comité.
Como por justeza así debían haberlo sopesado desde sus inicios, pero el revanchismo de algunos y la perversidad de otros recelosos ante la defensa de su religiosidad y antiguallas, pudieron más que su honesto proceder e indignidad manifiesta ante un brillante talento de la creación literaria. Ortiz-Armengol entresaca del texto de las actas de la Academia Sueca lo siguiente: “La mayoría de los miembros de la Academia Sueca ha propuesto para 1915 al español Pérez Galdós… Galdós estuvo propuesto ya hace unos años, y entonces lo fue a propuesta de España. Que, sin embargo, nunca tuviera un apoyo unánime en España se confirma por el hecho de que se recibieran en la Academia y en su Comité para el Nobel miles de escritos de protesta. Esas protestas tenían un valor relativo ya que, como se conoce, Galdós luchó enérgicamente en favor de las ideas modernas, que tenían dificultades para ponerse de manifiesto en una España atrasada. Perecieron, sin embargo, mostrar que Galdós no era, como se indicó en algún papel del Nobel, el grand old man que los suyos habían proclamado”.[47]
Haciendo un exhaustivo análisis de este informe colegimos lo que sigue: No es comprensible que si la mayoría de los miembros de la Academia se habían decidido por los méritos expuestos en la candidatura de Pérez Galdós cómo es que optaran con sus votos en el resultado final por otro de los aspirantes para proclamarlo, que según dicho texto del informe tenía menor relevancia y cualidades que Galdós. No se tuvo en cuenta tampoco que Galdós estaba ya en el elenco de los posibles propuestos desde el año 1905, y que todos los años figuraba entre los más destacados personajes internacionales para optar al Nobel junto a las propuestas presentadas en la Academia Sueca por otros candidatos.
El Comité de la Academia sueca ha sido muy discordante con el espíritu de la letra fijada en las bases programadas en el texto del Nobel, que debe ser cumplido por los miembros del Comité escrupulosamente para ser elegido en los valores y reconocimientos del posible candidato. Las cláusulas a seguir por los miembros del Comité, al margen de los méritos del elegido, están basadas en los principios de concordia con todos los organismos estatales y privados de la sociedad. Acceder al Nobel es encumbrar y reconocer a los grandes hombres y mujeres del mundo que hayan brillado por sus investigaciones, descubrimientos o notables contribuciones a la humanidad en años inmediatamente anteriores al otorgamiento del Premio. Por ello, los componentes del Comité no se deben dejar influir por apasionamientos ajenos y oscuros a las disposiciones de los artículos escritos en el manifiesto preestablecido en la otorgación de tan preciada recompensa y deben éstos actuar en su estricto cumplimiento y desoír los ruidos procedentes de interesados organismos y de las animadversión de las gentes en particular. Actitud esta que puede generar un malestar y desconfianza en los demás, especialmente en los propuestos por sus valiosos trabajos realizados durante toda una vida.
Sin embargo, como es consustancial en todo ser humano ante sus simpatías y predilecciones, obviando las normativas, algunos de los miembros del Comité, y en particular, la del Secretario Permanente (como se ha manifestado con Carl David al Wirsen), por tener la voz altisonante de la Junta, han sido generalmente de tendencias conservadoras, por lo que podrían subyacer ciertos favoritismos en sus actuaciones contra aquellos que no comulguen con estas inclinaciones sociales. Y ante tal deber de imparcialidad, que debe primar por encima de todo y de presiones externas, tienen que actuar con la moderación exigida para no herir sensibilidades de todos los posibles elegidos, organismos y la propia credibilidad del Comité. Pero, obviamente, suponemos que han sucumbido a las presiones oficiales y extraoficiales y esencialmente ante la presión eclesiástica, por lo que no fueron honestos con su recto proceder a favor de las virtudes de un investigador y creador literario, como es este destacado ejemplo en don Benito Pérez Galdós y de otros escritores como Ibsen o Zola o Tolstoi.
Es asimismo de extrañar, como se argumenta en el informe, la sospecha de que se hayan recibido en el órgano de la Academia Sueca miles de escritos, telegramas, postales y cartas, en desfavor y la negación de otorgar el tan preciado Nobel al anatemizado literato por algunos entes y personas particulares de su propio país. Hecho que también lo denuncia el mismo Ortiz-Armengol en su personal incredulidad ante la conocida abulia del pueblo español. Obviamente, podemos suponer que para el Comité de la Academia Sueca nada contaron los otros escritos en su favor y los cualificados atributos del aspirante Galdós contenidos en el dosier remitido por los organizadores de la propuesta en apoyo del novelista y dramaturgo.
Si estas “protestas tenían un valor relativo”, como indica el informe, para los órganos electores del Nobel no se concibe cómo, incluso, se enuncia en el mismo documento informativo. Si no tienen valor todas aquellas apasionadas súplicas remitidas en contra del escritor se explica con evidencia que el jurado también estaba a favor del reproche y apartamiento de Galdós, en sus fueros ideológicos personales. Y estas influyeron, un año tras otro, de forma inexorable, en la elección de Galdós al Premio. No se tuvo en cuenta, al margen de estas febriles peticiones por los exaltados, los muchos méritos contraídos por el literato canario, quien aportó, como enuncia el informe aludido: “Galdós luchó enérgicamente a favor de las ideas modernas”. Lo hizo también por otras cualidades añadidas, lo cual fue mucho más que todo, un gesto renovador de las letras de la lengua hispana.
