Benito Pérez Galdós, un gigante de las letras en su aniversario

Almudena Bethancourt

Este comienzo de enero se conmemora un aniversario más de la muerte de Benito Pérez Galdós (1843-1920), novelista, dramaturgo, cronista y político español nacido en Las Palmas de Gran Canaria. Considerado uno de los mayores exponentes de la novela realista del siglo XIX y a menudo reconocido como el mejor novelista español después de Cervantes, Galdós dejó una huella indeleble en la literatura en lengua española. A más de un siglo de su fallecimiento, su vida, su obra y su legado siguen vivos en la memoria colectiva.

Breve biografía del autor

Benito Pérez Galdós nació el 10 de mayo de 1843 en Las Palmas de Gran Canaria, en el seno de una familia de clase media numerosa. Desde joven mostró interés por la lectura, el dibujo y la escritura, publicando sus primeros textos en la prensa local durante la adolescencia. En 1862 se trasladó a Madrid para cursar Derecho, pero pronto abandonó los estudios para dedicarse al periodismo y la literatura. Su primera novela, La fontana de oro (1870), obtuvo un notable éxito y dio inicio a un ambicioso ciclo narrativo que recrearía la historia de España de su siglo. Galdós vivió de cerca acontecimientos históricos como la Revolución de 1868 y la Restauración borbónica, experiencia que nutriría muchas de sus obras. En 1897 ingresó en la Real Academia Española, consolidando su prestigio intelectual. Falleció en Madrid el 4 de enero de 1920, casi ciego y con apuros económicos, pero rodeado del reconocimiento popular: decenas de miles de personas acompañaron su féretro por las calles de la capital en un multitudinario cortejo fúnebre.

Importancia en la historia de la literatura

La figura de Galdós ocupa un lugar central en la literatura española. Es el máximo representante de la novela realista decimonónica en España y un narrador fundamental en nuestra tradición literaria. Sus contemporáneos ya lo comparaban con los grandes novelistas europeos como Balzac o Dickens por su capacidad para retratar la sociedad con precisión y humanidad. Galdós transformó el panorama de la novela española, apartándola del romanticismo y llevándola hacia el realismo y el naturalismo, con una enorme profundidad psicológica en sus personajes y un lenguaje cercano al pueblo. Varias generaciones lo han leído como un autor capaz de ofrecer a los lectores un espejo de la sociedad española de la época, combinando crítica social, retrato de costumbres y un profundo conocimiento del ser humano. Gracias a ello, Galdós se convirtió en un autor popular en vida y su influencia se extiende hasta nuestros días.

Obras representativas: novelas y teatro

La producción literaria de Galdós es vastísima y abarca todos los géneros narrativos. A lo largo de su vida escribió decenas de novelas, una monumental serie de Episodios Nacionales (novelas históricas) y numerosas obras de teatro, además de cuentos, artículos y crónicas.

Entre sus novelas más destacadas figuran títulos esenciales del realismo español: Doña Perfecta (1876), una incisiva crítica a la intolerancia; Marianela (1878), emotivo retrato de la pobreza y la inocencia; La desheredada (1881), precursora del naturalismo; Fortunata y Jacinta (1887), considerada su obra maestra y un gran fresco social madrileño; Miau (1888), sátira del burocratismo; Tristana (1892), sobre la condición de la mujer; Nazarín (1895), de hondura espiritual; o Misericordia (1897), una de sus grandes cimas narrativas, centrada en la caridad y la dignidad en el Madrid humilde.

Mención especial merecen los Episodios Nacionales (1873-1912), ciclo novelístico con el que recreó la historia reciente de España desde la Guerra de la Independencia hasta la Restauración, combinando personajes ficticios con hechos y figuras históricas.

Galdós brilló también en la dramaturgia, adaptando varias de sus novelas a las tablas y creando piezas originales que sacudieron la escena española. Debutó en el teatro con Realidad (1892), drama audaz donde un marido traicionado rompe con los esquemas morales tradicionales al perdonar a su esposa en lugar de vengar su honor. Le siguieron, entre otras, La loca de la casa (1893), La de San Quintín (1894) o Los condenados (1894). Sus mayores éxitos teatrales llegaron con Electra (1901), obra que causó enorme polémica por su mensaje anticlerical y regenerador; El abuelo (1904), emotivo drama familiar sobre el honor; y Casandra (1910), otra adaptación de una novela suya. Estas piezas consolidaron a Galdós como dramaturgo de renombre y demostraron que también sabía hablarle al público desde el escenario.

Un intelectual comprometido con su época

Además de escritor, Galdós fue un intelectual involucrado en los debates de su tiempo. En sus novelas defendió ideas progresistas y denunció las lacras de la sociedad española: el caciquismo, la pobreza, la intolerancia religiosa, la hipocresía social. Buena parte de su obra refleja su ideología liberal, anticlerical y reformista, especialmente en sus primeras etapas. No es de extrañar que la polémica lo acompañara durante su carrera: los sectores más conservadores lo atacaron y durante años su nombre estuvo rodeado de debates que trascendían lo literario.

En cuanto a su participación en la vida pública, Galdós cultivó también la faceta política. Se presentó como diputado en varias ocasiones durante la Restauración borbónica. Comenzó alineado con el liberalismo y, con el tiempo, evolucionó hacia posiciones republicanas y de reforma social. Si bien no fue un político de primera línea, su prestigio como hombre de letras dio peso simbólico a esas candidaturas. Defendía una España más laica, moderna y europeísta, valores que impregnaban sus escritos y que también llevó a la esfera pública. Su obra Electra tuvo incluso impacto social: su estreno se vivió como un acontecimiento cultural y político, convirtiendo al autor en un símbolo del progreso para una parte de la juventud y del mundo intelectual.

Legado y conmemoraciones actuales

El legado de Benito Pérez Galdós permanece muy vivo. Sus novelas se siguen leyendo, estudiando y reeditando constantemente, y han dado pie a numerosas adaptaciones al cine y la televisión. En los últimos años se han multiplicado las iniciativas de divulgación, exposiciones, congresos, lecturas públicas y representaciones teatrales que vuelven sobre su obra. En Las Palmas de Gran Canaria, su ciudad natal, la casa donde nació se conserva como museo y custodia manuscritos, libros y objetos personales. También Madrid mantiene su memoria en monumentos, espacios públicos y actividades culturales.

Galdós es hoy una figura emblemática de la cultura española. Sus obras, cargadas de crítica social y humanidad, mantienen plena vigencia; los problemas y pasiones que retrató —la desigualdad, la hipocresía, el fanatismo, pero también la compasión y la lucha por la justicia— resuenan aún en el presente. En definitiva, Benito Pérez Galdós no solo narró el alma de la España de su tiempo, sino que trascendió su era: su obra sigue iluminando el presente, y su recuerdo se renueva año tras año como el de un auténtico gigante de las letras españolas.

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