
Daniel Gautier
Para la mayoría de los franceses, el nombre de Pérez Galdós, sólo evoca unas reuniones en los suburbios de Madrid y el recuerdo de una mala obra de teatro anticlerical… [1]
Así empieza el jesuita francés Pierre Lhande, en un artículo de la revista Etudes.
Tenemos que constatar que el pobre no era profeta, pues nadie se acuerda del nombre de Pierre Lhande, mientras que Galdós sigue siendo famoso para muchos de nosotros.
¿Por qué consideraban a Galdós anticlerical? ¿Porque criticaba a los curas ?
En realidad criticaba solamente a algunos y más que a los curas, criticaba a un nuevo grupo político-religioso que se creía representante de toda la Iglesia. Los llamaba neo-católicos y Galdós rechazaba su manera de pensar.
Así resulta una cosa muy triste y es que las clases altas son las que más olvidada tienen la doctrina pura y eterna. Y no me digan que protegéis la religión ensalzando el culto con ceremonias espléndidas… En los más casos no hacéis más que rodear de pompa oficial y cortesana al Dios Omnipotente…»[2]
Así hablaba el padre Gamborena en Torquemada y San Pedro, capellán de Torquemada. En la obra de Galdós no todos los sacerdotes son unos fanáticos. ¡Que los fanáticos se sintiesen interpelados ! Nada más normal. Pero, no podemos olvidar a todos los curas humildes y simpáticos, llamados : don Ángel de Lantigua, Nazarín o Manuel Flórez en Halma.
¿Galdós anticlerical ? A veces sí. Pero, ¿Galdós anti-religioso ? No. ¿Cuál es su espiritualidad ? Para él , ¿qué significa ser cristiano ?

¿Es Galdós un hombre de fe ?
¿Qué significa tener fe ?
Al llegar a Madrid, asistía más bien a los cursos de Fernando de Castro, sacerdote krausista.
Este puede ser considerado como uno de los representantes más destacados del catolicismo liberal español del siglo XIX. A este sacerdote, separado de la Iglesia, lo enterraron sin pasar por la iglesia, lo que provocó la ruptura de muchos krausistas con los católicos de España y quizás también una de las reacciones más violentas de Galdós. Como consecuencia podemos comprender a Galdós cuando habla del neocatolicismo y lo define como: «La gran aberración religiosa, y por tanto, la encarnación misma de la irreligiosidad.»[3]
¿Y su fe? ¿Qué tipo de fe tenía Galdós ?
En una de sus cartas a su amigo Pereda le decía :
En mí está tan arraigada la duda de ciertas cosas que nada me la puede arrancar. Carezco de fe, carezco de ella en absoluto. He procurado poseerme de ella y no lo he podido conseguir.[4]
En su discurso ante la Real Academia en 1897, Galdós hablaba de su amigo Pereda y decía :
Pereda, no duda, yo, sí. Siempre he visto mis convicciones oscurecidas en alguna parte por sombras que venían de no sé dónde. Él es un espíritu sereno, yo un espíritu turbado, inquieto.[5]
A lo que podemos añadir o comparar con las palabras de San Agustín : Nos has hecho para Ti y nuestro corazón estará insatisfecho hasta que descanse en Ti»[6]. ¿Puede esperar nuestro amigo Galdós mejor compañero en su angustia frente a la fe cristiana? Muchos autores hablarán de la duda cristiana : Unamuno, Bernanos y hasta el papa Juan Pablo II o la madre Teresa de Calcuta que debió soportar el desierto de la fe durante muchos años, «¿Dónde está mi fe ? En mi corazón, no hay nada más que vacío y oscuridad, Dios mío, qué doloroso es este sufrimiento desconocido. No tengo fe»[7]
La duda forma parte de la fe.