Para paliar las penurias financieras de don Benito, el día 2 de enero de 1916, el ministro Julio Burrel, del Ministerio de Instrucción Pública, le había propuesto en un cargo oficial en calidad de “delegado auxiliar” para la próxima celebración en la que sería el responsable de la organización del tercer centenario del nacimiento de Miguel de Cervantes.[48] Este compromiso asumido por Pérez Galdós sería honorífico, más que de dinámica labor al frente de la organización del evento. Se le retribuiría con unos honorarios de mil pesetas mensuales. Estos fastos acontecimientos se suspenderían por la I Guerra Mundial, pero Galdós no sería destituido en su función.
Ante esta distinción y posible tirón en la opinión pública y en la Academia Sueca, ejercido por el Ministerio de Instrucción Pública, el Ateneo de Madrid retomó la Comisión organizadora, para de nuevo presentar la candidatura de Galdós.
Pero, con una actitud de dudosa sinceridad y formas de actuar a favor de los académicos, en este caso contra el miembro que ocupaba el sillón N, alega, ante la solicitud de apoyo del ente filológico, por parte del coordinador del Ateneo, que había reavivado la solicitud del Nobel en 1916, que sería la última oportunidad de presentación de su candidatura. Enfatiza la Academia de la Lengua, que presidía en esos momentos Antonio Maura (amigo personal de Galdós y con la afición a la práctica de la acuarela, en salidas al campo junto al literato), en su paradójico escrito de respuesta que no apoya tal solicitud para el destacado miembro, por no ser de su competencia, según lo manifestado en sus estatutos reglamentados.
Asimismo figuró en el escrito contestado que su decisión no se debía a las diferencias existentes entre él y Galdós por sus ideas políticas. Y que ambos mantenían una vieja amistad y de simpatías por el arte plástico.
Esta negativa de adhesión oficial por parte de la Real Academia de la Lengua Española tampoco desanimó a Galdós ni a la Comisión de su candidatura al Nobel. En este abominable asunto Juan Antonio Marrero expone su reflexión: “Claro que esta y otras interesadas maniobras de la Academia bien podían haber significado una premonición para el más grande de los novelistas españoles. Porque ¿cómo se iba a imaginar don Benito que su propia corporación y una gran parte de la España que bullía en sus Episodios, se iban a oponer a la concesión del Premio Nobel para el que había sido designado.”[49]
El reconocimiento explícito a Galdós era considerado por un inmenso número de literatos e intelectuales en general, en toda Europa y Latinoamérica, contrariamente a una facción de sectarios de su país. Con el objeto de encomiar al novelista internacional el 23 de octubre de 1916, la Real Sociedad de Literatura de Gran Bretaña le concedió el noble título de Foreing Honorary Felow of the Society (Socio Extranjero de Honor).[50] Igualmente, por esa época, la Sociedad Hispana de América le otorgó el loable reconocimiento de escritor “más distinguido de la literatura española” con una medalla de plata, nombrándolo Socio de Honor.
En 1916, tuvo expresos deseos el presidente de la Academia sueca Harald Hjärne de incluir la candidatura de Galdós apoyada por el Secretario Per Hallström, que en un dictamen del día 21 de octubre de 1915 anunciaban que “[…] Galdós debería haber recibido el Nobel mucho tiempo antes, y examinaban su gran obra de novelista”.[51] Ante las afirmaciones internacionales aludidas el escritor canario se sentía seguro de conseguir el anhelado Nobel en la convocatoria de 1916. Pero no sería así, incomprensiblemente, una vez más. El negativo y arbitrario criterio de sus evaluadores de la Academia Sueca estaba escrito de antemano. También ese año fue aciago bajo la miope e hipotecada opinión del resto de los miembros del Comité. En 1916 le fue concedido al candidato nativo, propuesto por Suecia, el poeta, novelista y ensayista Verner Von Heidenstam (1859-1940).
El abnegado Galdós, en el año 1917 continúa con su ánimo inalterable para obtener el preciado galardón. Su perfil tipológico no se deja influenciar por los negativos resultados habidos repetidamente, ni por las sucesivas aflicciones que pudiera haber tenido por las infundadas opiniones en las arbitrariedades profesadas por los componentes del Comité juzgador, sin haber valorado la estética renovadora, sus contenidos temáticos y otros elementos significativos de sus novelas. No declina en persistir en este proyecto para la consecución del Nobel. Se exhorta Galdós en este loable propósito con toda obstinación. Este era paradigma que tenía su evidente lógica: algunos obtuvieron el Nobel por la continuidad en la presentación de sus dosieres, año tras año, por ellos mismos o por gestiones institucionales en su favor. Así se concedieron muchos, por sus abnegadas resistencias en la insistente presentación de la candidatura. Además, bien sabía el escritor que, de ser concedido este monto dineral, le solucionaría las grandes amarguras económicas en el próximo final de su existencia.
