
Análisis lingüístico de ‘La incógnita’ y ‘Realidad’
(novelas y texto dramático)
Sagrario del Río Zamudio, Università di Udine (Italia)
1. Introducción
En otros artículos nos hemos ocupado principalmente de la novela dialogada, Realidad (1889)[1], –perteneciente al grupo de novelas sociales de la «serie contemporánea» escritas a partir de 1884–, que se enlaza con la novela epistolar La incógnita (1889) y con la primera obra teatral que estrenó Galdós, llamada también Realidad (1892). Las tres obras forman un todo donde las incógnitas que surgen en la novela del mismo nombre, se resuelven respectivamente en Realidad, novela y teatro. Estas últimas aunque poseen el mismo tema las circunstancias que rodean a éste son diferentes. En nuestro caso nos centraremos, fundamentalmente, en el estudio de la lengua de Galdós, cuya investigación ha pasado por diferentes etapas, desde prácticamente sus inicios hasta nuestros días. Escritores que pertenecieron a su misma generación, como Emilia Pardo Bazán, reconocen la permeabilidad del autor canario para absorber y transcribir diferentes registros y el mismo Miguel de Unamuno[2], a pesar de no ser admirador suyo, considera su lengua como su “obra de arte suprema”.
Melchor Fernández Almagro[3] no es muy benévolo con el modo de novelar de esta época y escribe: “Nuestra novela del siglo XIX no pierde un momento el contacto con la despensa”. Rafael Rodríguez Marín[4], que se ha ocupado de La lengua como elemento caracterizador en las Novelas Españolas Contemporáneas, comenta:
Al examen de los recursos de lengua empleados por los prosistas que integraron la denominada generación de 1868 se han dedicado centenares de trabajos, de mayor o menor longitud y calidad. La prosa de Galdós ha sido objetivo privilegiado de esa dedicación. Pero la fisonomía que esa ingente labor adquiere para quien pretenda conseguir de la misma una visión integral es la de un gigantesco e incompleto rompecabezas, cuyos límites, además, se pierden muchas veces en la confusa –y artificial– frontera que separa los estudios lingüísticos de los literarios.

Dado que el corpus de nuestro estudio es bastante amplio, somos conscientes de que para poder satisfacer las expectativas que se hayan podido crear se necesitaría escribir un libro y éste sería solamente un “assaggio”. Purificación Alcalá[5], estudiosa que ha analizado uno de los textos que nos ocupa, saca las siguientes conclusiones:
Tras el somero repaso realizado a los recursos estilísticos empleados por Galdós en su novela Realidad, podemos concluir que el autor domina a la perfección la lengua para plegarla a su intención y que la naturalidad aparente de su prosa no implica que su construcción sea improvisada, como lo demuestra, entre otros aspectos el ritmo estudiado y medido que posee.
De hecho y debido sobre todo a su prolijidad, se creía que no cuidaba sus textos. En cambio se tienen diversas pruebas –entre ellas el borrador de la citada novela y el boceto de la obra de teatro[6]– de que no es cierto y de que hacía numerosas correcciones a sus manuscritos.
2. Los Géneros Epistolar, Narrativo y Dramático
Antes de pasar al análisis de la lengua hagamos una pequeña incursión por los distintos géneros que forman los textos en estudio. Paciencia Ontañón[7] sostiene que el género epistolar que caracteriza a La incógnita es importante porque:
en primer lugar, sirve como de introducción a Realidad, la cual, sin la necesidad de describir los personajes y el medio en que se mueven, puede ser mucho más ágil. En segundo lugar, hace una presentación de los caracteres desde el punto de vista social, externo, de manera que en Realidad se puede trabajar más con sus emociones. Si consideramos las dos obras como un todo, podemos equipararlas a los dos contenidos —el manifiesto y el latente— que toda proyección artística —lo mismo que el sueño— expresa.
En el texto las cartas son unidireccionales pues hay un único emisario, Manuel Infante, y sólo al final aparece una carta del destinatario que se esconde bajo el enigmático nombre de Equis X. Ante esto Assunta Polizzi[8] afirma que “Se establece, así, una singular relación dialéctica entre el “yo” que escribe y el “tú” que lee”. Ahora bien, ni uno ni otro pueden manejar la acción de manera omnisciente ya que su información es sólo parcial y la solución a la incógnita, no se resolverá hasta que no leamos la novela dialogada Realidad.
Dentro del género narrativo llegamos a la conclusión de que las novelas están formadas por una buena dosis de observación y análisis, no están atadas a ningún tipo de convencionalismo y se dispone de bastante tiempo, tanto para el desarrollo de la trama como para su lectura.
Nuestro autor aun no siendo un teórico de la literatura ni de la novela, se ocupó de ella en dos ensayos titulados: “Observaciones sobre la novela contemporánea en España” (1870) y “La sociedad presente como materia novelable” (1890)[9], que pronunció en forma de discurso al hacer su ingreso en la Real Academia Española de la Lengua.