Una fe que no duda es una fe artificial, una fe presumida y orgullosa que no espera nada, una fe que no es una fe sino una falsa certidumbre. Noël Copin, periodista francés, decía :
Cristianos que parecéis escandalizados porque la fe no es más que una apuesta y que queréis hacerme creer que es para vosotros una certidumbre. ¿Por cuántos lagos habéis andado ? ¿Cuántas montañas habéis desplazado ?[8]
Murió Galdós –que sepamos, claro- sin ver a un sacerdote, pero uno de sus personajes decía en Lo Prohibido : «No, no quiero ver a los sacerdotes, me las arreglaré sola con Dios»[9] Y como decía Bernard Giraudeau, actor francés, «en el terreno de la espiritualidad, hay que escuchar más a los poetas que a los teólogos.»[10]
Es lo que queremos hacer estudiando las novelas de Benito Pérez Galdós.
Galdós, cristiano post-vaticano II
Es obvio –para mi- que algunos aspectos del Concilio Vaticano II, Galdós ya los había pensado antes, había dado unas claves profundas para esclarecer, es trabajo de hoy investigarlas.
Otra visión de la fe
Comprender que la religión no es solamente las apariencias sino también y sobre todo una mentalidad…
Ángel Guerra quiere convencernos de una perspectiva distinta cuando dice :
«En lo esencial, quiero parecerme a los primitivos fundadores, y seguir fielmente la doctrina pura de Cristo. Amparar al desvalido, sea quien fuere…»[11]
Galdós insiste en este deseo de una nueva religión, cuando Daniel Morton desapareció.
«Había muerto después de dos años de locura, motivada por la extraña y sin igual manía de buscar una religión nueva, la religión única, la religión del porvenir. Sostenía haberla encontrado. ¡Pobre hombre ! …
Encontraría su ideal allá donde alguien le esperaba impaciente… Es forzoso contestar categóricamente que sí o dar por no escrito el presente libro.»[12]
La fe no se obtiene a fuerza de voluntad… La manera de vivir de los cristianos, las explicaciones de algunos curas, unos dogmas de la Iglesia… todo eso impide a muchos de los personajes de Galdós confesar que tienen fe. Respondió a su amigo José María de Pereda que tachaba su novela Gloria de volteriana :
«Nunca creí hacer una obra antirreligiosa ni aún anticatólica, pero menos aún volteriana. ¿Qué hay de volterianismo en Gloria ? Nada. Habrá de todo menos eso. Precisamente me quejo allí de lo irreligiosos que son los españoles.»[13]
Allí está el drama de Galdós. Él sentía que la religión era algo más profundo que hacer procesiones o rendir un culto únicamente exterior. Doña Perfecta a pesar de su nombre y de su vida, no es una santa. Y Galdós hace de ella una descripción terrible
«No sabemos cómo hubiera sido doña Perfecta amando. Aborreciendo, tenía la inflamada vehemencia de un ángel tutelar de la discordia entre los hombres…»[14]
León Roch confiesa su afán por creer, a pesar de lo que piense la gente de él, pero no cree como hace la gente, ni como lo hace su esposa María Egipcíaca.
«Yo iría (a la Santa Iglesia) si encontrara en ti a la verdadera mujer creyente para quien la piedad es la forma más pura del amor ; yo iría respetando y admirando tu fe, y aún deseando participar de ella ; pero así tal cual eres, no quiero, no quiero ir.»[15]
«9. En todo tiempo y en todo pueblo son adeptos a Dios los que le temen y practican la justicia (cf. Act., 10,35). Quiso, sin embargo, Dios santificar y salvar a los hombres no individualmente y aislados entre sí, sino constituirlos en un pueblo que le conociera en la verdad y le sirviera santamente.»[16]
Ya según el Vaticano II, la Iglesia se presenta como un pueblo de Dios y no como una estructura jurídica, jerárquica e institucional. Cada uno tiene su sitio… Y bien podía entrar en esta Iglesia el pobre León Roch, pues, además, el Vaticano II reconoce que
«Esta Iglesia, constituida y ordenada en este mundo como una sociedad, permanece en la Iglesia católica, … aunque pueden encontrarse fuera de ella muchos elementos de santificación y de verdad …»[17]
La fe es un don que se recibe y cuando la mujer de León Roch le ordena : «Ten fe…» No puede sino contestar :
«Ten fe… Yo no la tengo, no puedo tenerla según tu idea. Además, tu conducta y tu modo especial de cumplir los deberes religiosos me la arrancarían, si la tuviese como tú deseas…»[18]
Tener fe según Galdós es tener una fe humilde, es más bien recibir la fe a la manera de santa Teresa de Lisieux o a la manera franciscana.