En 1916, tuvo expresos deseos el presidente de la Academia sueca Harald Hjärne de incluir la candidatura de Galdós apoyada por el Secretario Per Hallström, que en un dictamen del día 21 de octubre de 1915 anunciaban que “[…] Galdós debería haber recibido el Nobel mucho tiempo antes, y examinaban su gran obra de novelista.”[52]Ante las afirmaciones internacionales aludidas el escritor canario se sentía seguro de conseguir el anhelado Nobel en la convocatoria de 1916. Pero no sería así, incomprensiblemente, una vez más. El negativo y arbitrario criterio de sus evaluadores de la Academia sueca estaba escrito de antemano. También ese año fue aciago bajo la miope e hipotecada opinión del resto de los miembros del comité. En 1916 le fue concedido al candidato nativo, propuesto por Suecia, el poeta, novelista y ensayista Verner Von Heidenstam (1859-1940).
El abnegado Galdós, en el año 1917 continúa con su ánimo inalterable para obtener el preciado galardón. Su perfil tipológico no se deja influenciar por los negativos resultados habidos repetidamente, ni por las sucesivas aflicciones que pudiera haber tenido por las infundadas opiniones en las arbitrariedades profesadas por los componentes del comité juzgador sueco, sin haber valorado la estética renovadora, sus contenidos temáticos y otros elementos significativos y el conjunto de sus novelas. No declina en persistir en este proyecto para la consecución del Nobel. Se exhorta a Galdós en este loable propósito con toda obstinación. Este era el paradigma que tenía su evidente lógica: algunos obtuvieron el Nobel por la continuidad en la presentación de sus dosieres, año tras año, por ellos mismos o por gestiones institucionales en su favor. Así se concedieron muchos, por sus abnegadas resistencias en la pertinaz presentación de la candidatura. Además, bien sabía el escritor que, de ser concedido este monto dineral, le solucionaría las grandes amarguras económicas en el próximo final de su existencia.
Bajo esta demostrada premisa de ser una persona en incontable tenacidad, vuelve a llamar a su amigo y escritor Ramón Pérez de Ayala, quien renovó el dosier para la presentación de la nueva candidatura por medio del envío de dos insistentes misivas: una el 7 de octubre; y la siguiente el 29 de octubre de ese año de 1917, dirigidas al Ateneo madrileño. Le solicita en el texto si puede contar con el ente cultural para que haga la solicitud oficial al Nobel. De la entidad cultural recibieron la adhesión de quinientas firmas de socios en solicitud del Premio. “Esto me urge mucho, pues todo el asunto está suspendido hasta que dicho Ateneo en su Junta General diga la primera palabra”.[53] Ese año contaron con la inestimable ayuda del ciudadano sueco H. J. Dahlander, residente en Madrid, quien tenía influyentes contactos con las diplomacias de España y Suecia.
Con muchas prisas esperaba don Benito la respuesta de Pérez de Ayala; y también de la próxima visita a su casa para hablar de este importante asunto. Sin tener aún conocimientos sobre las decisiones del Ateneo quería oírlo personalmente de Pérez de Ayala. Insiste con otra carta con el cariñoso “Mi queridísimo Ayala”, como encabezamiento de la misiva, el día 9 de noviembre de 1917, sabedor de que al siguiente día se reunía la junta extraordinaria del Ateneo. “Dispense tanta molestia, pues no estoy tranquilo hasta no saber que este asunto se ha realizado”.[54] Pero no consta que la presidencia del Ateneo presentara la candidatura en una nueva ocasión.
Este desafuero del vetado premio Nobel a Galdós es rememorado por Miguel de Unamuno pasado el tiempo, en un artículo realizado en evocación de la muerte del novelista (4 de enero de 1920). Expresa en su texto que era conocedor del bochornoso asunto por la información directa que recibía de “el bibliotecario del Nobel de Stockolmo que no pasaba día sin que se recibieran cartas y telegramas diciendo que a Galdós no; a cualquiera; fue lo más lamentable”. [55]
Los allegados amigos y simpatizantes de la excelsa obra de Galdós no se conformaron ni resignaron nunca con la esperpéntica actuación de la Academia Sueca en no conceder el más que ganado Premio Nobel a tan eminente figura de la creación literaria española; además de haber sido traducido a varias lenguas una parte de sus obras. Esa será una página gris –cuasi negra– en la intrahistoria del Nobel y la Academia Sueca. El Nobel se ha desprestigiado en su historial por haber contado con unos selectivos y celosos evaluadores de la moral y las buenas costumbres, que no excluyeron de sus anegadas conciencias los sectarismos sociales, políticos y religiosos, y aceptando las absurdas presiones exteriores ajenas a sus criterios y a las ordenanzas establecidas en los estatutos del propio Premio Nobel. Insistieron los admiradores y amigos de Galdós en 1928, en la idea de restablecer la petición del Nobel al maestro, en este caso con carácter póstumo, para que con el importe del premio se originara un Premio Nacional en España y así recordar su memoria. Aunque de antemano ya se conocía que dicho premio Nobel no existía con tipología póstuma. Sólo se concedía a los pretendientes vivos, por lo que la presentación sería estéril.