En “Observaciones sobre la novela contemporánea en España” destaca los siguientes aspectos: a) la novela como novela de caracteres; b) la novela fiel a la realidad, de la que debe realizar una observación minuciosa y c) la clase media es la protagonista de la novela.
En “La sociedad presente como materia novelable” opina sin estridencias que para él la novela ya no es el argumento principal sino que es la sociedad el tema para escribir novelas. He aquí su opinión:
Imagen de la vida es la Novela, y el arte de componerla estriba en reproducir los caracteres humanos, las pasiones, las debilidades, lo grande y lo pequeño, las almas y las fisonomías, todo lo espiritual y lo físico que nos constituye y que nos rodea, y el lenguaje, que es la marca de raza, y las viviendas, que son el signo de familia, y la vestidura, que diseña los últimos trazos externos de la personalidad: todo esto sin olvidar que debe existir perfecto fiel de balanza entre la exactitud y la belleza de la reproducción. Se puede tratar de la Novela de dos maneras: o estudiando la imagen representada por el artista, que es lo mismo que examinar cuantas novelas enriquecen la literatura de uno y otro país, o estudiar la vida misma, de donde el artista saca las ficciones que nos instruyen y embelesan. La sociedad presente como materia novelable, es el punto sobre el cual me propongo aventurar ante vosotros algunas opiniones[10].
En cuanto al teatro éste es acción y síntesis y así como la novela no está sometida a convencionalismos ni a patrones, el teatro tiene muchos. Galdós consigue deshacerse de estos, dándole una nueva dimensión, crea un subgénero híbrido entre novela y teatro y como apunta Rosa Amor del Olmo:
Convertir una novela en drama no es pequeña cosa, y expresado así no parece convencer al entendido, si se tiene en cuenta que en alguna de las obras ya estaba el germen esencial del género antes de la invasión. Es decir, una novela como El abuelo ya era teatral y escénicamente pura antes de que fuera denominada novela dialogada, porque el drama, el conflicto y la acción ya estaban implícitos en el propio enfrentamiento de las pasiones y de las ideas que mueven a los personajes, creándoles los protagonistas de la acción[11].
3. La Lengua del Siglo XIX[12]
Con los Borbones el castellano se convirtió en la lengua de la administración, en perjuicio de las demás lenguas del territorio. Pretendían la centralización del Estado como la concebían los gobernantes franceses: Cataluña, Valencia, Islas Baleares, País Vasco y Galicia reaccionaron en la segunda mitad del siglo XIX, avivadas por el romanticismo europeo que impulsó tanto los nacionalismos como el sentir popular llamados a la defensa de sus peculiaridades históricas, culturales y lingüísticas.
A partir de la Restauración (1874-1902), aparecieron los regionalismos políticos que reivindicaban la soberanía política, legislativa y fiscal ante el gobierno central y se impulsó la diferencia cultural y lingüística.
La constitución del español como lengua ya se había llevado a cabo en los siglos anteriores. Los cambios más importantes se relacionan con el léxico, pero no con el léxico básico o patrimonial, sino con la entrada de voces cultas latinas o griegas, neologismos y voces especializadas.
Se afianzaron las palabras pertenecientes al vocabulario político-social y se creó un léxico nuevo así como nuevas acepciones que recogían el clima político e ideológico de la época. Dicho léxico se divulgaba a través de los periódicos de la época, de gran influencia en la sociedad del momento. De hecho a finales de siglo se produjo otro importante incremento del léxico político y social.
Los avances científicos y técnicos, en España no muy numerosos, repercutieron asimismo en la creación de una terminología que reflejaba el progreso –penetrando y difundiéndose en la lengua general–. La mayoría de las voces científicas y técnicas eran creaciones cultas procedentes del griego y sobre todo del latín.
La traducción de obras científicas –del francés y luego del inglés– se convirtió en la principal vía de enriquecimiento del léxico intelectual, científico y técnico del español. El primer diccionario con voces científicas y técnicas fue el de Terreros (1786), cuyas voces, entraron a formar parte de nuestro patrimonio léxico a través del francés. Más tarde será el inglés si bien en los siglos XVIII y XIX entraron ya algunos anglicismos como, por ejemplo, stock, malt, mitin, leader.
4. Argumento y curiosidades sobre La incógnita y Realidad[13]
La incógnita está formada por una serie de cartas escritas en cuatro meses (de noviembre a febrero) por Manuel Infante a su amigo Equis X, que se encuentra en la irreal Orbajosa. A través de las cartas el protagonista indaga su pasión no correspondida por su prima Augusta Cisneros, la cual está casada con Tomás Orozco, considerado un santo; curiosamente nuestro Infante no está celoso del marido sino del presunto amante que no sabe muy bien quién es. Toda la trama se complica cuando Federico Viera, amante de Augusta, y amigo de Manolo es hallado muerto –¿suicidio o asesinato?–. Infante intenta descubrir lo que pasó, pero sólo la transformación de las citadas cartas en un drama o novela dialogada soluciona el enigma.