«Nosotros, pobres bichos imperceptibles, no debemos hacer más que vivir en la gota de agua donde nos pone…»[19]
Pero, cuidado. Hacer la voluntad de Dios no significa ser pasivo y esperar como unos tontos a que todo les llegue en bandeja.
«No confundas las divinas disposiciones con la lotería…»[20]
La santidad se construye a base de confianza en Dios y en los demás y tratando de servir a los hombres sin ningún cálculo, sin distinción :
«A casa le traía, sí, señora, como traje a Frasquito Ponte, por caridad… Si hubo misericordia con el otro, ¿por qué no ha de haberla con éste? ¿O es que la caridad es una para el caballero de levita, y otra para el pobre desnudo? Yo no lo entiendo así, yo no distingo…»[21]
Aceptar lo que Otro decide porque ese Otro me conoce mejor que yo mismo.
«Declaro que la única forma de aproximación que en la realidad de mi ser me satisface plenamente no es la mística, sino la humana…»[22]
Esta presentación de la vida cristiana no tiene nada que ver con la vida austera de María Egipcíaca, o la visión hipócrita del tío de Gloria, don Buenaventura…» Cada uno tiene su alma en su almario»[23] dice el amigo de Ángel Guerra precediendo así Vaticano II cuando sabiendo las dificultades del hombre prefiere ver su dignidad.
«La Iglesia siente profundamente estas dificultades del hombre, y puede darles la respuesta que perfile la verdadera situación del hombre, dé explicación a sus enfermedades y permita conocer simultáneamente y con acierto la dignidad y la vocación propias del hombre.»[24]
Una visión tolerante
Por supuesto este cambio de visión de la fe, cambia también la convivencia con los demás.
La fe cristiana se dirige a todos, cualquiera que sea su religión o su opción filosófica.
«Por ser Cristo luz de las gentes, este sagrado Concilio, desea vehementemente iluminar a todos los hombres anunciando el Evangelio a toda criatura (cf. Mc., 16,15)»[25]
Toda la obra de Galdós muestra que todos los hombres pueden llegar a la fe cristiana, ya sean progresistas como León Roch, Máximo, Pepe Rey, o judío como Daniel Mortón, o malas mujeres como Andara o Beatriz de Nazarín.
«Todos los hombres son llamados a formar parte del Pueblo de Dios. Por lo cual este Pueblo, siendo uno y único, ha de abarcar el mundo entero y todos los tiempos para cumplir los designios de la voluntad de Dios…»[26]
Es interesante destacar esta idea del Concilio Vaticano II, cuando los krausistas deseaban presentar el cristianismo como una etapa en la evolución religiosa de la humanidad.
«En virtud de esta catolicidad cada una de las partes presenta sus dones a las otras partes y a toda la Iglesia, de suerte que el todo y cada uno de sus elementos se aumentan con todos lo que mutuamente se comunican y tienden a la plenitud en la unidad.»[27]
Es lo que Nazarín trata de explicar al temible don Pedro de Belmonte. Es que el buen cura piensa que tiene el secreto de la paz en la tierra y sin más vacilación entra en la finca del señor Belmonte porque dice : «No me contento con salvarme yo solo ; quiero que todos se salven y que desaparezcan del mundo el odio, la tiranía, el hambre, la injusticia…»[28]
Nazarín, por su comportamiento, se distingue de los demás hasta ser rechazado por muchos, cuando él no hace más que seguir a Cristo. Pero parece corresponder a lo que pide la Lumen Gentium.
