
Víctor Cantero García
Para quienes estamos acostumbrados a la observación cotidiana a pie de calle, un asunto como el que paso a referir no se nos escapa. Me refiero al fenómeno de la colonización financiara de las Entidades Bancarias de aquellos territorios que no les son propios. Percibí mi primara nómina, allá por octubre de 1981 por el Monte de Piedad y Caja de Ahorros de Córdoba, presidida por el todopoderoso Sr. Castillejo, clérigo con mucho influjo en el ámbito eclesiástico cordobés. Algo que, en principio, no tiene nada de extraño, pues los tan populares Montes de Piedad surgen como sociedades de ahorro con claro respaldo de poder eclesial. Y de Monte de Piedad pasó a ser Cajasur, en un intento por vincularse con los ahorradores cordobeses y destinar parte de su capital para promocionar proyectos agroalimentarios, sanitarios y educativos dentro de la provincia de Córdoba. Estamos hablando de una empresa financiara con vocación de arraigo territorial. Sin embargo, hace tan solo unos días que me sorprendió la noticia de que Kutxabank, con domicilio fiscal en Bilbao, finalizaba su proceso de absorción de Cajasur, poniendo fin a la vida útil de la entidad cordobesa. Una noticia que no tiene nada de anodino. Resulta que una firma bancaria con sede central en Bilbao engulle a otra con sede en Córdoba y no justo lo contrario. Estamos hablado de una pugna financiara que tiene su repercusión en los territorios en los que se libra la contienda. ¿Acaso vamos a pecar de ingenuos? Nadie duda que el capital andaluz, de los clientes e inversores de Cajasur, engordará la cuenta de resultados de Kutxabank, pero a buen seguro que la entidad vasca invertirá dicho capital en sustentar proyectos e iniciativas sociales en Euskadi. Mira por donde, los euros que antes no salían de Andalucía, ahora van a beneficiar a otro territorio. A esto le llamo yo una jugada maestra.

Pero lo más serio es que contamos con otro precedente similar en el caso de Caixabank y Cajasol. Otro combate perdido por la segunda. En este caso también fue un proceso de absorción, pero no por ello menos perjudicial tanto para los ahorradores e inversores andaluces, como para el tejido empresarial de esta tierra. Caixabank tiene su domicilio fiscal en Valencia, siendo una entidad con asiento en Cataluña. ¿Nos vamos a creer que los euros de los que antes disponía Cajasol para ayudas a PYMES andaluzas, por ejemplo, los va a destinar Caixabank a lo mismo? Mucho me temo que no, pues la entidad catalana atenderá a las necesidades de quienes demanden su ayuda, pero en su territorio. En suma, resulta palmario que el pez gordo se come al chico, y en el balance anual de resultados de Kutxabank y Caixabank no se no se ponen apellidos a los miles de euros que proceden de uno o de otro territorio. Es decir, en el ring financiero está en juego algo más que el prestigio y el poder de los púgiles, se dirime quién tiene la sartén por el mango. O lo que es lo mismo, qué territorio lucha con uñas y dientes por defender su autonomía financiera y quién se la deja arrebatar.
Y el ejemplo que más a las claras escenifica lo que acabo de decir lo tenemos bien reciente. Durante meses y meses el BBVA, de claro arraigo en País Vasco, mantuvo su OPA hostil contra el Banco Sabadell, de filiación catalana, David contra Goliat. BBVA hizo hasta lo imposible por imponer su voluntad, pero los directivos y accionistas del Sabadell le dijeron que nones. En este caso son otros dos territorios y otras dos culturas financiaras, ambas muy arraigadas en su lugar de actuación, las que se enfrentaron. La lucha fue larga, pero la menor no dejó arrebatarse el derecho a ser independiente y a invertir en Cataluña aquello que, de otro modo, hubiera beneficiado a otro territorio. Lo que aquí se expone no es algo insignificante, pues los territorios que pierden a las entidades de ahorro afincadas en los mismos, pierden un soporte financiero del que no pueden prescindir. Y en modo alguno sirve mirar para otro lado, con la excusa de que nos da lo mismo quién gestiona nuestro dinero, mientras lo haga bien. Claro que importa y mucho, pues el que lo gestiona en Andalucía piensa en los andaluces, y quien lo administra desde fuera de Andalucía tiene otros intereses.