El columnista Castrovido se duele de que no se le otorgara el premio Nobel, que también negaron a Ibsen, Tolstoi, Zola, Huysman, Brandes, Blasco Ibáñez. “Creo –me dijo– que los escritores españoles, unánimemente, debíamos solicitar el Nobel para Galdós, fundamentando, razonando los méritos de esta gigantesca figura española. Este premio post mortem sería un ejemplo de absoluto desinterés, de verdadera significación idealista, puesto que el escritor no vivía ya. Y con el importe del premio –con la renta, claro– fundar entre nosotros el premio Galdós, con su correspondiente Comité, con sus estatutos, con todo lo que exige esta clase de funciones… creo que es un deber de todos nosotros solicitar algún día el Nobel para Galdós. Su obtención y la creación de un premio con el nombre al glorioso sería el modo mejor de recordar al maestro…”[56]
El articulista Yolán manifiesta en un análisis breve sobre la temática galdosiana que, posiblemente hicieran enojar a los tradicionalistas de pensamiento y a las clases pudientes de la época: “Galdós mostró viva simpatía por los débiles y los humildes. Aquella pluma que a veces era látigo, tuvo para ellos ternura compasiva y estremecióse de emoción humana y ardiente caridad. Al dejar Galdós esta vida, la Humanidad perdió un hombre bueno y justo; las letras perdieron un novelista insigne, observador atento, a través de cuya pupila pasaban tipos y costumbres, con todas sus impurezas, ennoblecidas por el arte”.[57] La bondad de Galdós quedó siempre inalterable durante toda su existencia, y fue muy leal a su forma de pensar y hacer denuncia entre la realidad y la ficción de los hechos y vivencias en la sociedad de entonces. De este modo lo describe el articulista que se firma P. B.: “D. Benito, fue un hombre bueno, un espíritu que siempre vivió fuera de las trapacerías y claudicaciones de este bajo mundo, fue y este es su pecado más grande e imperdonable el glorioso e inmortal autor de obras […]”[58]
Las acometidas se sucedieron por parte de la prensa conservadora, católica y monárquica, en desfavor del gran creador literato. Las ofensivas arremetidas contra el contenido de las obras de Pérez Galdós no fueron un hecho aislado por un tiempo, sino que se produjeron constantemente. Así lo lamenta el articulista A. Llinás sobre los embates sufridos por el intelectual novelista y dramaturgo durante toda su existencia:
Este personaje español y canario que logró con su intelecto infundir cariño por los cocientes de justicia, tiene enemigos irreconciliables que no le personan abriera las puertas de la verdad y el camino del bien a sus conciudadanos. Tan pobres son los ataques a la obra galdosiana, efectuados por los oscurantistas y cavernarios, que agotado su numen, ya solo practican el ‘calumnia que algo queda.[59]
El proceder consciente del maestro de la literatura había sido durante toda su vida, y así fue expresado ese pensamiento libertario en los argumentos de sus obras, que aducía en constante afirmación, que dormía muy bien todas las noches “por su limpia conciencia”.[60] El contenido temático de sus obras respondía a una crítica social, entre la realidad y la ficción. A cada lector le toca juzgar tales contenidos y aplicar sus diatribas agnósticas o comulgar con ellas. Esa es una prueba de que don Benito mantuvo el fiel de su ética sin alteraciones contra nada y jamás hizo perjuicio a nada ni nadie, ni directa ni indirectamente. Ni a conciencia ni por casual equivocación. En sus novelas transcribió lo visto y ocurrido en la realidad social circundante –aderezado con la quimera de la creación y el arte de la retórica literaria impregnadas en sus novelas–. Y cada cual lo interpreta bajo sus propios espectros éticos, morales e ideológicos, y con quien quiera verlos y entenderlos.
En sus novelas, dramas y comedias, preparó el advenimiento de nuevos tiempos, enseñando los bienes de la libertad y la democracia. Galdós fue el novelista más copioso entre los novelistas españoles. El más original de los escritores de su tiempo.Su obra es de enorme trascendencia política y social. “Combatió Galdós en sus obras toda la podredumbre de una sociedad corroída por el interés, la malicia y la ruindad. Fue un defensor romántico del pueblo, de sus libertades y derechos frente a las usurpaciones de los facciosos religiosos y de los aristócratas, pero sin adularle”. [61]
En otro artículo de prensa, Roberto Castrovido realiza en parangón entre los dos más importantes novelistas de España: “Las similitudes y correspondencias entre Cervantes y Galdós son tantas y tan manifiestas, que casi huelga señalarlas. Cervantes creó el género novelesco, y este modo literario característico de la Edad Moderna; Galdós lo ha llevado al término más cumplido de perfección y madurez”.[62] Prosigue: “Le odian todavía, después de muerto, más allá de la tumba. –se comprende–. Aún retoña por esos mundos la familia de León Roch. La vida del gran novelista, del grande dramático, rehusó dengosa, mojigata dueña Irifardi la Academia, de que el autor de ‘Gloria’ formaba parte, solicitar para él de la Junta de Estockolmo el premio Nobel, que como nadie en España se merecía, si se ha de hacer caso de la última del sensible y humanitario inventor de la dinamita. En la muerte hay quien le araña, le muerde, le regatea gloria y le roe los zancajos.” [63]
El escritor gallego Torrente Ballester mentó una obra de teatro en la que hace alusión crítica a la injusta negación del Nobel al escritor canario. Benito Madariaga cita esa tropelía: “Una Gloria Nacional (1990) es una pieza teatral poco conocida, de Gonzalo Torrente Ballester, que recoge con fina ironía la sensibilidad del autor ante la injusticia y humillación cometida por España con motivo de la candidatura al Premio Nobel de Benito Pérez Galdós”. [64]
Conclusiones
En este presente estudio se realiza un análisis sobre las causas y noticias que incurrieron para que a don Benito Pérez Galdós se le negara el Premio Nobel, casi desde la instauración de este, en el año 1900, hasta la muerte del escritor el 4 de enero de 1920.
