
Observatorio Negrín-Galdós
El Carnaval tiene esa doble vida que a veces choca: la fiesta libre de la calle y el gran escaparate oficial (galas, concursos, retransmisiones). Y cuando llega la Gala de la Reina, esa tensión se nota más que nunca: lo que para unos es tradición y espectáculo, para otros se vuelve un examen público donde se mide si el Carnaval “suena” a Carnaval… o si solo brilla.
En Santa Cruz de Tenerife, la gala de esta semana coronó a Carla Castro Castellano como Reina 2026 con la fantasía “Icónica” (diseño de Alexis Santana), en una edición dedicada a los “Ritmos latinos” y presentada por Paula Vázquez y Alexis Hernández. . Además, fue una gala especialmente comentada por su duración más contenida, con proclamación antes de medianoche, algo que se destacó como hito en una tradición que en Santa Cruz arranca en 1965.

Pero lo que “se comió” el día siguiente fue la resaca en redes. Las críticas más repetidas fueron bastante concretas:
- El playback de artistas invitados —especialmente el grupo Los 4—, señalado por parte del público como demasiado evidente (hasta el punto de que “no cuadraba” con micrófonos y gestos).
- La actuación de Manny Manuel, que aunque cantó en directo, recibió comentarios de que no fue su mejor noche o que no terminó de levantar a un público que algunos describían como frío.
- Una decisión de organización que dolió especialmente: que tres candidatas no salieran al escenario en el momento final, algo que mucha gente consideró injusto después de meses de preparación.
- Y hasta hubo debate “de ojo”: quienes echaron de menos más variedad cromática en las fantasías (se habló de predominio de dorados y plateados).
A esa crítica “de detalle” se le sumó la crítica “de fondo”: la idea de que la gala, como formato, a veces parece ir por detrás de la energía real del Carnaval. Hubo artículos muy duros que la pintaron como un espectáculo repetitivo, demasiado institucional y poco conectado con lo contemporáneo (y con el coste que supone).
Ahora bien: sería injusto decir que todo fue rechazo. En el mismo ruido de redes se vio una división clara: mucha gente defendió el nivel altísimo de los trajes y felicitó a la Reina, mientras otros la consideraron “amena” aunque discutieran partes del show. . Y en términos de seguimiento, la gala funcionó: en Televisión Canaria logró un 23,3% de cuota, con 111.000 espectadores de media (y 215.000 contactos en algún momento), su mejor dato desde 2018 según RTVC. . También hubo crónicas positivas que insistieron en el “ritmo y la emoción” de una noche con gran despliegue y mucha participación de grupos y figurantes.
Desde el Ayuntamiento, el concejal de Fiestas Javier Caraballero salió a dar la cara: reconoció que hay críticas y defendió que hace falta una “reflexión profunda” con el mundo carnavalero para decidir qué gala se quiere en el siglo XXI. También apuntó algo interesante: que la percepción en el Recinto Ferial (en vivo) no siempre coincide con la percepción por televisión.
Al final, la discusión de “ayer” dice mucho del Carnaval de hoy: la gente no solo quiere brillo. Quiere verdad (si se canta, que se cante), quiere respeto (todas las candidatas en el momento clave) y quiere identidad (que el corazón de la fiesta —murgas, comparsas, calle— no quede como decorado). Y quizá esa sea la paradoja más bonita: se critica porque importa. Porque el Carnaval no es un programa. Es una forma de estar juntos.
Y, como recordaban varias crónicas, lo mejor es que cuando cae el telón… empieza lo de verdad: la Cabalgata Anunciadora y la noche en la calle (en Santa Cruz, con salida a las 19:30 y fiesta en escenarios). . Y si miramos a la otra orilla, en Las Palmas de Gran Canaria también se vive hoy la Gala de la Reina (21:00, Parque Santa Catalina, con emisión en Televisión Canaria/RTVC).