«Acuérdese que con su conducta de todos los días y con su solicitud muestran a fieles e infieles, a católicos y no católicos, la imagen del verdadero ministerio sacerdotal y pastoral y que deben, ante la faz de todos, dar testimonio de verdad y de vida…»[29]
Galdós parece haber leído los textos del Vaticano II porque el sacerdote Nazarín al que presenta como modelo corresponde a lo que pide la Lumen Gentium. Y Nina, la criada de doña Paca en Misericordia aplica perfectamente el artículo 42.
«Por consiguiente, el don principal y más necesario es la caridad con la que amamos a Dios y al prójimo por Él…. Porque la caridad, gobierna todos los medios de santificación, los informa y los conduce a su fin. De ahí que el amor hacia Dios y hacia el prójimo sea la característica distintiva del verdadero discípulo de Cristo.»[30]
¿Quién aplica eso mejor que Benina ?
Cuando el Vaticano II nos habla de las relaciones que la Iglesia quiere tener con las distintas religiones, se define muy tolerante.
«Todos los pueblos forman una comunidad, tienen un mismo origen, puesto que Dios hizo habitar a todo el género humano sobre la faz de la tierra, y tienen también un fin último, que es Dios…»[31]
No podemos dejar de pensar en Gloria. Galdós con esta novela quiso mostrar que él percibía ya una idea que sobrepasaba los dogmas y reunía a todos los hombres.
«En ningún país del mundo hay menos creencias… siendo de notar que en ninguno existen tantas pretensiones de poseerlas…»[32]
Don Buenvatura, a pesar de encontrar falsas respuestas, trata de buscar una solución porque dice «creo finalmente, y para decirlo de manera definitiva, que el fondo moral es con poca diferencia uno mismo en las religiones civilizadas… Mejor dicho : que el hombre culto educado en la sociedad europea es capaz del bien superior, cualquiera que sea el nombre con que invoque a Dios.»[33]
Aquí se podría criticar a Galdós por desear una especie de sincretismo inaceptable en cualquier religión. Entonces Galdós se atreve a inventar al final de la novela un hijo, fruto de Gloria, católica, y Daniel, judío, llamado Nazarenito y le dirige esta casi oración de tolerancia :
«Tú, precioso y activo niño Jesús, estás llamado sin duda a intentarlo (reunir las dos religiones) : tú, que naciste del conflicto, y eres la personificación más hermosa de la humanidad emancipada de los antagonismos religiosos por virtud del amor ; tú, que en una sola persona llevas sangre de enemigas razas, y eres el símbolo en que se han fundido dos conciencias, harás sin duda algo grande… Tendrás treinta y tres años, y entonces quizá tu historia sea digna de ser contada, como lo fue la de tus padres.»[34]
Como un eco de sus deseos, el Vaticano II indica en su declaración Nostra aetate que
«La Iglesia tiene siempre ante sus ojos las palabras del Apóstol Pablo sobre sus hermanos de sangre, «a quienes pertenecen la adopción y la gloria, la Alianza, la Ley, el culto y las promesas… Recuerda también que los Apóstoles, fundamentos y columnas de la Iglesia, nacieron del pueblo judío…»[35]
Podemos pensar que el final de Gloria es una manera de anunciar su próxima novela Nazarín.
Pero, para mantener sus distancias con esas ideas casi proféticas, Galdós presenta muchas veces a esos profetas como locos, o mejor dicho, considerados como locos por muchos…
Daniel Morton termina después de «dos años de locura»… Nazarín será considerado por muchos como loco hasta en la novela siguiente Halma, donde reaparece.
Será una manera sutil de presentar su visión personal del ideal sacerdotal… Pero también era otra manera de parecerse más a Cristo de quien decían en su época que «no estaba en sus cabales»[36]
. La visión de sus sacerdotes.