Se destaca en el artículo los incomprensibles aconteceres, algunos dolientes y otros grotescos, realizados en manifestaciones de variado tinte en oposición a la concesión del Nobel a Galdós. Estas tuvieron su origen e inquina en muchas críticas periodísticas, en los agravios de las clases conservadoras, monárquicas y la mezquina actuación de una parte de adeptos católicos y del mismo Vaticano, en represalia por las argumentaciones críticas en la realidad-ficción en sus novelas.
Varios son los artículos de prensa y análisis literarios que se citan en este estudio (y habrán muchos más publicados) que destacan los valores literarios de Galdós para ser justo merecedor del premio Nobel. Se describen en ellos que fue Galdós el más fecundo en las creaciones novelistas españolas, el más original de los escritores de su tiempo y pocos escritores de su época tienen parangón con él. Todos los articulistas y literatos citados, dicen que era el escritor merecedor del premio Nobel por su demostrado talento literario. Su obra así lo dictamina.
Entre los méritos atribuidos al escritor destaca la de ser conocido en todo el mundo literario, admirado en Europa, América y Extremo Oriente, siendo el más célebre escritor internacional de su época entre los escritores españoles y su obra fue traducida a varias lenguas. Entre otra de sus cualidades, sus obras tienen un equivalente en Francia con el novelista Balzac. Conquistó a los lectores de España de finales del XIX hasta la segunda década del siglo XX, por lo que fue el más importante de ese periodo.
Otra de las sobresalientes aportaciones de Galdós fue en el número de personajes creados por el novelista, que alcanzó un máximo de 4.000. Galdós ha dejado hijos putativos por todas las calles y plazas, casas y casones, templos y guaridas de Madrid. Sus hijos-personajes vivirán siempre como él los proyectó en sus novelas: alegres o afligidos, indigentes o ricos, caritativos o viciosos.
Señala Pérez de Ayala, las similitudes y correspondencias existentes entre Cervantes y Galdós, que son tantas y tan notorias. Cervantes creó las cualidades de la novela en el estilo literario de la Edad Moderna; Galdós lo ha llevado al culmen con enjundia y exquisitez.
Francisco Yndurain asevera que redescubrió la novela en España, alcanzando su cenit creativa en el 98, con evidentes influencias cervantinas e incorporó a sus obras, con su personal estilística, los argumentos y temas fundamentales de la novela europea del siglo XIX.
El científico C. P. Snow, admirador de las obras galdosianas, hace mención a las andanzas por todo el solar patrio peninsular del escritor y se lamenta por no habérsele gratificado con el Nobel, habiendo sido en su país un intelectual controvertido, con la ignominiosa intromisión de determinados compatriotas para que no fuese obtenido.
El rey Alfonso XIII reconoció oficialmente a Galdós como “gloria nacional” de la literatura en 1902 por los méritos históricos-literarios de su gran obra, los Episodios Nacionales al concedérsele la Gran Cruz de la Orden de Alfonso XII.
Galdós fue candidato al Nobel en 1905 propuesto por la Academia Sueca, la cual sugirió al Gobierno español que presentara la candidatura de Pérez Galdós al Premio Nobel. El Gobierno, conservador y monárquico, se negó. Hubo desde ese año toda una conspiración por una parte de sus propios compatriotas para que no lo recibiera.
La Real Academia de la Lengua, a través de algunos académicos, propuso en ese mismo año de 1905 a don Marcelino Menéndez y Pelayo de forma oficial, por lo que fue el rival español de Galdós a presentar en la Academia sueca.
Ante ambas candidaturas —que fueran propuestas por primera vez— se movilizaron todo un elenco de personas: profesionales, diletantes, gremios, religiosos, lectores, estudiantes, intelectuales (escritores, profesores), Academias, Colegios profesionales, Sociedades, Ateneos culturales, etc. Unos a favor de Galdós y otros absolutamente disconformes a su designación por los contenidos de sus obras.