En Realidad vemos cómo Viera se ha suicidado porque, su sentido calderoniano del honor, no podía soportar el hecho de ser el amante de la mujer de un buen amigo, que además pretendía ayudarle económicamente. He aquí la descripción de la metamorfosis narrada en la penúltima página de La incógnita:
Pues verás, hijo mío, qué fenómeno tan fácilmente comprensible para un sabio perspicuo, como lo eres tú, formado en la escuela de la Peri y de otras filósofas peri… patéticas. Atiende bien. Guardaba yo tu correspondencia, perfectamente liada con balduque, en un arca donde suelo meter, para que no me los roben estos pillos, los ajos de la última cosecha. […] Yo les había puesto un rotulito que decía La incógnita.
Pues anteayer se me antojó releerlas. Abro mi arca, y… puf. Sin juramento me puedes creer que salía de allí un olor de mil demonios. Echo mano del paquete, y me lo encuentro transformado en el drama o novela dialogada, de tu puño y letra, que recibiste por el buen Tafetán.
Todo ello marcado por el tiempo de la narración que ha de conducirnos al descubrimiento del sentido de lo real. Tiempo marcado por el proceso narrativo que pasa, tanto en la novela como en el teatro, por cuatro fases que son: prótasis, peripecia, anagnórisis o reconocimiento y catástrofe.
En nuestra historia se produce primero la catástrofe y después el reconocimiento de la identidad del amante. Manuel Infante había sospechado de Federico, pero ante la resolución de éste en negar tal acusación, dirigió sus pasos hacia el personaje de Malibrán. Se puede observar asimismo que alrededor del adulterio giran otros temas recurrentes en la obra de Galdós como el cambio social e ideológico que se está produciendo en esos momentos, etc.
Además de las diferencias evidentes entre la novela epistolar y las otras dos obras en estudio, analizadas por la crítica, hemos de señalar otras diferencias que resultan curiosas:
a) El famoso crimen de la calle de Fuencarral, del que nuestro autor se ocupó personalmente en calidad de periodista, aparece en el texto con distintas denominaciones: en La incógnita y en Realidad novela, se trata de la calle del Baño y en Realidad drama, de la calle del Pez pero, en el borrador de la novela Realidad se habla de la calle de Valverde. Es cierto que todas estas calles se encuentran en el centro de Madrid. Sin embargo no podemos avanzar ninguna hipótesis sobre estos cambios.
b) La notable diferencia en el número de personajes entre la novela y el drama. En la novela aparecen enumerados veinticinco personajes (teniendo en cuenta también la sombra de Orozco) mientras que en el drama son sólo doce sin contar con los Criados de Orozco. En el drama Villalonga es un optimista incurable y en la novela es Monte Cármenes quien ejerce este papel. En el drama el mantenido de Leonor o La Peri se llama Ojirris o Perico el gaditano y en la novela el pollo malagueño. En el drama la criada de Leonor se llama Lina y en la novela no tiene nombre. Además en el drama se suprime a la criada de Augusta, Felipa. Rosa Amor del Olmo al hilo de esto afirma:
Se suprime a la criada Felipa, y por ende, el escenario del nido de amor, con el consiguiente trapicheo de citas y de intrigas. Creo que es un error suprimir la criada Felipa, por que su presencia sí que es reflejo de una señora burguesa, que no sabía ir por el mundo sin su criada, y más para una trama de adulterio y de engaño al marido, que irremediablemente necesitaba una cómplice, aportando esa dosis de irregularidad e intriga, elementos melodramáticos […] A pesar de ello quedan “restos de Felipa” que, a mi modo de ver, Galdós no corrigió, como ocurre en la Escena VIII en la primera acotación […] Pero creo que al fin, por encima de la recreación del lugar, y de la verosimilitud de los encuentros y de las situaciones, está el propio drama […] El texto en el teatro galdosiano es el elemento primordial, y éste está subordinado a su dicción y a su representación, que es la forma activa teatral[14].
5. La lengua como elemento caracterizador en La incógnita y Realidad
Isabel Román[15], en “Galdós y la sátira lingüística” explica cómo el novelista satiriza el vicio de sus contemporáneos por registrar el lenguaje típico de la Oratoria y del Periodismo y señala por ejemplo el abuso de ampulosas cláusulas trimembres, en las que predominan los sinónimos. Dichas cláusulas en sus obras las emplean algunos personajes que pertenecen o han pertenecido a la retórica parlamentaria:
[…] ¿Te sabe a poco ésta? ¿Te deja a media miel? Pues fastídiate, y aguántate, y revienta. (La incógnita, p. 185).
