
Rosa Amor del Olmo
Directora
Es Galdós el autor que sin duda está ahora de moda entre los cotarrillos intelectuales, no sólo por sus escritos novelescos, su trabajo en novela histórica, sino más bien por su pensamiento reflejado en sus artículos de opinión, en sus ensayos y en sus críticas de arte. El escritor canario pronto cumplirá su centenario de muerte y para ello aquí y allá salen de debajo de las piedras autores interesados en homenajearle como nunca. Eso siempre nos gusta porque la intención se traduce en interés cultural, en interés por rescatar y difundir lo mejor de nuestra literatura, el mejor de nuestros escritores después de Cervantes.
Hasta este momento hemos intentado difundir desde 2005 su figura y su trabajo, su obra literaria como el autor canónico que es, como el autor que queremos que se estudie en la secundaria, en el bachiller, en la universidad. Es lo menos. Hemos traducido a don Benito al chino, ruso, francés, árabe, japonés…y hemos llegado hasta donde hemos podido pues las instituciones dejaron hace unos años de apoyar la publicación como más nos ayuda: con suscripciones.

Y es que cuando las políticas cambian de parecer las huestes verdaderamente culturales y en cierto académicas como nosotros nos convertimos en los “paganinis” de las circunstancias. ¡Vaya usted a saber! que diría mi buen don Benito. Pero así ha sido. La Casa Museo Pérez Galdós no ha podido asumir la publicación de Isidora tal y como pretendió Rosa María Quintana la directora de esa bendita casa que por más tiempo empujó la actividad galdosiana como nadie y a la que todos añoramos cada vez más, por la carencia de bondad intelectual que tanto se echa en falta últimamente. No pudo ser.
Una revista sobre Estudios Galdosianos, es cuanto menos necesaria para la vida cultural y académica de una nación, como lo hacen en otros países, aunque todo hay que reconocerlo, las publicaciones sobre revistas de un autor personalizado, nominado, siempre se vinculan con la Casa Museo donde se custodian sus pertenencias y obras. Hemos querido en este y otros sentidos difundir y difundir la obra galdosiana, motivar a los estudiantes, investigadores, a los buenos lectores, al lector entendido, al académico…a todos a que vengan al mundo creado por Galdós. Dicho mundo se circunscribe sobre Todo cultural, histórico, filosófico, artístico, teatral, científico…Todo le interesaba a Galdós y por ello incorpora a su mundo creativo todas esas disciplinas que abrazan e invitan a que se una a su carro diferentes mentes, diferentes profesiones, la médica, la del historiador, la del político, la del filósofo, el crítico, el autor, el poeta, el músico…y todos sienten que se identifican con Galdós, que forman parte de su mundo. Esa es una de sus grandezas: crear un mundo real también de lectores. Con las traducciones se abren muchas más posibilidades que algunos galdosianos de honor como Rodolfo Cardona o John Kronik lo apuntaron en su momento, (no sé si con cierto pesar) cuando apareció el primer número de Isidora con cuentos traducidos a lenguas increíbles y abalado por Rosa Regás, entre otras generosas y sabias plumas.
Pero la difusión también pasa su factura, al ser casi de inmediato eliminada de los círculos académicos de investigación, por incorporar artículos de opinión, notas, impresiones y bajar puntos entre las publicaciones de impacto académico. De todas formas los impactos académicos cada vez son menos, todo hay que decirlo. Con ello, llegamos a ese lector culto, al entendido que sabe y que quiere saber, a la gente normal, al compañero, al estudiante…al tiempo que apoyamos a los nuevos talentos a que publiquen sus textos de investigación al lado de otros grandes, ya en un camino muy avanzado. Por eso podemos decir sin temor a equivocarnos que hemos tenido éxito si entendemos como tal lo que el propio Galdós confesó en una entrevista: El éxito es la preocupación constante, ineludible del autor. El triunfo instantáneo, ganado como por sorpresa, es la obsesión que le persigue mientras elabora su drama o comedia. Escribe bajo la presión de esperanzas risueñas o de hondos temores. Tal escena, que en conciencia cree acertada, parécele expuesta a producir el fracaso. Teme emplear recursos de éxito seguro, y que le repugnan por su índole vulgar; pero como tales recursos pueden traer el éxito, se inclina a transigir con ellos. Ve en el triunfo o en la derrota fenómenos independientes del valor estético de la obra, y esto por fuerza ha de influir desdichadamente en su inspiración.
















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