Si unos curas no aparecen como verdaderos sacerdotes según Galdós, otros como Nazarín o don Manuel Flórez de Halma aparecen como modelos.
«Don Manuel Flórez era un sacerdote muy simpático… sabía emplear el lenguaje más apropiado para hacerse entender,…»[37]
¿Eso es, para Galdós, el modelo de sacerdote?
Bien podría compartir la visión del cura francés, l’abbé Pierre, cuando da la definición de un sacerdote :
«Ser un hombre que se emplea en hacer creíble que Dios es Amor… a pesar de todo, a pesar de todas las adversidades, las catástrofes… dar por creíble que somos amados, todos, a pesar de todo.».[38]
«Los presbíteros, pues, se deben a todos, en cuanto que a todos deben comunicar la verdad del Evangelio que poseen en el Señor…»[39]
Así habla el Vaticano II. ¿No es Nazarín el modelo de los sacerdotes según esta definición ?
Pero Galdós va más allá, porque introduce una idea que todavía no acaba de arraigarse en las mentalidades de hoy. Pues, don Manuel Flórez reconoce que la señora Catalina de Halma es superior a él..
«¿Qué hice por la salvación de las almas ? Nada… Ni yo soy santo, …»[40]
Y el pobre cura se muere dándose cuenta de la inutilidad de su vida… «No fui bueno, no fui santo ; fui… simpático… ¡ay de mí ! simpático. Redentor mío, mi simplicidad, esta pena de no haber sabido imitarte, de no haber sido como Tú, sencillo, amoroso, manso.»[41]
Poco a poco el pobre don Manuel se acerca a la pobreza franciscana o a la sencillez teresiana… comprendiendo que la santidad no es ser un héroe, sino dejarse conquistar por Dios para servir a los demás. Y sobre todo don Manuel admite la superioridad de Halma aunque, al principio parece un poco turbado.
«Esta doña Catalina… es un ángel, un ser extraordinario. Ya no me queda duda. Tiene mucho más talento que yo, sabe más que yo, y descubre cosas que nadie ve, que si al principio parecen disparates, bien examinadas resultan con toda la hermosura y toda la grandeza de Dios.»[42]
No era cosa fácil, por supuesto, pues él hablaba así… «sintiendo un poquitín la humillación del maestro que se ve convertido en educando.»[43]
Pues bien, Galdós va a ir más lejos todavía. Si don Manuel acepta ser superado por su discípula doña Catalina, es porque sabe que ésta es una persona llena de caridad. Pues, al final dice «quiero ser como mi Dios, todo amor, todo abnegación, todo caridad.»[44]
Entonces, Galdós va a inventar otro personaje que será la caridad hecha humana en Misericordia.
Benina es una mujer que ya no se preocupa por ser una santa …
Pueden alabarla o criticarla. Benina es una mujer libre que sigue su camino sin preocuparse del qué dirán. Defiende al prójimo hasta humillarse para estar cerca de sus compañeros. Le dice a su amigo Almudena que quien pega a una pobre borracha :
«A esta pobre desgraciada, cuando despierte, ¡no la pegues, hijo! ¡pobrecita ! Cada uno, por el aquel de no sufrir, se emborracha con lo que puede …Yo también las cojo : pero no así : las mías son de cosa de más adentro… ya te contaré, ya te contaré.»[45]
Acepta humillarse por su dueña sin que ella lo sepa. No actúa para ser valorada o para que le den las gracias… Aunque, a veces, deja estallar su malestar : «¡Qué ingratitud, Señor ! Oh mundo… oh miseria …»[46]
Salva a todos los que la necesiten sin distinción. En recompensa, le tiran piedras como los gitanos, o la despiden como doña Paca, o la pegan una paliza como va a hacerlo Almudena en un momento de locura, pero ella no se queja, no se rebela, no se desanima… Para ella, todo es de Dios, entonces ¿por qué preocuparse ? «Miren los pájaros del cielo: ellos no siembran ni cosechan, ni acumulan en graneros, y sin embargo, el Padre que está en el cielo los alimenta. ¿No valen ustedes acaso más que ellos?»[47] ¿Quién más que Benina respeta esta consigna de Jesús : la paciencia, la tranquilidad de espíritu ?