En el año 1911 de nuevo se retoma la propuesta para el Nobel a favor del autor de Marianela. Será el mismo Galdós quien dirija la comitiva con el objetivo de restar la acritud que por su tendencia republicana y los temas tratados en sus obras, que habían enardecido a sus contrarios para la concesión del galardón.[i]
Entre los varios rotativos conservadores y fundamentalmente católicos, se adhirieron a la cruzada contra Galdós: El Correo Español, El Debate y El Siglo Futuro. Este último, tuvo la maledicencia de proponer a sus seguidores el envío a la Academia sueca de cartas y tarjetas postales, programadas por el periódico a favor de Menéndez y Pelayo. La prensa derechista La Época en noviembre de 1911 refuta la candidatura de Galdós. A favor del literato se movilizaron los rotativos El Cantábrico y El Diario Montañés.
El informativo católico L’Osservatore Romano también participó activamente en la polémica contienda en contra del literato español. Exhortó a los católicos a seguir los dictados del Vaticano, incitando a votar a todos los católicos y conservadores la candidatura de Menéndez y Pelayo. El órgano de tipología católica La Atalaya recogió firmas en Santander a favor de don Marcelino.
En febrero del año 1912 se presenta la candidatura de Galdós en la Embajada de Suecia en Madrid. Esta representación estaba al tanto de todo lo concerniente a este esperpéntico asunto sufrido por los tantos que honraron el talento del maestro y por el propio don Benito en su misma patria.
En este período de 1912 había cesado como Secretario Permanente el tradicionalista e influyente Carl David al Wirsen, que fue el primero de los obstáculos dentro de la Academia sueca, quien actuó negativamente en contra de Galdós en la concesión del Nobel. Posiblemente, tuviera muy en cuenta las solicitudes llegadas desde España.Asumió el cargo Erik Axel Karlfeldt, que produjo un ligero cambio en la Academia sueca.
No había duda que las actividades políticas del literato afectaron negativamente la campaña nacional en 1912, para nominar a Galdós para el premio Nobel. De la Real Academia de la Lengua determinados miembros se pronunciaron a favor de Galdós en ese año, como Sellés y Echegaray.
A la siguiente candidatura en 1913, la pretensión de Galdós al Nobel se presentó por el Ateneo de Madrid, del cual era socio el escritor. En la fecha del 25 de enero se organizó por los socios del ente: José Echegaray, Octavio Picón, Tomás Borrás y los miembros de la Sección de Literatura del Ateneo.
En 1914, con motivo del conflicto bélico europeo de la I Guerra Mundial se paraliza la convocatoria de los premios. Pero aún así se mantiene el nombre de Galdós en liza con otros pretendientes al Nobel. El estreno de la obra teatral Celia en los infiernos en diciembre de1913, se aprovechó para dar un fuerte impulso a su candidatura del citado periodo.
Ramón Pérez de Ayala reitera ante don Benito en el año 1915 que había que volver a la pretensión al Nobel. Pérez de Ayala creía a ciencia cierta, como otros escritores y profesores universitarios españoles, que Galdós con sus obras estaba a la altura, o bien superaba a los más grandes mitos de la literatura universal: Dickens, Tolstoi, su admirado Balzac, o Shakespeare, por su comparable teatro.
La mayoría de los miembros de la Academia sueca habían propuesto para 1915 al novelista español. Galdós estuvo insinuado hacía varios años, y entonces lo fue a propuesta del Gobierno español. Pero nunca tuvo un apoyo unánime en España, el cual se reafirma por el hecho de que se recibieran en la Academia sueca miles de escritos de protesta.
En el año 1916 la Real Academia de la Lengua Española, presidida en esos momentos por Antonio Maura (amigo personal de Galdós), en una actitud de dudosa sinceridad, en desfavor del académico que ocupaba el sillón N, se negó a firmar la solicitud por parte de la institución. En su paradójico escrito de respuesta, alega que no apoya tal petición para el destacado miembro por no ser competencia de la Academia según los estatutos.
Por parte del Ateneo madrileño, que había reavivado la solicitud del Nobel en 1916, sería esta la última oportunidad de presentación de su candidatura.
Para paliar las penurias financieras de D. Benito, el día 2 de enero de 1916 el ministro de Instrucción Pública, Julio Burrel, le había propuesto para un cargo oficial en calidad de “Delegado auxiliar” para la próxima celebración del tercer centenario del nacimiento de Miguel de Cervantes.
En ese mismo año de 1916 tuvo expresos deseos el presidente de la Academia sueca Harald Hjärne de incluir la candidatura de Galdós, apoyada por el Secretario Per Hallström, que en un dictamen del día 21 de octubre de 1915, anunciaban: Galdós debería haber recibido el Nobel hacía muchos años, por su gran obra de novelista.
El perseverante Galdós en 1917 continúa con su ánimo inalterable para obtener el preciado título. No se deja influenciar por los negativos resultados habidos repetidamente. Vuelve a llamar a Pérez de Ayala para la presentación de la nueva candidatura, que por medio del envío de dos insistentes misivas: una el 7 de octubre; y la siguiente el 29 de octubre de 1917 dirigidas al Ateneo en la solicitud oficial para el Nobel. No se conocen más datos de una nueva presentación al merecido Nobel para el ya enfermo y decrépito novelista canario.
Insistieron los admiradores y amigos de Galdós en 1928 en la idea de restablecer la petición del Nobel al maestro con carácter póstumo, para que con el importe del premio se originara a su vez un Premio Nacional en España y así recordar su memoria. Ya se conocía que dicha concesión no existía con tipología póstuma, por lo que la promoción sería estéril.