Aguado. ¿Se han enterado ya de ese nuevo escándalo? ¡Otra falsificación de billetes del Banco Español! Si lo vengo anunciando, si ya están hartos de oírmelo decir. De la pillería que allá mandaron hace tres meses, amigo Villalonga, no podía esperarse otra cosa. (Con énfasis) Esto indigna, esto subleva, esto abochorna. (Realidad, novela p. 371)[16].
En Realidad novela, la diferencia entre los niveles de estratificación lingüística es mucho más acusada, debido quizás a que los personajes de nivel bajo tienen mayor espacio para expresarse del que tienen en el drama:
• nivel bajo, corresponde a los personajes cuyo bagaje cultural es escaso y su registro es eminentemente coloquial[17] e incluso, a veces, vulgar;
• nivel alto, corresponde a los personajes pertenecientes, sobre todo, a la alta burguesía y a la aristocracia. Aunque su registro sea en ocasiones coloquial es mucho más cuidado. No obstante, no deja de sorprender el uso de la interjección de despedida abur en lugar de agur que sería la más adecuada.
Frente a los personajes de nivel bajo, la actitud del narrador es omnisciente e introduce la cursiva para caracterizar lo dicho por tales personajes:
Bárbara. […] ¡Empeñarse en que ha de haber clases, cuando la realidad ha dispuesto que no las haiga[18]! […] (Realidad novela, p. 456).
Entre los personajes de nivel alto Monte Cármenes usa en una sola ocasión estos vulgarismos con clara intención distintiva: Si fuera una necesidad que yo me indiznase, me indiznaría […] (Realidad novela, p. 381).
En Realidad teatro, la criada de Leonor utiliza el artículo determinado ante apellido, que no suele incluirse salvo en el caso de apellidos famosos. Delante del nombre propio no se debe poner, tan sólo si se emplea dentro de un contexto coloquial o en el caso de algunas comunidades españolas, ya que en otras se considera peyorativo al ser una forma de denominación vulgar o descalificadora de la persona. Solamente un personaje lleva artículo y es Leonor, prostituta conocida por el apodo de La Peri[19]Esta última emplea, sobre todo en la obra teatral, ciertas expresiones propias de un lenguaje menos refinado a pesar de moverse en un ambiente más distinguido y disponer de servicio. Podríamos compararla con otros personajes de la literatura como La lozana andaluza:
Artículo delante de apellido:
Lina. Alias D. Cornelio, justo…, y el Marqués, el Marqués de casa. Jugaron, cenaron y se divirtieron como demonios. Leonor pidió tres billetes de caballero y cinco de señora para el baile de esta noche en el teatro Real. El Malibrán dijo que no había ya billetes de caballero, y que apostaba una merienda en Aranjuez a que no se conseguiría ninguno. Infante aceptó la apuesta, y dijo: «Mañana, antes de las once, están aquí los ocho billetes», y ha cumplido…, ¡pobrecito! Entró un momento antes que usted. (Realidad teatro, p. 128).
Expresiones menos refinadas:
Leonor. ¡Qué sé yo!… Por ahí…, en cualquier parte. Y habiéndolo, lo traeremos acá. Para no cansarte, haré lo que el Gobierno: «piznorar». ¿No se dice así? Tengo alhajas, y buenas. Mira, tonto, la sota de espadas junto al tres de oros quiere decir que «la mujercita de buen color» se atufa, trinca sus joyas, y se va con ellas a Peñíscola. ¿Te parece bien? (Realidad teatro, p. 131).
Entre los recursos que utiliza el escritor canario para reflejar la lengua hablada podemos destacar:
—Las geminaciones o epizeuxis donde repite de manera inmediata la misma palabra –normalmente en medio– de una cláusula sintáctica:
Villalonga (A Aguado). Ínclito Aguado, calma, calma… filosofía. (Realidad novela, p. 371).
Villalonga. Ínclito Aguado, calma, calma, filosofía. Coge la primera piedra, amenaza con ella; pero no la tires. (Realidad teatro, pp. 118-119).
—La anadiplosis o repetición de una palabra al final de periodo sintáctico y al principio del siguiente:
Villalonga. […] Pero llevamos un invierno… ¡ay, qué invierno pastelero! […] (Realidad novela, p. 370).
Villalonga. Nada de disparate. El disparate no existe. Los hechos podrán ser o no ser; pero no es la mejor manera de negarlos el decir que son absurdos. […] (Realidad teatro, p. 135)
—La epanadiplosis o redición, en que repite la misma palabra al principio y al final de la misma secuencia sintáctica:
[…] ¡Que hay sacudimientos, tiranías, atropellos! Déjalo, tonto, déjalo. Esto es precisamente lo que hace falta para que nazca el verdadero derecho… […] (La Incógnita, p. 173).
Augusta. Pero diga usted: ¿es volcánica o no es volcánica? Vamos, nunca creí que a persona de tan buen gusto se le ocurriera que por lo trágico me había de impresionar. Me fastidian las tragedias. (Realidad novela, p. 375).