Los que van a reconocerla como santa son los pobres : Almudena, el ciego, Frasquito, el loco, Obdulia, la enfermiza soñadora, pero ¿quién entre la gente con la cabeza bien asentada la reconocía como santa ? Una, Juliana, «mujer sin principios, que apenas sabía leer y escribir, pero que había recibido de Naturaleza el don rarísimo de organizar la vida y regir las acciones de los demás.»[48]
Juliana viene a buscar a Benina porque sus hijos se mueren… o sea, que piensa que se mueren… Viene a Benina como antaño venían a Jesucristo. Juliana, una persona fuerte, «dominante», viene a humillarse ante Benina porque la considera como si fuera Cristo : «Nina, Nina, es usted una santa.»[49]
Y lo más sorprendente es que Galdós pone en su boca, las mismas palabras de Cristo a la mujer adúltera : «No te condeno. Vete y en adelante no vuelvas a pecar».[50]
El sacerdote como Nazarín o don Manuel Flórez y muchos otros son los representantes de Cristo en la tierra. Aquí, Galdós se atreve a presentarnos a Benina con las prerrogativas del sacerdote. Actúa como Dios, atendiendo a los más pequeños, a los más olvidados,
y al final, se permite perdonar a Juliana… Primero la manda a casa, diciéndole: «no llores» o sea que ya están bien los niños y por fin, «no vuelvas a pecar»… Pero podríamos decir como los letrados del Evangelio «Este habla así, blasfemando.» ¿Quién puede perdonar pecados más que Dios solo ?»[51] Una de las funciones del sacerdote es perdonar los pecados en el nombre de Cristo. Es decir que Galdós inventa la primera mujer-sacerdote.
Benina, la mujer-sacerdote. Cuando ya no se puede hacer nada, ante el dolor, cuando ya todo es inútil, al pie de la cruz cuando muere Cristo, las mujeres están allí. Porque ellas saben la importancia de la presencia, de la presencia inútil pero de la presencia de la «mater dolorosa», de la «Madre Teresa de Calcuta», de Teresa de Lisieux, quien sufre en silencio para salvar al mundo entero. Benina es la mujer-sacerdote antes de la hora.
Benina es la mujer-sacerdote porque está con los pobres, representa la misericordia de Dios en un mundo difícil y es capaz de perdonar para devolver, a cambio, la vida a los hijos de Juliana. Benina ha comprendido que «ser católico» no es adherirse a dogmas o respetar escrúpulosamente reglas morales, sino comprender que somos hermanos de todos los que viven cerca de nosotros, sea quien sea.
. Conclusión
¿Cómo podían seguirlo los sacerdotes de su época ? No podemos condenarlos.
Antes del Vaticano II, nadie era capaz de adivinar esta evolución. Pues, él, sí. Ya lo veía.
Como Lamennais, los krausistas, Charles Peguy, Georges Bernanos, y muchos más, veía más allá porque sentía las cosas como los poetas, como los profetas, como los que sienten las cosas antes que los demás. Como decía Lamennais, siendo niño, a la criada que iba a buscarlo mientras estaba contemplando el mar : «Déjame ver aún… pues yo veo cosas que los demás no ven»[52]
Bien podemos decir de Galdós que veía lo que muchos no veían y que todavía no ven.
[1] Pierre Lhande, Etudes, 1920, p. 281
[2] Galdós, Torquemada y San Pedro, Madrid, Alianza Editorial, 1979, p. 516
[3] El Basilisco (Oviedo), nº 21, 1996, pp. 36-38 Actas de las II Jornadas de Hispanismo Filosófico (1995).