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YOLÁN. “Galdós”. El Tribuno, 5 enero, 1926, p, 2.
[1] Palomo Vázquez Pilar “De Episodios Contemporáneos”. Actas Congresos Internacionales de Estudios Galdosianos, p, 629.
[2] Hernando, María Isabel “Galdós, 50 años de su muerte”. El Eco de Canarias, 18 abril, 1970, p, 10.
[3] Gullón Germán “La imagen actual del galdosismo en España”, Actas Congresos Internacionales de Estudios Galdosianos, p, 835.
[4] Rodríguez Batllori, F. “El Premio Nobel”. Galdós en su tiempo. Las Palmas1968.p, 131.
[5] M.S.B. “Continúa el ciclo galdosiano de la UIC”. El Eco de Canarias, 10 enero, 1970, p, 20.
[6] Ortiz-Armengol, Pedro “La Academia”. Vida de Galdós. Crítica. Barcelona. 2000, p, 265.
[7] Pérez Galdós Benito “La voz interior”, La Fontana de Oro, 1867-68, p, 96.
[8] Castrovido, Roberto “El teatro de Galdós”. El Tribuno, 23 agosto, 1927, p, 1.
[9] Madariaga de la Campa, Benito “Anticlericalismo y compromiso político en los textos galdosianos del siglo XX”. Actas Congresos Internacionales de Estudios Galdosianos, p, 424.
[10] VV AA. “Nuestra ofrenda a Galdós”. El Tribuno, 4 enero, 1931, pp. 1, 2, 3.
[11] López Cabrera, María del Mar “Relación Mesonero Romanos-Pérez Galdós. Huella de ‘El curioso parlante’. En Trafalgar y Cádiz”. Actas Congresos Internacionales de Estudios Galdosianos, p, 113.
[12] s. a. “En el 13 aniversario de la muerte de Galdós”. Diario de Las Palmas, 4 enero, 1933, p, 1.
[13] s. a. “Galdós recorrió España de lado a lado, la pisó metro a metro”. El Eco de Canarias. 10 enero 1970, p, 10.
[14] s. a. “Galdós recorrió España de lado a lado, la pisó metro a metro”. El Eco de Canarias. 10 enero 1970, p, 10.
[15] Villanueva, Darío “Teoría comparada de la novela”. Actas Congresos Internacionales de Estudios Galdosianos, p, 23.
[16] Rodríguez Batllori, Francisco “El Premio Nobel”. Galdós en su tiempo. 1968,p, 133.
[17] Carrasco, Eduardo “En el MCIII aniversario del nacimiento de Galdós”. “Galdós”. La Provincia, 12 mayo, 1936, p, 16.
[18] Berkowitz, H. Chonon “Pérez Galdós. Cruzado liberal español”. Universidad de Wisconsin. 2000, p, 238.
[19] Ortiz-Armengol, Pedro “Pretensión al Nobel”. Vida de Galdós. Crítica. Barcelona. 2000, p, 712.
[20] Pérez de Ayala, Ramón, “Honremos a don Benito Pérez Galdós”. Diario de Las Palmas, 4 enero, 1933, p, 1.
[21] Pérez de Ayala, Ramón “La gloria de don Benito Pérez Galdós”. Diario de Las Palmas, 10 mayo, 1935, p, 1.
[22] Sainz de Robles, Federico “Galdós y sus criaturas madrileñas”. La Provincia, 14 enero, 1943, p, 1.
[23] Rodríguez Puértolas, Julio “Notas sobre los escritos de Galdós: Ultramontanos, fascistas y modernos varios”. Actas congreso internacional de Estudios galdosiano, p, 212.
[24] Madariaga de la Campa, Benito “Anticlericalismo y compromiso político en los textos galdosianos del siglo XX”. Actas Congresos Internacionales de Estudios Galdosianos, p, 424.
[25]Ortíz-Armengol, Pedro, “Pretensión al Nobel”. Vida de Galdós. Crítica. Barcelona. 2000, p, 713.
[26] Guerra del Río, Domingo “Galdós”. El Tribuno, 3 enero, 1926, p, 2.
[27] Berkowitz, H.Chonon “Pérez Galdós. Cruzado liberal español”. Universidad de Wisconsin. 2000, p, 238.
[28] Opus cit. p, 240.
[29] Opus cit. p, 239.
[30] Opus cit. p, 239.
[31] s. a. “Homenaje inoportuno”. La Época, 25 noviembre, 1911. / Berkowitz H. Chonon “Pérez Galdós. Cruzado liberal español”. Universidad de Wisconsin. 2000, p, 240.
[32] Un Lector “El homenaje a Galdós”. El Debate, 28 noviembre, 1911.
[33] Berkowitz, H.Chonon “Pérez Galdós. Cruzado liberal español”. Universidad de Wisconsin. 2000, p, 238.
[34] Ortiz-Armengol, Pedro “Pretensión al Nobel”. Vida de Galdós. Crítica. Barcelona. 2000, p, 717.