Augusta (A Malibrán, riendo.) Pero dígame usted: ¿es volcánica o no es volcánica? (Realidad teatro, p. 119).
También podríamos añadir las anáforas, epíforas, etc., pero no quisiera extenderme para dar espacio a, por ejemplo:
—Las elipsis coloquiales que pergeña con gran maestría, siendo muy abundantes. De hecho, no repite por “economía del lenguaje” ya que los elementos elididos se sobreentienden, o porque los ha dicho antes, o porque se deduce por su significado en el contexto aunque no se hallen en el contexto inmediato. Para recuperarlos se podría recurrir a una serie, sobre todo, de verbos para poder reestablecer las relaciones básicas de la estructura de la oración:
[…] Pon aquí un nombre muy desacreditado. Rara es la noche en que alguno de la partida no lleva noticias de este jaez:
—En el Consejo de hoy se han tirado los trastos a la cabeza… Dicen que andan a tiros en tal o cual parte… Los revolucionarios, contentísimos. (La incógnita, p. 223).
Malibrán (A Orozco.) ¡Ah, qué cabeza…! ¿Pues no me iba sin decirle a usted lo que más presente tenía…? Aquel muchacho que usted me recomendó… ¿No se acuerda? Ya le hemos metido en un viceconsulado de Asia. (Realidad novela, p. 391).
Infante. Nada, una tarde aburridísima. El consabido chaparrón de preguntas rurales hasta las cinco, y a la orden del día la interesantísima y palpitante discusión sobre los derechos de… la hojalata. Y en los pasillos inmoralidad, y nada más que inmoralidad… (Realidad teatro, p. 119).
—El uso de vocativos injuriosos o afectivos son asimismo una constante en los tres textos y en muchos de ellos subyace una sutil ironía, de la que es un maestro el escritor canario, sin embargo en algunos casos están vaciados de significado como el primer ejemplo que nos ocupa, donde “animal” no lo dice para ofender:
Vocativos injuriosos:
[…] ¿Sobre qué quieres que te escriba hoy, animal? Vamos, decídete pronto, porque si insistes en que te mande la fotografía de la casa de Orozco, te privarás de otro regalo que te tengo preparado, verdadera golosina que ha de saberte a gloria. […] (La incógnita, p. 207).
Augusta. Quita allá, embustero, farsante. No me engatusas ya. A fe que estoy contenta hoy. Ha sido una debilidad darte esta cita, después de las perrerías que me haces. (Realidad novela, p. 438).
Augusta. Quita allá, embustero, farsante. A fe que estoy contenta de ti. (Realidad teatro, p. 135).
Vocativos afectivos:
[…] Pero mi buen humor no me libra, querido Equis, de la fatiga de esta larga carta. (La incógnita, p. 159).
Cisneros. Y como Tacón quiere usted que le manden. ¡Pobre isla! Todos dicen que van de Tacón, y de lo que van es de zapatilla. Perdone usted, Aguadito de mi alma, y ya sabe que no le quiero mal; […] (Realidad novela, p. 372).
Orozco. Vida mía, me juzgas mejor de lo que soy. ¿Y si yo te dijera que cumplo muy mal los deberes que me impone mi posición? […] (Realidad teatro, p. 124).
—Cultismos y latinismos vulgarizados, alterados en su forma o construcción e incluso en su significado, que si bien pertenecen a las hablas populares no duda en ponerlas también en boca de personajes más cultos:
[…] En una sociedad tan chismosa, tan polemista, y donde cada quisque se cree humillado si no sustenta, […] (La incógnita, p. 215).
Bárbara. […] ¡Cabeza más dura! Y que no las hay, no las hay, aunque lo pida el Sursum corda[20]. […] (Realidad novela, p. 456).
Villalonga. Vamos, joven circunspecto, que a ti también, también a ti te gusta la primita. ¡Es tan mona, tan espiritual! No he conocido otra en quien tan maravillosamente se reúnan la distinción, la belleza y el talento. Las tres gracias se encarnan en ella, formando una sola gracia, que vale por treinta. «Tu quoque», Manolín… (Realidad teatro, p. 118).
—Los sufijos coloquiales aportan expresividad y viveza a la lengua hablada y son utilizados por todos los personajes:
[…] Resulta que Cisneros trató mucho a tu padre, lo que no debes extrañar, porque este buen señor ha sido amigote de todo el género humano. […] (La incógnita, p. 158).
Leonor. ¿Escrupulitos tenemos? ¡Qué tonto te me has vuelto, chico! […] (Realidad novela, p. 434).
Orozco. Es verdad. Tan noblote y simpático es el hijo como trapalón el papá. (Realidad teatro, p. 125).