[4] Benito Pérez Galdós, lettre à José María de Pereda, el 10 de marzo de 1877, in Carmen BRAVO VILLASANTE, Veintiocho cartas de Galdós a Pereda, in Cuadernos hispanomaericanos, octubre de 1970, n° 250-252, p. 23
[5] Benito PEREZ GALDÓS, Discurso ante la Real Academia, in P. ORTIZ-ARMENGOL, vida de Galdós, Barcelona, Crítica, 1996, p. 532
[6] SAN AGUSTIN, Confessions, Livre de poche chrétien, 1947, p. 19
[7] Mère Teresa, Come Be my light, p. [La publication de ces lettres pourrait-elle empêcher une éventuelle canonisation de mère Teresa ? Il y a lieu de penser que non. Car s’ils sont aujourd’hui révélés au public, ces écrits étaient, selon toute vraisemblance, déjà portés à la connaissance du Vatican qui les avait exigés pour la béatification de mère Teresa. Et puis, douter et chercher Dieu, n’est-ce pas justement le parcours dévolu à un saint ? Mère Teresa n’en était peut-être pas convaincue quand elle écrit en 1962 : « Si un jour, je deviens une sainte, je serai sûrement celle des ténèbres, je serai continuellement absente du paradis. »ANGÉLIQUE NÉGRONI. Publié dans Le-figaro, le 28 août 2007]
[8] Noël COPIN Je doute donc, je crois, Flammarion, Desclée de Brouwer, 1996, p. 38
[9] Lo prohibido, OKC. t. IV, p. 1830
[10] Panorama, septembre 2007, n° 435, p. 21
[11] B. PEREZ GALDÓS, Ángel Guerra, Libreria y Casa Editorial Hernando, Madrid, 1970, p. 582-583
[12] B. PEREZ GALDÓS, Gloria, Alianza Editorial, Madrid, 1999, p. 470-1
[13] B. PEREZ GALDÓS, lettre à José María de PEREDA, le 10 mars 1877, op. cité, p. 18
[14] B. PEREZ GALDÓS, Doña Perfecta, Alianza Editorial, Madrid 1998, p. 252
[15] ibid. La familia de Leon Roch, Alianza Editorial, Madrid, 1996, p. 91
[16] Lumen Gentium, n° 9
[17] Lumen Gentium, n° 8
[18] ibid. La familia de Leon Roch, p. 91
[19] Ángel Guerra, p. 675
[20] B. PEREZ GALDÓS, Nazarín, Alianza Editorial, Madrid, 1986, p. 152
[21] ibid. Misericordia, Cátedra, p. 298
[22] ibid., Ángel Guerra, p. 706
[23] ibid. p. 674
[24] Gaudium et spes, n° 12
[25] Lumen Gentium, n° 1
[26] ibid. n°13
[27] ibid. n°13
[28] Nazarín, p. 112
[29] Lumen Gentium, n° 28
[30] Lumen Gentium, n° 42
[31] Nostra aetate, n° 1
[32] B. PEREZ GALDÓS, Gloria, p. 123
[33] ibid. p. 308
[34] ibid. p. 471
[35] Nostra aetate, n° 4
[36] Marcos, 3/21
[37] Halma, Obras completas, p. 1782
[38] in La-Croix, el 5 de agosto de 1998
[39] Presbyterorum Ordinis, N° 4
[40] Halma, op. cité, p. 1822
[41] ibid. p. 1831
[42] ibid., p. 1801
[43] ibid., p. 1801
[44] ibid., p. 1830
[45] ibid. p. 94
[46] ibid. p. 300
[47] Mateo, 6/26
[48] Misericordia, p. 314
[49] ibid., p. 316
[50] Juan 8/11
[51] Marcos 2/7
[52] in Georges Hourdin, Profeta y combatiente de la libertad, Perrin, Paris, 1982, p. 27