[35] Ortiz-Armengol, Pedro “Aproximación de Galdós al Nobel”. Actas Congresos Internacionales de Estudios Galdosianos, p, 12.
[36] Madariaga de la Campa, Benito “Anticlericalismo y compromiso político en los textos galdosianos del siglo XX”. Actas Congresos Internacionales de Estudios Galdosianos, p, 424.
[37] Coffey, Mary,L “De profecía a parodia: Galdós y el republicanismo español”. Actas Congresos Internacionales de Estudios Galdosianos, p, 312.
[38] Lloréns Bargés, César “El Diputado Señor Pérez Galdós”. Actas Congresos Internacionales de Estudios Galdosianos, p, 336.
[39] Ortíz-Armengol, Pedro “Pretensión al Nobel”. Vida de Galdós. Crítica. Barcelona. 2000, p, 732.
[40] Ortiz-Armengol, Pedro “Aproximación de Galdós al Nobel”. Actas Congresos Internacionales de Estudios Galdosianos, p, 13.
[41] Berkowitz, H. Chonon “Pérez Galdós. Cruzado liberal español”. Universidad de Wisconsin. 2000, p, 242.
[42] Gutièrrez Castro, M “Galdós y su crucifijo”. El Tribuno, 25 febrero, 1914, p, 1.
[43] s. a. “El homenaje a Galdós y el jesuitismo”. El Tribuno, 9 mayo, 1914, p, 1.
[44] Alvar López, Manuel “La ópera ‘Zaragoza’ y Galdós”. Actas Congresos Internacionales de Estudios Galdosianos, p, 441.
[45] Ortiz-Armengol, Pedro “Pretensión al Nobel”. Vida de Galdós. Crítica. Barcelona. 2000, p, 752.
[47] Opus cit. p, 773.
[48] Berkowitz, H. Chonon “Pérez Galdós. Cruzado liberal español”. Universidad de Wisconsin. 2000, p, 248.
[49] Marrero Cabrera, Juan Antonio “Una vacante en la Real Academia de la Lengua, en el otoño de 1904”. Actas Congresos Internacionales de Estudios Galdosianos, p, 498.
[50] Berkowitz, H, Chonon “Pérez Galdós. Cruzado liberal español”. Universidad de Wisconsin. 2000, p, 248.
[51] Ortiz-Armengol, Pedro “Aproximación de Galdós al Nobel”. Actas Congresos Internacionales de Estudios Galdosianos, p, 13.
[53] Opus cit.
[54] Opus cit. p, 13
227Ortiz-Armengol, Pedro “Aproximación de Galdós al Nobel”. Actas Congresos Internacional de Estudios Galdosianos, p, 13.
[56] Castrovido, Roberto. “Los que amaron a Galdós”. El Tribuno, 22 noviembre, 1928, p, 1.
[57] Yolán “Galdós”. El Tribuno, 5 enero, 1926, p, 2.
[58] 57 P. B. “Un aniversario”. El Tribuno, 4 enero, 1927, p, 1.
233 P. B. “Un aniversario”. El Tribuno, 4 enero, 1927, p, 1.
[60] Llinás, A. “Mi implicación al homenaje a Galdós”. El Socialista, 15 enero, 1931, p, 4.
[61] Sosa Suárez, Juan “Al creador de Gloria”. El Tribuno, 3 enero, 1926, p, 3.
[62] Castrovido, Roberto “El teatro de Galdós”. El Tribuno, 23 agosto, 1927, p, 1.
[63]Opus cit.
[64] Madariaga de la Campa, Benito “Anticlericalismo y compromiso político en los textos galdosianos del siglo XX”. Actas Congresos Internacionales de Estudios Galdosianos, p, 424.
La no concesión del Nobel a Galdós fue un intolerante acto de reconocimiento y honra a su abundante creación literaria y un craso error histórico que denigra la noble, digna y honrada rectitud en la designación de los premiados por parte de los miembros selectivos de la Academia sueca. Al no habérsele concedido el prestigioso honor a la obra de Galdós –como a otros muy destacados literatos mundiales–, la Academia Sueca perdió
la gran oportunidad de contar entre sus gratificados a este preclaro intelectual, muy digno de haberlo obtenido. Por esta razón, la Academia sueca se creó su descrédito.
La justeza, honestidad y lealtad al espíritu del mismo debió quedar patente en la otorgación del Nobel, que según se enuncia en sus estatutos debe recaer en todos aquellos personajes que hayan sobresalido por sus investigaciones, descubrimientos o notables contribuciones a favor de la humanidad. Y que se supone debe prevaler sobre ideologías sociales o políticas o simpatías hacia uno u otro de los aspirantes y sus obras, particularizas en los miembros del Comité.
La tendencia política republicana y sus críticas a la religión en sus novelas del autor librepensante e innovador en sus ideas, en antinómica diversidad con la España clasista y sumisa en gran parte a las clases dominantes de entonces. No se puede olvidar, como también opina Germán Gullón, que Galdós fue un escritor liberal en un país de tendencias clásicas, conservadoras y catolicista. Su obra se asocia históricamente con la Institución Libre de Enseñanza, con los krausistas, con las fuerzas progresistas.