—El empleo de interjecciones, giros interjeccionales y exclamaciones que pueden sugerir emotividad, o bien simpatía o animadversión en el lector o espectador:
[…] ¡Vaya que es grandecita! ¡Pero qué salada y hechicera! […] (La Incógnita, p. 166).
Teresa (Picada). ¡Quia!, siempre ha de llevarme la contraria. […] (Realidad novela, p. 395).
Augusta. ¡Para mí! Pero yo, ¿qué culpa tengo de que usted se haya vuelto tonto?… (Realidad teatro, p. 119).
—Las inflexiones están relacionadas con lo anterior, se trata de la elevación o atenuación que se hace con la voz, quebrándola o pasando de un tono a otro en lo que Galdós es un gran experto. En La Incógnita las apreciamos cuando escribe en estilo directo y en Realidad novela las refuerza a través de la acotación (Con viveza):
-No hay contradicción… ¿Pero qué entendéis vosotros de esto? Si me querrán marear estos gaznápiros… Sois muy niños para meteros conmigo… Vamos, no quiero haceros caso, no me rebajo a discutir con esta infancia enfatuada, pedantesca… Tengo canas, señores, y no las quiero ensuciar metiéndome con chicos… (La Incógnita, pp. 176-177).
Federico. (Con viveza.) ¡Ah! Ya te cogí. ¡Contradicción! Si eres como dices, ¿a qué ese empeño de poner orden en mí? (Realidad novela, p. 441).
Federico. ¡Ah!, ya te cogí; contradicción. Si eres como dices, ¿a qué ese empeño de poner orden en mí? (Realidad teatro, p.136).
—Las frases sin terminar, recurso de la sintaxis coloquial que sirve para expresar que el pensamiento va más deprisa que las palabras. El hablante considera que con lo dicho aporta suficiente información y pasa a exponer otra idea:
[…] Hallo perfecta armonía en este matrimonio. Podré equivocarme; pero… ¿Qué es eso?, ¿te ríes? A mí no me descompones tú con tus risitas… ¿He dicho algún disparate? […] (La Incógnita, p. 167).
Viera. ¿De salud bien? ¿Y tu mujer? ¡Siempre tan guapa, tan buena…! Lástima que no tengáis hijos. La felicidad parece que no es completa en el matrimonio, cuando no hay familia menuda que lo alegre, lo adorne y lo santifique. Pero aún puede ser que… Sois muy jóvenes… ¡Qué placer me causa verte! […] (Realidad novela, p. 477).
Leonor. (Entrando presurosa.) Hecho todo… Venga un abrazo… en premio de mi… Iba a decir virtud… Pero no…, son ¡cosas! (Realidad teatro, p. 134).
—Las invocaciones a Dios y a los santos son asimismo bastante comunes y no hay distinción de clase social a la hora de utilizarlas:
[…] Abúrrete lo menos posible, y que Dios te haga ligera la cruz de tu existencia en la ajosa metrópoli, urbs augusta, que dijeron los romanos, si es que lo dijeron. […] (La Incógnita, p. 159).
Felipa. (Para sí.) ¡Virgen de Atocha, qué cara se trae hoy este señorito! Ni un reo en capilla la tiene peor. […] (Realidad novela, p. 551).
Infante. ¿Qué te pasa? Estás inquieto… ¡Cuéntame, por Dios! ¿Quieres que te recoja luego, y nos vamos a almorzar juntos? (Realidad teatro, p. 128).
A pesar de lo analizado más arriba y de todo lo que se ha quedado en el tintero no podemos afirmar que los recursos recreadores del habla coloquial sean los más abundantes. Como indica Purificación Alcalá Arévalo:
[…] las figuras distintivas y constituyentes de su estilo son recursos que separan la prosa del registro hablado por la elaboración y atención a la forma que implican. Dichos rasgos estilísticos aparecen en esta obra con más profusión en el nivel morfosintáctico-semántico. A este respecto destacan principalmente entre otros, el uso de la sintaxis acomodada a diferentes funciones y el empleo de paralelismos […] que hacen que el tipo de prosa galdosiana sea mesurada, rítmica y equilibrada[21].
Dentro del léxico nos gustaría señalar el uso que Galdós hace de los extranjerismos o de los canarismos en estos textos, dejando para otra ocasión los andalucismos y otros rasgos muy presentes en su prosa:
En el caso de los italianismos hay que subrayar que en ocasiones incurre en errores; en el título de La Traviata, por ejemplo, no subsana el error cuando escribe la obra teatral y esto nos sorprende porque era un gran apasionado de música y solía mostrar un gran interés por los conciertos del Teatro Real:
[…] Allí se desmenuzan las cuestiones que van saliendo, traídas por la prensa, o por ese otro periodismo hablado sotto voce que no se atreve a expresarse en letras de molde. […] (La Incógnita, p. 222).
Leonor. […] Pues dice que soy yo otra como la Traviatta, y que él me va a redimir y a volverme honrada…, ¡qué risa! Parece que ahora va a venir su padre, para quitarle de mí y llevársele, y él pretende que, cuando su papá venga a verme, haga yo el papel de tísica arrepentida, tosiendo con sentimiento, y pintándome ojeras… […] (Realidad, novela, p. 515).
Leonor. Pues yo también ando mal. Tengo que inventar algún negocio. Debo más que el Gobierno, y ese condenado «Gaditano» va a dar con mis pobres huesos en un hospicio. Ahora está conmigo hecho una confitura. Como que necesita cuartos. Pues dice que soy yo otra como «La Traviatta » (Riendo.), […] (Realidad teatro, p. 151).
Con los galicismos, suele cometer errores al transcribirlos y cuando es Leonor quien habla en francés se limita a reproducir lo que ésta entiende creando situaciones un tanto cómicas:
[…] Sigue en sus severidades, echando cada día sobre lo que llama mi capricho, jarros y más jarros de agua frapée, moral pura de la más cargante y trasnochada, de la de catecismo con preguntas y respuestas. […] (La Incógnita, p. 255).
Leonor. Bonyú, mon ti cherí… ¿Qué te creías tú, que yo no sé francés? El marqués me lo está enseñando. Ya sé porción de frases, y con ellas y con decir a todo pagardón, pagardón, podré entenderme con el franchute que sepa más. (Realidad novela, p. 513).
INFANTE.- Bon soir.
AGUADO.- Hola, paladín de la honra, mantenedor valiente del… de la… (Realidad, teatro, p. 160).
Los anglicismos también están presentes en todos los textos. Si bien en Realidad teatro sólo nos encontramos con el calco milores: Aguado. Felices, señores y milores. ¿Han visto ustedes los periódicos de la tarde? (p. 118):
Paréceme que no son virtuosas por la satisfacción de serlo, sino por ganarse un premio en el Derby de la honestidad. […] (La Incógnita, p. 255).
Viera. (Entrando por la izquierda.) Bien por los hombres madrugadores. ¡Levantado a las doce del día! Yo pensé que almorzaría solo, y almorzaremos juntos. All right. […] (Realidad novela, p.460).
Por lo que se refiere a los canarismos lo es por ejemplo el apellido Santanita, diminutivo de Santana. Además los canarios utilizan mucho la palabra trapisonda que aparece en los tres textos tanto en singular (sólo en Realidad novela y se trata de una personificación) como en plural.
Para terminar nos gustaría hacer un par de comentarios sobre la morfosintaxis. El primero de ellos sería:
—El abundante uso del pronombre átono enclítico que hoy en día se percibe como un rasgo poco natural y arcaizante –salvo en Galicia, Asturias y León, presente tanto en el lenguaje oral como en el escrito– pero que era común en el siglo XIX:
[…] Su porte reservado, su manera de andar y de mirar buscando un simón, diéronme en la nariz tufillo de crimen. Soy perro viejo y he adquirido con mi larga experiencia un olfato sutilísimo para rastrear ciertas madrigueras. […] (La incógnita, p. 241).
Augusta. (A Monte Cármenes.) Usted, Conde, el primer taco de Madrid, allá también. Distráiganme a Tomás, que no está bien de salud. […] (Realidad novela, p. 376).
Federico. Créelo, sí. Detesto la tranquilidad. No sé cómo hacértelo comprender. Los conflictos diarios, las angustias, el no respirar, el no vivir, la excitante lucha, prodúcenme placer insano. […] (Realidad teatro, p. 154).
Por otra parte en La incógnita hemos podido observar un mal empleo del acusativo de persona; el uso de algunos participios de presente caídos en el olvido y otros fenómenos interesantes, por no hablar de las figuras retóricas que por falta de espacio no podemos demostrar.
6. Conclusiones
Galdós utiliza el lenguaje coloquial; parafraseando a Ana María Vigara Tauste, como un “recurso estético”, pero en ningún momento pretendió reproducir la realidad del lenguaje conversacional corriente porque la obra hubiera perdido gran parte de frescura y de autenticidad ya que nadie como él consigue pasar de la grandilocuencia a lo cotidiano. Por otro lado, su sintaxis en líneas generales es correcta y su léxico muy prolífico y variado.
[1] Cfr. Sagrario del Río Zamudio, “Tradurre Benito Pérez Galdós: riflessioni sulla resa italiana di Realidad, (1889)”, en La Panarie, suppl. 11, “Quaderni sulla traduzione letteraria”, Udine, 143 (2004), pp. 37-55 y “El peligro de cometer falsos amigos gramaticales al traducir del español al italiano: el ejemplo de Realidad” presentado en el XVI Congreso de la Asociación Internacional de Hispanistas [París, 9-13 de julio de 2007]. En imprenta.
[2] Dicha afirmación la encontramos en Ricardo Gullón, Galdós novelista moderno, Madrid, Taurus, 1987, p. 200.
[3] Melchor Fernández Almagro, “La prosa de los antepenúltimos” en Revista de Occidente, Año V, LIII (1927), p. 257.
[4] Rafael Rodríguez Marín, La lengua como elemento caracterizador en las «Novelas Españolas Contemporáneas» de Galdós, Valladolid, Universidad de Valladolid, 1996, p. 21.
[5] Purificación Alcalá Arévalo, “Análisis de la lengua utilizada por Benito Pérez Galdós en la novela Realidad”, en Actas del IV Congreso Internacional de Estudios Galdosianos, 1990, Cabildo Insular de Gran Canaria, 1993, I, pp. 28.
[6] Cfr.: Ela M.Martínez Umpierrez, “Realidad: borrador”, en Actas del IV Congreso Internacional de Estudios Galdosianos, op. cit., I, pp. 431-439 y Benito Pérez Galdós, Realidad – Drama en cinco actos, Rosa Amor del Olmo (ed.), Santander, Tantín, 2002.
[7] Paciencia Ontañón de Lope Blanch, “Algo más sobre Realidad de Galdós” en Actas del X Congreso de la Asociación Internacional de Hispanistas [Barcelona, 21-26 de agosto de 1989]. Antonio Vilanova, ed., Barcelona, PPU, (4 vol.), 1992, p. 1375.
[8] Assunta Polizzi, “Dos ejemplos de discurso narrativo en la obra de Pérez Galdós: La Incógnita y Realidad”, en Actas del IV Congreso Internacional de Estudios Galdosianos, op. cit., I, p. 457.
[9] Benito Pérez Galdós, “Observaciones sobre la novela contemporánea en España”, Revista de España (13-VII-1870), en Ensayos de crítica literaria, pp. 112-113.
[10] Benito Pérez Galdós, Discurso leído ante la Real Academia Española, con motivo de su recepción. Madrid, Viuda e Hijos de Tello, 1897, p. 12.
[11] Benito Pérez Galdós, Realidad – Drama en cinco actos, op. cit., p. 25.
[12] De entre la numerosa bibliografía destacamos: M.ª Antonia Martínez Linares y M.ª Isabel Santamaría Pérez, El siglo XIX , Alicante, Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2006.
[13] Las citas se tomarán de: Benito Pérez Galdós, La incógnita/Realidad, Francisco Caudet (ed.), Madrid, Cátedra, 2004 y de: Benito Pérez Galdós, Obras completas. Cuentos, teatro y censo, Madrid, Aguilar, 1986.
[14] Benito Pérez Galdós, Realidad – Drama en cinco actos, op. cit., pp. 93-94.
[15] Cfr. Isabel Román, “Galdós y la sátira lingüística”, en Actas del II Congreso Internacional de Historia de la Lengua, Sevilla-Madrid. España. Pabellón de España, 1992.
[16] La cursiva es nuestra.
[17] Sabemos que son muy numerosos los estudios sobre el lenguaje coloquial, no obstante nos gustaría seleccionar dos estudios lejanos en el tiempo, pero ambos de gran interés, sobre todo, para los estudiosos del habla galdosiana. Se trata de Manuel C. Lassaletta, Aportaciones al estudio del lenguaje coloquial galdosiano, (Premio Rivadeneyra de la Real Academia Española), Madrid, Ínsula, 1974 y de Ana María Vigara Tauste “El lenguaje coloquial (humano) en Galdós”, en Isidora – Revista de estudios galdosianos, n. 2 (2005), pp. 79-103.
[18] Se produce un cambio en la flexión verbal.
[19] Manolo Infante en La Incógnita dice sobre ésta: La Peri…, esto de la Peri, yo no sé de dónde diablos viene. Puede que algún rancio etimologista te lo pueda explicar. Yo lo que sé es que se llama Leonor, y que el origen del apodo se encontraría en el misterioso lexicón de la gente del bronce. (La Incógnita, p. 252).
[20] Sobre esta expresión, no sin ironía, dice Fernando Lázaro Carreter: “El estimulante sursum corda (‘arriba los corazones’), palabras de la misa al comienzo del prefacio, se transformó en ese extraño personaje llamado sursuncorda, en quien se delega lo que uno no quiere hacer (¡Que lo haga el sursuncorda!), o a quien se está dispuesto a no obedecer, por mucha que sea su autoridad (¡No voy allí aunque lo mande el sursuncorda!)” en, El dardo en la palabra, Barcelona, Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores 1997, p. 367. Sería interesante saber cuándo se empieza a producir esta personificación, que conlleva un cambio de significado y que ya Galdós, a finales del siglo XIX, pone en boca de sus personajes menos cultos.
[21] Purificación Alcalá Arévalo, “Análisis de la lengua utilizada por Benito Pérez Galdós en la novela Realidad”, en Actas del IV Congreso Internacional de Estudios Galdosianos, op. cit., I, pp. 23.
















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